Bienvenidos a la hiperpolítica
La política está cada vez más presente en nuestras vidas y, al mismo tiempo, da la sensación de que cada vez es más difícil cambiar las cosas.
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Hace unos años, en 2022, el columnista del Financial Times Janan Ganesh describió muy brevemente cómo es la política contemporánea: es una lucha «cada vez más feroz por cada vez menos». La política está cada vez más presente en nuestras vidas y, al mismo tiempo, da la sensación de que cada vez es más difícil cambiar las cosas. Unos meses antes, el politólogo Anton Jäger describió esa sensación en un ensayo en la revista Jacobin que luego se convirtió en su libro Hyperpolitics, recién publicado: «todo es política. Y aun así, a pesar de la intensa politización que atraviesa todas las esferas de nuestras vidas, muy pocas personas participan de esos conflictos de intereses organizados que solíamos definir como política en el sentido clásico, es decir, en el sentido que esa palabra tenía en el siglo XX». Todo es política, pero la política nos parece incapaz de cambiar realmente las cosas.
Lo explicaba también recientemente en Letras Libres Javier Cigüela, apoyándose en Jäger: «La política devora todas las esferas de la vida y obliga a entender todo gesto imaginable como la manifestación de una posición ideológica, pero a la vez resulta en una intervención cortoplacista, vaporosa y a menudo meramente semántica, sin capacidad de incidir en la realidad social, de crear instituciones sólidas o de cristalizar en cambios sustanciales».
Con la política como performance, esta se convirtió en un género más del entretenimiento
En los años 90, también parecía que la política no era capaz de cambiar las cosas, pero había una atmósfera general que indicaba que, en el fondo, ¡no hacía falta! Es lo que algunos llamaron pospolítica, la superación de la política: estábamos en la era de la gestión sin fricciones. Veinte años después, en la década de 2010, el populismo intentó enfrentarse a ese enfriamiento de la política, pero se topó con un muro: lo único que se podía hacer era escenificar la política, pero no ejercerla. Surgió entonces la política como performance. Se repolitizó el debate público, empezamos a hablar mucho más de política, la política se convirtió en un género más del entretenimiento (que protagonizaba debates televisivos en prime time), todo era política, desde la cesta de la compra al equipo de fútbol…
Y, sin embargo, esa no trajo de vuelta la política tal y como la entendíamos en el siglo XX, la política de masas realmente transformadora. Trajo lo peor de los dos mundos: la politics sin policies, la política sin políticas. Es decir: el espectáculo de la política sin la posibilidad del cambio.
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