La paradoja del aire acondicionado
En una ola de calor, el aire acondicionado deja de ser un lujo para convertirse en una cuestión de salud. Sin embargo, mientras enfría el interior de millones de viviendas, también expulsa calor al exterior y aumenta la demanda eléctrica de unas ciudades que cada verano soportan noches más cálidas y olas de calor más largas.
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA2026
Artículo
Pocas escenas describen mejor un verano en la ciudad que el zumbido constante de los aparatos de aire acondicionado. Basta caminar por cualquier calle al caer la tarde para sentir el aire caliente que sale de las fachadas mientras, al otro lado de la pared, una vivienda vuelve a estar fresca. El calor no desaparece, solo cambia de lugar. El aire acondicionado no fabrica frío: traslada el calor al extraerlo del interior y liberarlo al exterior.
Las altas temperaturas se han convertido en uno de los principales riesgos asociados al cambio climático. La Organización Mundial de la Salud recuerda que las olas de calor incrementan la mortalidad y agravan especialmente la situación de las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas o viven en viviendas mal acondicionadas. Por tanto, disponer de un espacio fresco deja de ser una cuestión de comodidad.
Por eso el debate no consiste en cuestionar el aire acondicionado. En muchas ciudades resulta indispensable. La pregunta es otra: ¿qué ocurre cuando la única respuesta frente al calor consiste en instalar más aparatos?
La Agencia Internacional de la Energía calcula que la refrigeración de edificios mediante aire acondicionado y ventiladores consume ya cerca del 10% de la electricidad utilizada en el mundo. La Agencia también prevé que su número seguirá creciendo a medida que aumenten las temperaturas y millones de hogares accedan por primera vez a sistemas de refrigeración. El crecimiento no responde a una única causa. En algunos lugares, las olas de calor duran más y aparecen con mayor frecuencia. En otros, millones de hogares incorporan por primera vez un sistema de refrigeración conforme mejoran sus condiciones de vida. Ambos procesos ayudan a explicar por qué la Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda de refrigeración seguirá creciendo durante las próximas décadas.
El calor también se diseña
Un solo aparato apenas cambia la temperatura de una calle, pero miles funcionando al mismo tiempo sí pueden llegar a hacerlo. Diversas investigaciones realizadas en ciudades como París o Tokio muestran que el calor expulsado por los sistemas de climatización puede elevar localmente la temperatura del aire exterior, especialmente durante la noche, cuando la ventilación natural disminuye y el calor queda atrapado entre los edificios.
Diversas investigaciones muestran que el calor expulsado por los sistemas de climatización puede elevar localmente la temperatura del aire exterior
Pero, además, el aire que expulsan los aparatos se encuentra con otro fenómeno que lleva décadas estudiándose: la isla de calor urbana. El asfalto, el hormigón y muchos de los materiales con los que se construyen las ciudades absorben energía durante el día y la liberan lentamente cuando cae el sol. Por eso las noches suelen resultar más difíciles precisamente en los barrios más urbanizados.
Todos hemos experimentado la sensación de pasar de la sombra de un árbol a una plaza completamente asfaltada y notar al instante que el calor cambia por completo, sin necesidad de mirar un termómetro. Mientras los árboles proporcionan sombra y la vegetación ayuda a refrescar el ambiente mediante la evaporación del agua, el pavimento continúa irradiando el calor acumulado durante horas. Aunque esa diferencia es casi imperceptible a pequeña escala, termina multiplicándose cuando se repite en barrios enteros.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) lleva años señalando que las ciudades concentran buena parte de los impactos del calentamiento global sobre la población, en parte porque la propia forma de construirlas amplifica los efectos del calor. El aire acondicionado no queda al margen de esa realidad, especialmente cuando miles de equipos funcionan al mismo tiempo.
Antes del aire acondicionado
Quizá la pregunta no empiece cuando encendemos el aire acondicionado. Empieza bastante antes, cuando una vivienda necesita tenerlo funcionando desde primera hora de la mañana para seguir siendo habitable al final del día.
Mucho antes de que existiera el aire acondicionado, buena parte de la arquitectura mediterránea ya desarrolló soluciones para retrasar la entrada del calor en las viviendas. Los patios interiores, los muros gruesos, las persianas, las contraventanas o las calles estrechas respondían a esa misma lógica. No eliminaban el calor. Reducían su impacto antes de que llegara al interior de los edificios.
Esa lógica sigue muy presente en muchas de las propuestas con las que las ciudades intentan adaptarse al calor. El IPCC incluye entre las medidas con mayor potencial la ampliación de las zonas verdes, la incorporación de más sombra en el espacio público, el uso de materiales que reflejen mejor la radiación solar o el diseño de edificios capaces de aprovechar la ventilación natural.
Muchas de esas soluciones ni siquiera son nuevas. La orientación de un edificio, la ventilación cruzada para crear corriente, la protección de las ventanas frente al sol o los espacios con sombra influyen en la temperatura interior mucho antes de que entre en funcionamiento un aparato de aire acondicionado. Cuanto menos calor entra en un edificio, menos esfuerzo hace falta después para enfriarlo.
Y, aunque ninguna de esas medidas sustituye al aire acondicionado durante una ola de calor extrema, sí es cierto que contribuyen a reducir el número de horas durante las que dependemos de él y a aliviar parte de la carga que soportan tanto los edificios como la red eléctrica durante los episodios de calor más intenso.
COMENTARIOS