Takeshi Yoro
«Acumular cada vez más información por sí solo no sirve de nada»
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COLABORA2026
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«Comprendemos solo lo que entra en nuestra cabeza», afirma el médico y divulgador científico Takeshi Yoro (Kamakura, 1937), autor de ‘El muro de la ignorancia’ (Taurus, 2026), publicado originalmente en 2003 y un fenómeno editorial en Japón. En él, este anatomista formado en la Universidad de Tokio y profesor de la Universidad Kitasato, figura reconocida del pensamiento japonés contemporáneo aborda cómo confundimos la explicación con la comprensión, la acumulación de información con el conocimiento y las palabras con la experiencia.
Usted llama «muro de la ignorancia» a esas barreras que construyen las personas para ver solamente lo que encaja dentro de sus esquemas mentales y dejar fuera lo que no. ¿Es posible escapar de nuestros puntos ciegos?
No puedo responder otra cosa que sí: es posible. Ahora bien, si la pregunta es si uno puede escapar por sí mismo, creo que eso es imposible. Solo tomamos conciencia de nuestros puntos ciegos cuando alguien nos los señala. Y ese «alguien» no tiene por qué ser necesariamente otra persona; también puede ser la naturaleza tal como la percibimos. En definitiva, solo es posible aprender desde algo que está fuera de nosotros.
«Solo tomamos conciencia de nuestros puntos ciegos cuando alguien nos los señala»
El libro se publicó en Japón en 2003. Hoy, más de veinte años después, ¿considera que el muro de la ignorancia se ha hecho más alto?
El muro de la ignorancia es algo que existe en el interior de cada persona, por lo que no hay manera de medirlo. Por eso no tendría sentido decirte que hoy es más alto o más bajo que antes.
En la era de la hiperinformación, en la que tenemos a nuestro alcance todos los datos con tan solo un clic, paradójicamente, parece que el conocimiento es cada vez más superficial. Usted dice: «Hay demasiada gente que no entiende la diferencia entre comprender algo y tener mucha información sobre ello». ¿Cómo entender esa diferencia y apostar por la profundidad y el contexto?
Esencialmente, mi planteamiento es que adquirir conocimientos sobre informática no es lo mismo que resolver un problema. Del mismo modo, leer la Biblia no es lo mismo que ingresar en un monasterio. El lenguaje es algo esencialmente consciente, algo en lo que solo podemos confiar a través de la conciencia. Sin embargo, en la cultura japonesa el cuerpo ocupa un lugar central. Por eso existen expresiones que dicen «me cala hasta las entrañas», «no encuentro palabras para expresarlo» o «lo siento en lo más profundo o visceral». Todas ellas remiten a una comprensión que no pasa únicamente por la conciencia. Creo que, en el fondo, tu pregunta trata de qué significa realmente «comprender». En Japón, la comprensión reside básicamente en el cuerpo; es una comprensión visceral. La comprensión impulsada por la conciencia tiende a ser una comprensión meramente superficial. Por eso pienso que el planteamiento de tu pregunta parte de unos presupuestos propios de la tradición occidental, distintos de los que existen en mi cultura. Si se parte de la idea de que «al principio fue el Verbo» y de que aquello que no puede expresarse con palabras no existe, comprender esta perspectiva quizá resulte difícil. Responder desde un sistema de valores así no es sencillo. Tal vez en la Antigua Grecia, la del Arquímedes que salió del baño gritando «¡Eureka!», existía una forma de comprensión de ese tipo. En definitiva, lo que quiero decir es: no hay que confiar demasiado en las palabras.
Con las «cámaras de eco» y el sesgo de confirmación, ¿cree que los teléfonos móviles y las redes sociales han contribuido a hacer cada vez más grandes los muros de la ignorancia o por el contrario, cree que, dando opciones para acceder a más información, podrían reducirse?
Yo creo que acumular cada vez más información, por sí solo, no sirve de nada.
¿Considera que el muro de la ignorancia está contribuyendo a que se exacerbe la polarización y el dogmatismo en el mundo?
El muro de la ignorancia es neutral. No constituye un sistema de valores. Del mismo modo que puede dar lugar a conflictos, también creo que es capaz de generar vínculos humanos de gran belleza.
«Se dice que la IA superará las capacidades humanas, pero ¿quién ha definido cuáles son exactamente?»
Uno de los sesgos cognitivos más llamativos es el Efecto Duning-Kruger, que explica que las personas más incompetentes se consideran más inteligentes que las demás porque su propia incompetencia les impide darse cuenta de que no saben. De la misma manera, quienes más saben sobre un tema, suelen mostrarse más inseguros porque tienen conciencia de todo aquello que aún ignoran. Como anatomista y divulgador de filosofía y neurociencia, ¿considera posible superar este sesgo?
Lo que denomino «el muro de la ignorancia» no es más que la descripción de un hecho. No creo que eso equivalga, por sí mismo, a un sesgo negativo. Además, la palabra superar parte del supuesto de que es posible lograr cualquier cosa mediante un esfuerzo consciente, una idea que me parece marcadamente occidental y que difiere de las perspectivas orientales. Dicho esto, me fascina y me alegra profundamente que lectores en España lean un libro como El muro de la ignorancia, concebido y arraigado en el pensamiento y la lengua japonesa, y se tomen el trabajo de formular preguntas tan sinceras.
Finalmente, me gustaría ahondar en una frase de su libro: «Tenemos que recuperar la necesidad de pensar profundamente sobre el sentido de nuestras vidas. Debemos preguntarnos a qué tipo de sociedad aspiramos y cuáles son las condiciones que nos permitirían desarrollar nuestras capacidades al máximo y ser felices». Hoy, con el auge de los chatbots, gran parte de la población está haciendo que la inteligencia artificial piense por ellos. Con la pérdida de la capacidad de atención y con la IA siempre a la mano para no tener que pensar demasiado, ¿cómo podemos volver al pensamiento profundo?
Se dice que la inteligencia artificial superará las capacidades humanas. Pero ¿quién ha definido cuáles son, exactamente, las capacidades del ser humano? Quizá deberíamos confiar un poco más en el ser humano. Los valores occidentales han dado lugar a formas de pensamiento extraordinarias y a logros admirables, pero quizá también estén llegando a ciertos límites. Pensemos, por ejemplo, en las relaciones entre Irán y Estados Unidos: ¿por qué terminan desembocando en una guerra? O en cómo basta una sola declaración del presidente Trump para que las bolsas suban o bajen. Para los inversores y para el mundo financiero, la guerra parece tener algún tipo de rentabilidad; por eso hay quienes la desean. Tengo la impresión de que hemos llegado incluso a hacer la guerra únicamente por las palabras, y siento que estamos siendo testigos de ello.
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