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Polymarket: la geopolítica hecha casino

Los mercados de predicción como Polymarket permiten hacer apuestas relacionadas con guerras, elecciones o crisis internacionales, pero ¿qué ocurre cuando quienes poseen más información también pueden ganar dinero con ello?

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22
junio
2026

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En Polymarket, un usuario ganó 4.500 dólares (unos 3.900 euros) al predecir la fecha exacta en que Estados Unidos atacaría Irán. En total, los usuarios apostaron más de 4 millones de dólares a que los primeros ataques ocurrirían el 28 de febrero, hace ya más de tres meses. Durante décadas, los mercados financieros han tratado de anticipar el futuro. Inversores, bancos y analistas han convertido la incertidumbre en cálculos de probabilidad para prever el comportamiento de la economía, las empresas o los gobiernos. Pero plataformas como Polymarket han llevado esa lógica un paso más allá al permitir apostar sobre acontecimientos geopolíticos: ¿habrá un alto el fuego entre dos países?, ¿caerá un gobierno?, ¿entrará una potencia en guerra? Cada una de esas preguntas puede transformarse en una apuesta cuyo valor cambia en función de los miles de usuarios que haya repartidos por todo el mundo.

Polymarket se presenta como «el mayor mercado de predicción del mundo». Según explica la propia plataforma, el valor de sus apuestas refleja la probabilidad que el mercado asigna a que ocurra un acontecimiento determinado. La compañía sostiene que este mecanismo permite agregar información dispersa entre un gran número de participantes y ofrecer previsiones más precisas que otros métodos tradicionales.

La propuesta se apoya en una idea ampliamente estudiada por economistas y científicos sociales. La llamada «sabiduría de las multitudes» sostiene que un grupo amplio y diverso puede llegar a estimaciones más precisas que muchos expertos individuales cuando dispone de incentivos adecuados para compartir información. Los mercados de predicción nacen precisamente de esa premisa, y durante años han sido considerados una herramienta útil para anticipar resultados electorales, tendencias económicas o decisiones regulatorias.

El problema aparece cuando esos mercados dejan de centrarse en variables económicas y empiezan a incorporar acontecimientos relacionados con la seguridad internacional, los conflictos armados o las relaciones entre Estados. En ese momento, la información adquiere un valor político además de económico.

Una de las principales críticas tiene que ver con el papel de la información privilegiada. Los defensores de estas plataformas argumentan que los mercados funcionan precisamente porque recompensan a quienes poseen mejor información. Sin embargo, varios analistas advierten de que esa misma lógica puede generar incentivos problemáticos cuando los participantes tienen acceso a datos sensibles relacionados con gobiernos, organismos internacionales o estructuras de seguridad.

Una de las principales críticas tiene que ver con el papel de la información privilegiada

De acuerdo con el Council of Foreign Relations, el crecimiento de estos mercados aumenta las posibilidades de que personas con acceso privilegiado a información relevante obtengan beneficios económicos mediante sus operaciones. La cuestión resulta especialmente delicada cuando las apuestas giran en torno a decisiones diplomáticas, sanciones internacionales o posibles conflictos militares.

Y algunos investigadores consideran que el desafío va todavía más lejos. Un análisis de la Swiss University utiliza como ejemplo varios mercados relacionados con las tensiones entre Estados Unidos e Irán para reflexionar sobre los dilemas éticos que aparecen cuando la guerra se convierte en objeto de especulación financiera. La cuestión no es únicamente si alguien dispone de mejor información, sino si la existencia de incentivos económicos puede alterar la forma en que determinados actores perciben o valoran acontecimientos potencialmente trágicos.

En un artículo de la University of South Wales, los autores advierten de que apostar por conflictos armados plantea preguntas éticas que van más allá de las habituales discusiones sobre los mercados financieros. Cuando una guerra deja de ser únicamente una catástrofe humana y pasa a convertirse en una oportunidad de beneficio económico, la línea que separa la observación de la participación comienza a difuminarse.

Del termómetro al actor geopolítico

Los promotores de los mercados de predicción sostienen que estas plataformas se limitan a reflejar expectativas existentes. Según esta visión, funcionan como un termómetro capaz de medir percepciones colectivas sobre acontecimientos futuros. Sin embargo, algunos expertos creen que la influencia de estos mercados puede ir más allá de la mera observación.

El Atlantic Council explora esta posibilidad al plantear que gobiernos, grupos organizados o grandes actores financieros podrían intentar manipular determinadas probabilidades con el objetivo de influir en narrativas públicas o generar percepciones específicas sobre el riesgo de determinados acontecimientos. En ese escenario, los mercados dejarían de limitarse a anticipar el futuro para convertirse en herramientas capaces de influir sobre él.

A las dudas sobre la influencia política se suman las controversias relacionadas con el arbitraje. Una reciente investigación periodística puso el foco sobre los mecanismos utilizados para resolver determinadas disputas. Algunos usuarios cuestionaron la neutralidad del sistema de votación empleado para determinar el resultado de ciertas apuestas y señalaron el peso que pueden tener determinados actores dentro del proceso de arbitraje.

En España también hay dudas sobre la regulación de estas plataformas. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunció la apertura de un expediente sancionador contra Polymarket y la cadena de apuestas deportivas Kalshi por presuntamente operar sin la correspondiente autorización administrativa.

En un mundo marcado por la incertidumbre, la volatilidad y la hiperinformación, la posibilidad de convertir expectativas colectivas en probabilidades cuantificables resulta muy atractiva. Sin embargo, cuanto más cerca se sitúan estos mercados de las decisiones políticas, los conflictos internacionales o las crisis de seguridad, más difícil resulta considerarlos simples herramientas de análisis, y es válido preguntarnos hasta qué punto pueden acabar influyendo en los acontecimientos que dicen limitarse a predecir.

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