Sociedad

Casas de apuestas, la plaga urbana del siglo XXI

Hasta 190 locales de apuestas se reparten por las calles de Madrid, sobre todo en los barrios más empobrecidos. Los vecinos reclaman medidas para regular la presencia de este tipo de negocios que, desde 2014, se ha multiplicado por cuatro solo en la capital.

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26
Jun
2019
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Si paseas a menudo –o, simplemente, es suficiente con que abras los ojos al volver a casa– no se te habrá escapado la presencia de un habitante cada vez más habitual en los locales de la mayoría de las ciudades. A nadie se le ha pasado por alto que la proliferación de casas de apuestas, sobre todo en los barrios periféricos, está adquiriendo tintes de plaga. El sector mueve ya alrededor de 650 millones de euros anuales, según la Asociación Española de Salones de Juegos y Recreativos. Solo en Madrid, este tipo de negocios ha aumentado un trescientos por ciento, especialmente en las zonas más deprimidas, donde las rentas son más bajas y los problemas (económicos, laborales o familiares) más acusados.

Por detrás de las inmobiliarias, las casas de apuestas son el negocio que más ha crecido en la capital en el último año (un 15,8% más): hasta 190 se dispersan por las calles de esta gran urbe, donde han multiplicado su presencia por cuatro desde 2014. Si añadimos los negocios que no se dedican a ello en exclusiva (pero que sí incluyen una zona para apostar), la cifra se eleva a 416.

El Anuario del Juego en España refleja que los madrileños jugaron 422.470.677 euros durante 2017 y perdieron 71.891.837 euros. El perfil de apostante es el de un hombre de entre 18 y 43 años, que vive en pareja y tiene un bajo nivel de ingresos y de estudios. Según los datos recogidos en el informe de la Dirección General de la Ordenación del Juego, dependiente del Ministerio de Hacienda, los detonantes más frecuentes para iniciarse en el mundo de las apuestas son la muerte de un amigo o un familiar (en el 53% de los casos), las dificultades económicas (45%) y el cambio de domicilio (34%).

De la capital, Tetuán es el distrito que más locales de apuestas deportivas tienen en sus calles, que acogen un total de 33 negocios de este tipo. Le siguen Vallecas (28), Usera (27) y Ciudad Lineal (25). Muchos de ellos, además, se encuentran situados en los alrededores de colegios o institutos, e incluso algunos están cerca de centros de ayuda para superar la adicción al juego como el ubicado en la calle Alcalá, cerca de Quintana. A veces, no hay ni medio kilómetro de distancia entre uno y otro.

La normativa del juego en España

La Ley del Juego aprobada por el Gobierno de Zapatero en 2011 abrió la puerta al florecimiento del gran negocio de las casas de apuestas, pero estas no empezaron a desembarcar en las ciudades hasta 2017. Las empresas de apuestas deportivas aprovecharon la extensa red de salones de juego ya existentes en nuestro país para integrarse en ellos al tiempo que abrían locales por doquier y ocupaban los espacios tradicionalmente pertenecían a comercios de barrio como droguerías o mercerías.

El perfil de apostante es el de un hombre de entre 18 y 43 años, que vive en pareja y tiene un bajo nivel de ingresos y de estudios.

La observancia y normativa de regulación corresponde a las comunidades autónomas, no a los ayuntamientos. Las regiones de Madrid, Extremadura y Asturias son las que han sufrido una mayor proliferación de casas de apuestas –no en vano también son las únicas que no han desarrollado una planificación ni han puesto freno a las salas de juego–. El resto de autonomías, al igual que sucede con las farmacias, disponen de limitaciones a la implantación de estos espacios, siguiendo en su mayoría criterios de población o de distancia mínima entre unos establecimientos y otros. Sin embargo, en Madrid, por ejemplo, permite que una calle –cualquiera– aloje tantas casas de apuestas como locales tenga.

Esa proliferación de locales ha despertado el malestar y la preocupación en los barrios. Recientemente, la asociación vecinal de Cuatro Caminos-Tetuán convocó una manifestación para protestar por el incremento desmedido de estos negocios. Entre otras cosas, reclaman que no haya ninguno a menos de quinientos metros de colegios, institutos y centros de ayuda, y que se fije una separación de al menos un kilómetro entre uno y otro. Distintos movimientos de vecinos han seguido su ejemplo y se están organizando en torno a este problema, mientras que la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) ha creado el Grupo de Trabajo sobre Casas de Juego.

Cerveza gratis, pero sin ventanas

Desde carreras de galgos a partidos de fútbol, pasando por voleibol, billar o hockey. Todos los deportes imaginables, hasta los que no suelen aparecer ni siquiera en las últimas páginas de los diarios, encuentran su pequeña parcela de protagonismo en las casas de apuestas, denominadas a menudo casas de perdición. Perdición no solo porque suponen un agujero negro para las economías domésticas más modestas, sino porque se están convirtiendo en el principal foco de propagación de una enfermedad recogida por la OMS: la ludopatía.

Alrededor de dieciocho mil españoles se han inscrito en el Registro de Interdicciones de Acceso al Juego. Dicho de otra manera, todos ellos han decidido prohibirse a sí mismos la entrada a locales donde puedan apostar. Si bien la obligación de pedir el DNI a todo aquel que quiera acceder a la casa de apuestas se respeta en grandes salas y bingos, en las más modestas –la mayoría– se pasa por alto esta formalidad. Hay quien habla de que, en algunos de los barrios más pobres de las grandes ciudades, la ludopatía se está convirtiendo en un problema de envergadura similar al que tuvo la heroína en los años ochenta y noventa. Y, como ella, está causando estragos: tristeza, aislamiento social, estrés, absentismo laboral, pérdida del trabajo y del entorno afectivo y, en el peor de los casos, el suicidio.

En 2017 se jugaron de manera presencial 330 millones de euros y 305 online

Tres grandes operadores manejan el negocio del juego en nuestro país, encabezado por Codere (5.310 puntos de apuestas), Sportium, (más de 2.500) y Luckia, que supera los 2.400. Pero en la lista de nombres hay muchos más, entre los que destacan Beftair (888) o Bwin (365), y su alcance no se limita solo a los locales tradicionales: en 2017 se jugaron de manera presencial 330 millones de euros y 305 online. Del poder que ostentan da buena cuenta el hecho de que los veinte equipos que integran la Primera División de fútbol masculino –excepto la Real Sociedad– están patrocinados por diferentes portales, y numerosos deportistas de alto nivel y con una enorme proyección social animan a que se apueste. Neymar, Piqué, Cristiano Ronaldo, Nadal o Lucas Vázquez son algunas de las estrellas que han prestado su imagen a diferentes casas de este sector. El fútbol también está relacionado con los picos de afluencia a los locales, que se producen los fines de semana y los martes y miércoles que se juega la Liga de Campeones.

Las estrategias de estos locales para atraer nuevos clientes son seductoras. Desde invitaciones a desayunos y meriendas –dirigidas al público más joven, rondando o por debajo de la mayoría de edad–, a barra libre de cerveza o diferentes ofertas de tipo paga diez y te regalamos veinte. Y eso que todas estas salas son lugares sin ventanas, sin espejos, sin relojes y sin nada que permita al jugador tener consciencia del paso del tiempo.

Desde los sectores vecinales, privados y públicos, muchas voces han pedido que se actúe con leyes para frenar las devastadores consecuencias que se están produciendo ya entre los ciudadanos. En noviembre del año pasado, el Ejecutivo encabezado por Pedro Sánchez pactó con Unidos Podemos –en el marco de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado–, una regulación de la publicidad tanto del juego de azar así como de las apuestas online. Legislar y concienciar a la población son los dos pilares sobre los que los principales expertos colocan la solución a este problema. ¿Se aprobará finalmente esta necesaria ley? Las cartas están sobre la mesa.

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