TENDENCIAS
Salud

El lado salvaje del fitness

El mundo moderno representa una especie de zoológico humano. Nos separa de nuestro hábitat natural y nos desconecta de nuestra genética ancestral. Muchos de los trastornos modernos son simples síntomas de nuestra vida en cautiverio, una vida que atenta contra nuestras necesidades biológicas básicas.

Artículo

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
10
abril
2026

Artículo

La civilización tiene una relación paradójica con nuestra salud. Por un lado, vivimos ahora más que nunca. El progreso tecnológico ha logrado doblegar los grandes enemigos de la humanidad: plagas y hambrunas. El alcantarillado, las vacunas y los antibióticos nos libraron de terribles enfermedades infecciosas. Los pesticidas, los fertilizantes y la manipulación de semillas multiplicaron nuestras reservas de comida. La moderna cirugía llegó a cada rincón de nuestra anatomía, curando traumatismos y extirpando tumores. Si
vives en un país desarrollado probablemente llegues a los ochenta años.

Pero la civilización tiene también su lado oscuro. A medida que el progreso elimina viejos enemigos introduce otros nuevos: obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular, hipertensión, depresión, alergias, miopía, trastornos autoinmunes, cáncer, artritis, insomnio, demencia, dolor de espalda. Aunque no son realmente trastornos recientes, y hay registros de todas estas enfermedades desde hace miles de años, antes se consideraban afecciones raras.

El aumento de estas enfermedades se debe en parte a una mayor esperanza de vida. Es más probable tener un infarto o un cáncer a los setenta años que a los cuarenta, pero estos trastornos afectan ahora a muchas más personas y a edades cada vez más tempranas. Y sin embargo son casi inexistentes en individuos de edad avanzada en poblaciones ancestrales. Vivimos más pero pasamos más tiempo enfermos. Somos más débiles, más obesos y más hipertensos. A igualdad de edad tenemos más enfermedades metabólicas, cánceres y trastornos mentales.

Vivimos más pero pasamos más tiempo enfermos. Somos más débiles, más obesos y más hipertensos

De todos los problemas modernos, hay uno especialmente visible, que contribuye con el tiempo a todos los demás: el sobrepeso. Para luchar contra esta plaga reciente, la población busca constantemente la última innovación. Inventamos nuevas dietas, nuevas pastillas, nuevas cirugías y nuevos aparatos de ejercicio. Si has probado cualquiera de ellos, probablemente no te haya funcionado.

Mi propuesta es justo la contraria: probar algo antiguo. Si la civilización ha causado tus problemas, volverte un poco más salvaje los resolverá.

Tu lado salvaje

El término salvaje se usa a menudo de manera peyorativa. Se asocia a falta de inteligencia o inclinaciones violentas, pero para mí, salvaje se refiere a no domesticado, y se aplica a tu biología, no a tu cultura.

La biología contempla todos los procesos fisiológicos que nos mantienen con vida, y es el resultado de un largo proceso evolutivo. La cultura, sin embargo, es un conjunto de costumbres y conocimientos adquiridos en el tiempo. La biología es profunda y poco alterable, requiriendo muchas generaciones para producir cambios relevantes. La cultura es superficial y fluida, mutando fácilmente de una generación a la siguiente.

La evolución cultural ha traído claras mejoras para la humanidad. La democracia o la declaración de los derechos humanos no alteraron nuestra biología, pero mejoraron nuestras vidas. La tecnología es también parte de la cultura, y muchos progresos tecnológicos han sido sin duda beneficiosos.

El problema viene cuando ciertos cambios culturales o tecnológicos atentan contra nuestra biología básica. Estas son las fuerzas de la domesticación que debemos resistir. A pesar de nuestra inteligencia y avanzada cultura, nuestra biología se rige por las mismas reglas básicas que la de cualquier otra especie. Estamos sujetos a los mismos principios evolutivos, y si estos principios se violan, aparecen las enfermedades.

Nuestros genes han sido moldeados a lo largo de millones de años. Una adaptación lenta pero constante al entorno que nos rodeaba. A medida que este entorno cambiaba, nuestros genes se ajustaban. Y durante el 99 % de la historia de nuestra especie, el entorno era salvaje.

Tenemos básicamente los mismos genes que hace 10.000 años, pero el entorno es radicalmente diferente

Con el avance de la civilización, los cambios se aceleraron, y la tecnología dejó atrás a nuestra biología. Tenemos básicamente los mismos genes que hace 10.000 años, pero el entorno es radicalmente diferente. Nuestros genes se formaron en la edad de piedra, y se expresan con enfermedad en la era digital.

El mundo moderno representa una especie de zoológico humano. Nos separa de nuestro hábitat natural y nos desconecta de nuestra genética ancestral. Muchos de los trastornos modernos son simples síntomas de nuestra vida en cautiverio, una vida que atenta contra nuestras necesidades biológicas básicas. En vez de alimento fresco, nuestra comida parece pienso. En vez de perseguir animales en la sabana, nos sentamos durante horas delante de una pantalla. En vez de respetar las estaciones y los ciclos naturales de luz y oscuridad, pasamos todo el día a la misma temperatura y con la misma luminosidad. En vez de conectar con nuestro grupo social, estamos enganchados a un aparato digital. Estamos sobrealimentados, sobrecalentados y sobreestimulados.

Esta divergencia, entre nuestro entorno y lo que nuestra genética espera, se denomina en biología «discordancia evolutiva», y es la causa principal de las enfermedades crónicas que nos afectan.


Este texto es un extracto de ‘Fitness revolucionario’ (Oberón), de Marcos Vázquez. 

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Breve historia de las vacunas

Raquel C. Pico

Sin las vacunas, no se hubiese erradicado la viruela o no se hubiese logrado sobrevivir a enfermedades antes mortales.

¿Los genes no engañan?

Pablo Cerezal

A pesar de los avances científicos, aún desconocemos muchas de las sorpresas que depara la herencia genética.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME