Existen muchas más especies de las que crees conocer
La biodiversidad terrestre y oceánica sigue siendo en gran parte desconocida. Las estimaciones científicas indican que la mayoría de las especies aún no han sido descritas, lo que redefine nuestra relación con la naturaleza.
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Hoy se sabe que la diversidad biológica es mucho mayor de lo que reflejan los manuales, museos y bases de datos científicos. Esta constatación implica que existen organismos aún sin nombre y afecta directamente a cómo se entiende la conservación ambiental, la salud de los ecosistemas o incluso el desarrollo económico. Saber cuántas especies existen —o asumir que no lo sabemos del todo— introduce una dimensión de incertidumbre que condiciona las políticas científicas y ambientales del presente.
Según un informe publicado por la Fundación Biodiversidad, se estima que la Tierra alberga alrededor de 8 millones de especies desconocidas, con unos 6,5 millones en entornos terrestres y aproximadamente 2,2 millones en océanos. La cifra, aunque aproximada, redujo considerablemente la horquilla previa, que oscilaba entre 3 y 100 millones.
El dato más revelador es que cerca del 86 % de las especies terrestres y el 91 % de las marinas todavía no han sido descritas ni catalogadas por la ciencia. Es decir, la mayoría de la biodiversidad permanece fuera de los registros científicos formales.
Esta falta de conocimiento tiene múltiples causas: algunas especies habitan en zonas de difícil acceso, como los fondos oceánicos profundos o las selvas tropicales densas; otras son microscópicas o pertenecen a grupos —insectos, hongos o microorganismos— históricamente menos estudiados. También influye la complejidad taxonómica, ya que diferenciar especies próximas requiere a menudo técnicas genéticas avanzadas que solo se han generalizado en las últimas décadas.
Sin embargo, el desarrollo del análisis de ADN ha acelerado la identificación de organismos. Herramientas como el «código de barras genético» permiten distinguir especies a partir de fragmentos de ADN, facilitando descubrimientos rápidos incluso en entornos urbanos o relativamente explorados. Este enfoque ha demostrado que la biodiversidad desconocida se oculta en regiones remotas, aunque también en ecosistemas cotidianos.
La Tierra alberga alrededor de 8 millones de especies desconocidas
La magnitud de la biodiversidad desconocida no es solo una curiosidad científica, pues tiene implicaciones directas en la crisis ambiental actual. Por ejemplo, el ritmo de extinción se ha acelerado debido a la actividad humana, lo que significa que algunas especies pueden desaparecer antes de haber sido descritas.
El declive de la biodiversidad es ya medible. Evaluaciones recientes indican que esta ha disminuido entre un 2 % y un 6 % por década en los últimos 50 años, con consecuencias que afectan a la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y la estabilidad climática.
Comprender la diversidad biológica también tiene repercusiones económicas y sanitarias. Muchas especies aún desconocidas podrían contener compuestos útiles para la medicina, la agricultura o la industria. Además, los ecosistemas ricos en biodiversidad suelen ser más resilientes frente a perturbaciones, desde epidemias hasta fenómenos climáticos extremos.
A pesar de todo, la exploración científica continúa ampliando el catálogo biológico. Solo en investigaciones recientes sobre fauna marina se han descrito centenares de especies nuevas, lo que nos da la certeza de que el océano sigue siendo uno de los grandes territorios inexplorados del planeta.
Asumir que la biodiversidad es, en gran parte, desconocida obliga a replantear la relación entre sociedad y naturaleza. La protección ambiental deja de ser únicamente la defensa de lo ya conocido para convertirse en la preservación de un patrimonio biológico todavía incompleto. En ese sentido, cada nuevo descubrimiento no solo amplía el conocimiento científico, sino que también subraya la responsabilidad colectiva de conservar un mundo vivo cuya riqueza aún estamos empezando a comprender.
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