Sociedad

La pantallización de la existencia

Un tercio de los españoles con teléfono móvil lo consultan más de cien veces al día. Sea por trabajo o por placer, nos entregamos a la pantalla buena parte de la jornada. Filósofos de la talla de Éric Sadin advierten que las consecuencias directas de hacerlo recaen en una tiranía del individuo y la capitalización en masa del tiempo, lo que roba el mayor tesoro del ser humano: la capacidad de la conversación.

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
19
diciembre
2022

«No es una casualidad si la industria digital afirma hoy que, en un mediano plazo, es la inteligencia artificial la que administrará todos los sistemas y los rincones de la vida. No podemos aceptar esto. La industria de la Silicon Valley desarraiga lo político y los valores humanistas vigentes desde hace siglos». Así de contundente respondió el filósofo Éric Sadin en conversación con Eduardo Febbo.

Desde la publicación de su ensayo La siliconización del mundo (Caja Negra Editora) en 2018, el autor francés está dando que hablar. Y mucho. La llegada de la pandemia aceleró, como es bien sabido, la implantación de formas de relación entre personas casi absolutamente digitales, como el teletrabajo, en el ámbito laboral, o a través del aumento de la comunicación mediante redes sociales. Y aunque tras el impasse del confinamiento de 2020 se haya producido una evidente reacción hacia el reencuentro físico, parece existir una pujanza entre crecientes planes de implantación de tecnologías digitales y la necesidad humana de contacto personal.

De hecho, y en el marco del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, la Unión Europea ha lanzado sendos planes que asienten una «ciudadanía digital». Pero los expertos en salud mental advierten de que algunas de las grandes dolencias de este siglo, como la sensación de soledad o la ansiedad, se están viendo multiplicadas desde el aumento del uso de las nuevas tecnologías.

Herramientas que, si bien capaces de expandir los horizontes en manejo de información de la ciudadanía como nunca antes ha habido ocasión en la historia, también están detrás del aumento de adicciones relacionadas con el uso de teléfonos móviles y la incapacidad de alejarnos de las pantallas. ¿Hasta qué punto estamos pantallizados?

Nuevas tecnologías: muy poderosas, pero mal utilizadas

Los acelerados progresos en tecnologías digitales, acompañados de una poderosa financiación en ciencia, no son buenos ni malos por su naturaleza, pero la manera en que enfocamos su empleo sí las condiciona.

Es lo que pensadores como Sadin llama la «siliconización» del mundo. Pero en realidad, el estudio del prestigioso ensayista converge con posturas más amplias como la del sociólogo Zygmunt Bauman y su concepto de la sociedad líquida. En otra dimensión se encuentra la investigación de Byung-Chul Han, que en 2023 se plasmará en un nuevo libro: Vida contemplativa, donde el surcoreano advierte sobre la pérdida de los rituales y de la capacidad para no hacer nada.

El ‘homo sapiens’ está hecho para interpretar su entorno directo a través de su capacidad de percepción y, a partir de los estímulos materiales, mediante el pensamiento abstracto

Estos fenómenos, estrechamente vinculados a la manera en que hacemos comunidad, están relacionados proporcionalmente con la «aldea global», que es digital. Cuanto más tiempo estamos expuestos al constante flujo de información más intensa es también la distancia que adquirimos respecto de nuestra propia conciencia.

En otras palabras, el homo sapiens está hecho para interpretar su entorno directo, a través de su capacidad de percepción y, a partir de los estímulos materiales, mediante el pensamiento abstracto. Estamos diseñados para comunidades pequeñas, para el mapeo del entorno inmediato. Por eso necesitamos un contacto vis a vis con nuestros semejantes.

También necesitamos la conversación: desarrollamos nuestras redes neuronales según procesamos información y nos esforzamos en reflexionar y potenciar el pensamiento abstracto, intercambiando ideas con nuestros semejantes en una expresión que no se limita exclusivamente a la palabra, sino que incluye otras poderosas herramientas comunicativas como la gestualidad, la mirada y el paralenguaje.

Los expertos hablan claro

La mitad de los españoles dedica su tiempo de ocio a estar conectada y un tercio mira el teléfono móvil más de cien veces al día. Al tratarse de unos instrumentos con los que no estamos familiarizados desde hace décadas, sino que, por el contrario, acumulan innovaciones en poco tiempo, los expertos advierten que no hay una referencia clara sobre cómo debemos exponernos a las pantallas, lo que se traduce en una minusvaloración de los peligros que supone su excesivo uso: desde fatiga visual hasta trastornos de ansiedad, depresión, dependencia y adicción. Sin contar con efectos sobre nuestra sociabilidad, como la incentivación del narcisismo y la incapacidad de escuchar al otro.

Sadin no duda en señalar que el problema de lo que describe como «tecnoliberalismo» es que tiene como consecuencia una tiranía del individuo y la capitalización en masa del tiempo, además de la información personal. Otra cuestión que le preocupa es que ya no estamos ante un dominio casi hegemónico del Estado, sino que nuestros datos y nuestra confianza y rutina están en manos de unas pocas empresas.

Para Sadin, las nuevas tecnologías nos conducen a un mundo más disgregado donde el individuo media con sus semejantes a través de algoritmos cada vez mejor entrenados para intervenir en la gestión de su comunicación

La «siliconización del mundo» queda estrechamente vinculada a un modelo de globalización que capitaliza nuestra voluntad y nuestra natural pulsión de contacto entre congéneres, de descubrir nuevas cosas y de que nos cuenten historias. Es más, en una de sus obras capitales, La humanidad aumentada. La administración digital del mundo, Sadin expone más claramente cómo las nuevas tecnologías nos conducen a un mundo más disgregado, donde el individuo media con sus semejantes a través de unos algoritmos cada vez mejor entrenados para interactuar con él e intervenir en la gestión de su comunicación.

Es decir, estamos regalando nuestra libertad, en opinión del filósofo, además de potenciando un orden distópico de influencia de los individuos por parte de un puñado de fortunas, lo que nos alejaría de los principios ilustrados que sostienen las nociones de los derechos humanos y civiles que edifican la sociedad democrática del presente.

Nos encontramos en un momento incierto para el desarrollo de la civilización, en especial en materia de protección de derechos humanos, como declaró en diciembre de 2020 la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. El reto consiste en trazar previsiones a tiempo sobre los efectos que el acelerado desarrollo de las nuevas tecnologías, incluidas propuestas como el metaverso, puedan causar tanto a nivel individual como en la construcción del tejido social.

Mientras tanto, su consumo no deja de crecer y de incentivarse, incluso en un espacio reservado para el aprendizaje como son las aulas. Algunos críticos han alzado la voz ante el hecho de que gurús y trabajadores de las empresas tecnológicas matriculan a sus hijos en exclusivos colegios privados donde está muy limitado la exposición a pantallas, mientras en países occidentales se promueve una digitalización creciente del aula.

La necesidad de regresar a una forma de relacionarnos donde las pantallas quede en reposo cuando no las necesitamos para alguna función indispensable es ya un imperativo. Tanto es así que un 61% de los españoles reconoce haber tenido alguna discusión con otra persona por no prestar atención a la conversación mientras miraba el móvil. Una tendencia que parece haber venido para quedarse.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

El amor en tiempos de Instagram

Guadalupe Bécares

Los psicólogos advierten: la sobreexposición en redes tiene consecuencias -y riesgos- para las relaciones de pareja.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME