Sociedad

El elogio a la rutina (y sus riesgos)

Hay quienes defienden los automatismos y, en contra parte, quienes los asocian a la mediocridad. ¿Cuáles son las bondades y los riesgos de la vida rutinaria?

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
11
junio
2024

Ha sonado ya el despertador y la vida comienza en automático: el futuro será idéntico al presente y nada es distinto a lo de ayer, a los ayeres. Es hora de mirar el móvil antes de una ducha rápida y del café. Solo hay un trayecto: de casa al trabajo y viceversa. La cuenta regresiva para que llegue el fin de semana ha comenzado. ¿Y todo eso para qué? Para llegar a preparar la cena y mirar otro capítulo de la serie de turno antes de llevar los problemas del día hacia la almohada. Y, así, ad infinitum.

Esa sería la fotografía del día a día de muchos urbanitas en este convulso siglo XXI. Arrancar el día (y el siguiente también) inundado en lugares comunes y asfixiado entre «no-lugares» (como definiría Marc Augé a todos esos sitios sin identidad cultural), y saber que ayer y mañana fueron y serán lo mismo.

¿Angustia? ¿Comodidad? ¿Comodidad angustiante? Esa es la cuestión: ¿la rutina libera o ser libre es liberarse de la rutina?

Rutina positiva, rutina negativa

Primero, los puntos a favor de la cotidianidad. William James, considerado como el padre de la psicología estadounidense, sostuvo, hacia finales del siglo XIX, lo siguiente: «Cuantos más detalles de nuestra vida cotidiana podamos entregar a la fluida custodia del automatismo, más libres quedarán las facultades superiores de la mente».

Para él, estaba claro, la rutina era liberadora. Pero James no ha sido el único pensador en encontrar en las conductas habituales un espacio para la creación. Prueba de ello es el libro Rituales Cotidianos (Turner) en el que su autor, Mason Currey, repasa muchos de los casos más estrambóticos en los que los genios de la historia hacían apología de sus rutinas. Uno de los más notables es el de Ludwig van Beethoven, que se preparaba un café a primera hora de la mañana de manera casi obsesivo-compulsiva: contaba con la mano cada uno de los sesenta granos de café que debía contener esa tan anhelada taza. Y lo hacía, por supuesto, todos los días.

La cuestión es: ¿libera la rutina o para ser libre hay que liberarse de ella?

Sobre la misma línea, un análisis de Connie Capdevila, vocal del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, y de Rosa Ramos, decana del Colegio Oficial de Psicología de Navarra, publicado en La Vanguardia defiende que las rutinas promueven una vida sana. La primera de ellas sostiene que las conductas habituales reducen el estrés, y la segunda opina tajantemente que estas nos aportan coherencia y dan sentido a la vida.

Por otro lado, hay quien sostiene que no todo lo referente a las conductas estructuradas y estrictas es del todo positivo. «La rutina es el hábito de renunciar al pensamiento», escribió, hacia finales del siglo XIX, el filósofo y sociólogo italoargentino Giuseppe Ingenieri. Una de sus obras cumbre, y en la que abarca más a fondo esta cuestión, es El hombre mediocre (1913). En pocas palabras, él definía como mediocres a aquellas personas que sucumbían a las rutinas, sacrificando así todo tipo de retos personales y profesionales que las impulsaran hacia el enriquecimiento en todos los ámbitos de la vida. Es decir, para él los mediocres jamás serían personas que pudiesen ser consideradas como genios, ni santos, ni héroes.

Ahora bien, justo antes del confinamiento por covid-19, la revista Personality and Social Psychology Bulletin publicaba un artículo en el que aseguraba que el 40% del tiempo no pensamos en lo que hacemos. Así de simple, casi la mitad del tiempo que estamos despierto funcionamos en automático. La autora, Wendy Woods, sostenía que la motivación suficiente basta para modificar los hábitos, lo cual no evita que se caiga de nuevo en la tentación de la rutina.

Además, añadía que las rutinas tienen el enorme riesgo de llevar una vida hacia la monotonía, y eso aumenta la probabilidad de caer en hábitos nocivos como el alcoholismo o comer compulsivamente para calmar la ansiedad.

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Modo monje activado

Mariana Toro Nader

Una nueva técnica viral dice ser la clave para desconectar de las pantallas y mejorar la productividad. ¿Funciona?

El poder de (volver a) la rutina

Marina Pinilla

Retomar los temidos hábitos diarios nos ayuda a frenar la autoexigencia y el pensamiento acelerado (si lo hacemos bien).

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME