Sociedad

Las hermanas Mardini, refugiadas salvadas por el agua

De empujar un bote nadando hasta Lesbos a participar en los Olímpicos: así es la historia de Yusra y Sarah Mardini, dos refugiadas sirias a las que el agua casi les quita la vida, pero se la salvó. Una hazaña que ha quedado retratada en la película ‘Las nadadoras’.

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18
enero
2024

El agua ha marcado la vida de las hermanas Yusra y Sarah Mardini. En ella aprendieron a esforzarse por la excelencia y su destreza las llevó a formar parte del equipo nacional juvenil de natación de su Siria natal. Pero en ese elemento también sintieron el terror de la guerra cuando una bomba cayó en la piscina en la que practicaban. «Habíamos estado entrenando por la mañana y cuando terminamos, mientras estábamos esperando fuera a mi madre… ¡boom! Una bomba explotó adentro. Todo se llenó de cristales. Estábamos aterrorizadas. Perdimos varios amigos e incluso un entrenador de natación murió», cuenta Sarah. Años después, en el agua conocerían la angustia cuando, cruzando el mar Egeo, el bote en el que huían de su tierra de nacimiento empezó a naufragar, poniendo en peligro sus vidas y las de otras 16 personas.

Aunque sea una frase manida, a veces «la realidad supera a la ficción» y la historia de las hermanas sirias, con el agua como elemento protagonista, es un buen ejemplo. Por ello, los productores de cine estuvieron años detrás de las jóvenes para poder contar su vida, que definitivamente fue narrada en Las nadadoras, una película estrenada en Netflix en 2022.

Yusra y Sarah crecieron en una nación sumida en el conflicto. A pesar de las adversidades, su pasión por la natación se convirtió en una vía de escape, un medio para liberarse de las realidades sombrías que las rodeaban. Ambas mostraron un talento natural para el deporte, y pronto se dieron cuenta de que la piscina no solo era un refugio, sino también un camino hacia un mejor futuro.

Sin embargo, la guerra en Siria lo cambió todo. Con su hogar destruido y su seguridad en peligro, la familia Mardini tomó la decisión desgarradora de huir. De este modo, en 2015, las hermanas se embarcaron en un viaje arriesgado que las llevaría a través de Turquía, Grecia, los Balcanes y finalmente a Alemania. Pero este no fue un viaje convencional, fue una odisea marcada por peligros y sacrificios inimaginables.

Gracias a sus habilidades de natación, las hermanas Mardini empujaron el bote hacia la costa de Lesbos

Uno de los momentos más críticos de su travesía ocurrió cuando el bote inflable en el que viajaban con otros refugiados comenzó a hundirse en las aguas del mar Egeo. En lugar de caer presas del pánico, Yusra, Sarah y otra pasajera se lanzaron al agua y, durante más de tres horas, utilizaron sus habilidades de natación para empujar y guiar el bote hacia la costa de Lesbos, salvando las vidas de todos a bordo.

«Cuando el motor se detuvo y el barco empezó a desinflarse y a llenarse de agua, sentí que no podía dejar que las otras personas se ahogaran y solo salvar mi propia vida. No sería justo», relata Sarah. «Pensé que era mi deber saltar al agua. Y si muero y esas 20 personas siguen vivas, genial. Cuando muera la gente me recordará por esto. Pero si los dejo me sentiría mal conmigo misma por el resto de mi vida».

Esta valiente hazaña no solo les otorgó reconocimiento internacional, sino que también simbolizó la fuerza indomable del espíritu humano frente a la adversidad.

En definitiva, las hermanas Mardini consiguieron llegar a Alemania, donde continuaron persiguiendo su pasión por la natación. Se unieron a un club local y, con el apoyo de entrenadores y comunidades, comenzaron a entrenar con miras a competir profesionalmente. Su dedicación y tenacidad las llevaron a representar al Equipo Olímpico de Refugiados en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, marcando un hito histórico para atletas refugiados en todo el mundo.

Más allá de las piscinas y las competiciones, Yusra y Sarah se han convertido en activistas de los derechos de los refugiados y defensoras de la paz y la inclusión. Su implicación en la causa ha llegado a provocar que acusen a Sarah de espionaje, tráfico de personas y pertenencia a organización criminal, con un juicio que la propia ONU ha pedido que se cancele.

A través de su fundación y su trabajo con organizaciones humanitarias, han utilizado su plataforma para crear conciencia sobre la crisis de los refugiados y abogar por soluciones globales más compasivas y sostenibles.

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