Biodiversidad

«Nuestro respeto por los animales es lo primero»

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13
noviembre
2023

Por suerte hay personas y proyectos que demuestran con su ejemplo que se pueden hacer las cosas de otra manera. El Castañar, en Mazarambroz (Toledo), es una explotación agrícola y ganadera en la que también se practica la caza, pero una minuciosa gestión que pone el foco en la sostenibilidad ha hecho posible compatibilizar estas actividades con el cuidado del medio ambiente y con importantes iniciativas de conservación de especies en peligro de extinción, como el lince ibérico y el águila imperial. Esta gestión ambiental les ha permitido alzarse con el prestigioso Premio Fondena para la Protección de la Naturaleza 2023. Rafael Finat, responsable de la finca El Castañar, nos cuenta lo que para él es un estilo de vida.


¿Cuál es la historia de la finca El Castañar?

La finca El Castañar lleva muchísimos años dentro de la misma propiedad. Se trata de un territorio de unas 5.000 hectáreas, propiedad de los ascendientes de la familia Finat desde mediados del siglo XIX. Los proyectos como tales han surgido después, pero en mi familia siempre hemos valorado mucho a los animales que vivían en la finca. Mi bisabuela, por ejemplo, ya prohibió que se matara a las águilas cuando aquí se cazaba a las rapaces. El Castañar se encuentra en una zona privilegiada, los Montes de Toledo, parte de la Red Natura 2000. Esta área abarca un extenso territorio considerado Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Estos sistemas montañosos y colinas cuentan con una extensa área boscosa de una riqueza botánica y faunística sin igual, que desempeña un papel crucial en la supervivencia de poblaciones de especies tan significativas como el lince y el águila imperial.

¿Cuáles son las claves de este proyecto?

El proyecto como tal ha ido surgiendo después, al plantear una explotación diversificada que incluye ganadería, caza, la conservación de determinadas especies y el aprovechamiento agrícola y ganadero. Pronto empezamos a trabajar con otras organizaciones, especialmente relacionadas con la conservación de la fauna, como los proyectos LIFE, que empezaron centrándose en el águila imperial, la cigüeña negra y el buitre negro, y desde entonces hemos seguido colaborando en todo lo que tenía que ver con la fauna de nuestro entorno. La finca de El Castañar forma parte de la Fundación Amigos del Águila Imperial, Lince Ibérico y Espacios Naturales Privados, que congrega a propietarios privados que adquieren un mayor compromiso de sostenibilidad en la gestión de su territorio. También colabora desde 1999 con la Fundación CBD-Hábitat, con quienes participamos en varios proyectos europeos cofinanciados con fondos LIFE para garantizar la preservación del lince y el buen estado de los ecosistemas.

¿Hay un momento concreto en el que decidís dedicar parte de vuestros esfuerzos al cuidado de especies amenazadas?

Yo lo plantearía de otra forma, en realidad no es dedicar parte de nuestros esfuerzos, es algo más global, que la explotación que tú realizas no perjudique a esas especies sino al revés, que sea inclusiva, intentar fomentarlas, que las integre en el entorno como lo han estado siempre. Haciéndolo bien, como nosotros intentamos hacerlo, este medio es completamente favorable a esas especies protegidas. Nosotros ejercemos una ganadería extensiva, con lo cual no hay mucha densidad de ganado: las ovejas manchegas y el cerdo ibérico, por ejemplo, recorren toda la finca proporcionando abono natural; el ganado bravo está en extensiones grandes, con lo cual no hace daño ni afecta a otras especies. Las aves carroñeras como el buitre negro, del que tenemos varias parejas, y el águila imperial, se benefician de la caza mayor que hay en la finca, ya que se alimentan de piezas abatidas como los ciervos. Practicamos agricultura ecológica, en la que por ejemplo cuando segamos la siembra dejamos unos corredores para los conejos, las perdices y las liebres. Tenemos un muladar, en el que echamos los restos de los cerdos y de la caza mayor… Por poner algunos ejemplos de las cosas que hacemos. Sin olvidar por supuesto el colaborar también con las administraciones en los proyectos que ellas realizan.

«Cuando segamos la siembra dejamos unos corredores para los conejos, las perdices y las liebres»

¿Se trata entonces de trabajar la integración?

Es que los animales nunca han sido perjudiciales los unos para los otros. Y las actividades humanas, como la agricultura y la ganadería, tampoco deberían serlo, todo lo contrario. Si tú siembras, hay conejos; si fomentas que haya caza menor, habrá conejos, liebres y perdices, y de estos se alimentarán después el lince y el águila. Si tienes una explotación de caza mayor, los animales salvajes que viven en el campo, como los ciervos, al morir sirven de alimento a las aves carroñeras, como el buitre negro y el águila imperial. Lo mismo ocurre con la actividad humana, se trata de estar pendiente de no interferir en los ritmos de los animales. Nosotros, por ejemplo, ajustamos la poda de la encina a los ciclos de reproducción del águila imperial, para no molestarla. Colaboramos mucho con los agentes forestales. Y también ten en cuenta que la nuestra es una finca grande, no hay mucha presencia humana, y a la que los animales ya están acostumbrados. Las personas van a hacer su trabajo sin molestar a los animales y estos no se sienten amenazados. Conocen la rutina de la finca y siempre y cuando no se les moleste y se respeten momentos delicados como por ejemplo la cría, viven tranquilos.

¿Cómo involucráis a la comunidad local y a los visitantes de la finca?

Lo primero que los visitantes tienen que entender es que esto no es un zoológico, el respeto hacia los animales es lo primero. Hemos tenido grupos escolares, visitantes que vienen a la suelta de linces… pero siempre intentando no romper la rutina de los animales y no molestarlos.

«Para nosotros estar en el campo y que se te cruce un lince o escuchar al águila imperial es un lujo»

Vuestra actividad con el lince ibérico y el águila imperial es impresionante

Nuestra labor con el lince surge de la observación. Yo de niño sí vi linces en la finca, pero no sabíamos mucho de ellos. Después con el tiempo vas aprendiendo, vas intentando hacer las cosas bien, pero porque nos gusta hacerlo así. Para nosotros estar en el campo y que se te cruce un lince o escuchar al águila imperial es un lujo. Ahora el lince está completamente adaptado en nuestra finca. Cuando se inició la primera reintroducción dejamos de cazar a los conejos, porque en esos momentos la densidad era baja debido a enfermedades. Actualmente hay una gran densidad al haber remitido esas epizootias, además la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha abona una cantidad para compensar los daños y el lucro cesante y esa fue la clave, porque gracias a eso el lince se alimenta. Desde 2014 tenemos 7 hembras reproductoras. Aparte de las hembras hay cuatro machos territoriales, así como al menos tres machos de tres años y varios ejemplares inmaduros. La recuperación del lince es un éxito ambiental de primer nivel. Hace 20 años se estimaba que quedaban menos de 200 linces. Gracias a una acertada política de reintroducción en los Montes de Toledo, en la que la finca El Castañar está completamente implicada, la especie ha dejado de estar en peligro crítico de extinción en este territorio. Actualmente, la población de lince ibérico en Castilla-La Mancha cuenta con 359 individuos mayores de un año (adultos y juveniles), por lo que sumado a los cachorros, estaríamos en cifras por encima de los 582 ejemplares.

¿Qué supone para vosotros recibir el XIV Premio Fondena para la Protección de la Naturaleza?

Lo primero, es un gran honor, porque es un premio muy importante. Pero para mí es especial porque representa el premio a un modelo, que no somos solo nosotros, sino que es un grupo de fincas trabajando en el mismo sentido. No digo que el nuestro sea el único modelo de conservación, y que no haya otros mejores o peores, pero es un modelo que funciona, y este premio viene a reconocerlo.

¿Cómo te gustaría que fuera El Castañar en el futuro?

A mí me gustaría que se viera igual que hoy. O mejor, porque todo es mejorable. Y que todos, los responsables del campo, pero también las administraciones, trabajemos para eso, para mejorar, y para sacar al sector rural de la crisis que vive.

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