Ciudades

El acceso a la vivienda, en el corazón de las ciudades resilientes

El Día Mundial del Hábitat recuerda que la vivienda es más que un techo sobre nuestras cabezas. Para lograr ciudades realmente resilientes, es necesario asegurar que sus habitantes tengan acceso a un hogar.

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02
octubre
2023

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Como cada año desde 1985, el primer lunes del mes de octubre se celebra el Día Mundial del Hábitat, un día para reflexionar sobre nuestros hábitats y los derechos básicos de todas las personas a una vivienda adecuada. Nos brinda la oportunidad de considerar el impacto del lugar en que habitamos en nuestras vidas. El tema escogido para el año 2023 son las economías urbanas resilientes que sitúa a las ciudades como motores del crecimiento y la recuperación.

Pero ¿qué significa eso de economías urbanas resilientes? ¿Qué papel juega en el acceso a la vivienda?

La agencia ONU-Hábitat, a partir de los trabajos de psicología y ecología, describe la resiliencia urbana como: la habilidad de cualquier sistema urbano de mantener continuidad después de impactos o de catástrofes mientras contribuye positivamente a la adaptación y la transformación. Una ciudad resiliente, por tanto, será la que frente a los diversos desafíos que se le presentan sea capaza de absorberlos, analizarlos y, aprendiendo de ellos, elabore estrategias y tome medidas para responder ante los mismos. En un mundo expuesto a shocks continuos, una ciudad resiliente estará más y mejor preparada para proteger y mejorar la calidad de vida de las personas, impulsando su progreso.

Este día adquiere una relevancia aún mayor teniendo en cuenta los sucesos de estos últimos años, principalmente el de la pandemia de covid-19 y el de la guerra Rusia-Ucrania, pero también con el cambio climático que se encuentra cada vez más presente (algunos de los ejemplos más recientes son las inundaciones de Grecia, Libia o Brasil, con efectos devastadores). Aunque estos shocks tienen un impacto significativo sobre la población en todas las esferas de sus vidas, sus efectos se manifiestan con un gran impacto en lo que respecta al acceso y a la calidad de la vivienda, afectando de manera desproporcionada a los mismos grupos vulnerables y por lo que cada vez resulta más importante garantizar una vivienda digna a todas las personas.

Una ciudad resiliente estará más y mejor preparada para proteger y mejorar la calidad de vida de las personas

La noción de que las ciudades son, en última instancia, un reflejo de las personas que las componen cobra una importancia significativa en este contexto. Son las personas, con sus necesidades, aspiraciones y desafíos, quienes dan vida a las ciudades. La calidad de vida en un entorno urbano sostenible y resiliente está directamente relacionada con la calidad de vida de sus habitantes y el acceso a una vivienda digna es un pilar fundamental de esta ecuación.

Por otro lado, mientras luchamos por construir ciudades más sostenibles y resilientes, no podemos ignorar la compleja problemática que rodea el tema de la vivienda. El acceso a una vivienda adecuada es un desafío multifacético que involucra aspectos económicos, sociales y ambientales. Aunque la calidad media de la vivienda ha ido mejorando en los últimos años según el último informe de 2023 de FEANTSA (European Federation of National Organisations Working with the Homeless), todavía nos encontramos con viviendas con hacinamiento o poco funcionales, entre otras cosas. Por ello, una gran parte de la población se encuentran viviendo en viviendas en mal estado y no aptas para ser habitadas, situándose dentro de las categorías de vivienda insegura y vivienda inadecuada de la clasificación ETHOS.

Sin embargo, las viviendas inadecuadas e inseguras no son un problema solamente del mercado de alquiler, gestionado por propietarios/as y agencias inmobiliarias que tienen medidas discriminatorias como se observa en el estudio de Provivienda, de 2020, por poner un ejemplo. Estas condiciones de vida también afectan a personas propietarias que carecen de recursos para mantener o renovar sus viviendas. Cada vez más, se ven afectadas las familias de clase baja y clase media a la hora de tener una vivienda digna y asequible, especialmente, en grandes zonas urbanas como puede ser Madrid o Barcelona. Estas dificultades se agravan en momentos de crisis económicas como la que estamos viviendo actualmente debido a la inflación de los precios.

Cuando las economías urbanas enfrentan una crisis, como ha pasado con la pandemia del covid-19 o la guerra entre Rusia y Ucrania, los colectivos más afectados son las personas inmigrantes y las personas en riesgo de exclusión social. La pérdida de empleo y la inseguridad económica pueden llevar a un aumento en la falta de vivienda y su inestabilidad, tal y como se ha observado en países como Francia, España, Italia o Reino Unido. Una realidad cada vez más preocupante ya que hay un aumento de personas sin hogar tanto en España, como en los demás estados europeos (al menos 850.000 personas en situación de sinhogarismo según FEANTSA en el año 2023, y en España en 2023 aproximadamente 37.000 según HogarSí).

En el caso de España, para abordar las deficiencias en el suministro de viviendas, resulta fundamental repensar y definir de manera clara las políticas de vivienda. Para ello, debe haber una comprensión clara sobre como la vivienda se relaciona con la economía, el suelo urbano, la calidad del hábitat, la estructura de la ciudad, etc., sin dejar de lado las dimensiones urbanas, sociales y ambientales. Entonces, la problemática de la vivienda no se resuelve teniendo más viviendas únicamente, sino mediante una combinación de varias políticas como la regulación del suelo, programas destinados a mejorar la calidad de las viviendas, ofrecer créditos hipotecarios asequibles, construir viviendas de interés social, aumentar los parques de vivienda pública, establecer penalizaciones para las viviendas desocupadas, ofrecer incentivos para poner las viviendas en el mercado de alquiler, etc. Estos son solo algunos de los ejemplos que pueden favorecer la creación de un entorno habitable y sostenible para todas las personas.

El Día Mundial del Hábitat nos recuerda que la vivienda es más que un techo sobre nuestras cabezas, es un factor determinante en la calidad de vida de cada persona y en la sostenibilidad del planeta. Garantizar viviendas dignas y sostenibles para todos es un desafío global que requiere la colaboración de gobiernos, organizaciones, empresas y la sociedad en su conjunto.La resiliencia urbana se presenta como una herramienta crucial para enfrentar los impactos de los diferentes sucesos o shocks inesperados, como la pandemia o los desastres naturales. Sin olvidar que la crisis de la vivienda ya en sí misma es un shock que afecta a cada vez más capas de la sociedad.

En resumen, una economía urbana resiliente –junto con un abordaje de las políticas públicas de vivienda– ayuda a contribuir al acceso a una vivienda digna por parte de todas las personas, poder mantener una asequibilidad de la vivienda y regular el desarrollo inmobiliario. La resiliencia económica de una ciudad es un factor importante en la capacidad de las personas para encontrar y mantener viviendas adecuadas y dignas. El acceso a una vivienda digna es un derecho humano fundamental y un componente esencial de cualquier ciudad resiliente. Por lo que podemos afirmar que no hay una ciudad que pueda llamarse como tal, resiliente, si esta no es capaz de acometer en toda su complejidad el tema de la vivienda. O ciudad que siendo resiliente económicamente no utilice esa prosperidad y recursos para resolver esta problemática que afecta a miles de personas.


Raluca Budian es investigadora postdoctoral del Instituto de Innovación Social de Esade y miembro del Observatorio de la Vivienda Digna.

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