Sociedad

Año nuevo, vida nueva: ¿somos capaces de cumplir nuestros propósitos?

Según un estudio, seis de cada diez personas no consiguen cumplir las metas que se marcan al estrenar calendario. El motivo está en que, en lugar de proponernos metas asumibles que somos capaces de alcanzar, optamos por objetivos inalcanzables que no solamente son complicados por sí mismos, sino que son poco medibles y requieren un cambio de acción radical inasumible.

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02
Ene
2023

Ir más al gimnasio, dejar de fumar, correr una maratón, cambiar de trabajo, comer más saludable, hacer un viaje o encontrar el amor. Todo son buenas intenciones al estrenar un nuevo año, pero la mayoría se acaban diluyendo en el tiempo: según una estadística de OnePoll, seis de cada diez personas nunca han logrado cumplir sus propósitos. ¿Nos marcamos propósitos demasiado difíciles de cumplir o nos falta voluntad para salir de nuestra zona de confort?

Una de las primeras hipótesis es que nos marcamos propósitos inadecuados, que suelen enfocarse en la llamada triada mágica: salud, dinero y amor. En lugar de proponernos metas asumibles que somos capaces de alcanzar, optamos por objetivos inalcanzables que no solamente son complicados por sí mismos, sino que son poco medibles y requieren un cambio de acción radical para el que, en la mayoría de ocasiones, nadie está preparado. Por ello, los científicos del comportamiento insisten en que no solamente hay que definir un propósito, sino delimitar un plan de acción y seguimiento que garantice que, pasadas las primeras tres semanas del año, siga siendo una realidad.

¿Y si estamos confundiendo propósito con deseo? Lo cierto es que todo ser humano tiene una idea de lo que podría ser de sí mismo si fuera perfecto, y a menudo, cuando realiza una lista de metas, no se centra en aquello que quisiera mejorar o priorizar en el nuevo año, sino ser en su mundo ideal.

Pero los deseos son traicioneros y, muchas veces, imposibles de asumir: no podemos dejar de fumar, hacer más deporte, mejorar nuestra alimentación, salir más con los amigos, pasar más tiempo con la familia y dedicarnos más espacio a nosotros mismos al mismo tiempo. Ser realistas parece la única salida para asumir unos objetivos que, a priori, deben ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida.

Si confundimos propósito y deseo, ¿corremos el riesgo de interpretar como deseo algo que, en realidad, es una frustración?

Pero hay otra cuestión: si confundimos propósito y deseo, ¿corremos el riesgo de interpretar como deseo algo que, en realidad, es una frustración? En este sentido, la incapacidad de priorizar algunos aspectos de la vida o dejar malos hábitos genera un sentimiento de frustración hacia uno mismo que deriva en incluir unas cuestiones u otras en la lista. Pero, como dijo Albert Einstein, «si quieres cambiar las cosas, no hagas siempre lo mismo».

Aquí es donde entra en el juego la cuestión de las expectativas: los propósitos de año nuevo son deseos a largo plazo que, sin embargo, buscan resultados inmediatos. Por ello, escribir las metas en un espacio que revisemos a menudo, delimitar objetivos realistas, establecer fechas, disponer de un plan, anotar los progresos o compartirlos con alguien son algunas de las principales recomendaciones para garantizar, o como mínimo acercar, su cumplimiento.

Los científicos del comportamiento insisten en que no solamente hay que definir un propósito, sino delimitar un plan de acción

Ya existen, de hecho, aplicaciones móviles que buscan ayudar a las personas a cumplir sus propósitos para el nuevo año. Bien sea a partir de un seguimiento estricto de los propósitos o para alcanzar objetivos específicos como aprender idiomas o hacer deporte, parece que la tecnología ofrece oportunidades para aumentar las posibilidades de desempeño. Pero si bien es bueno tener una ayuda externa, siempre habrá limitaciones para aquellos propósitos que puedan depender de la voluntad (es decir, todos).

En una sociedad en la que la exigencia personal es cada vez más elevada, los propósitos de año nuevo pueden convertirse en otra fuente de frustración. Por ello, transformar lo que ha sido durante años una lista de deseos en un plan realista de mejora para orientar una nueva etapa de transformación progresiva puede ser no solo una forma de alcanzar más objetivos, sino de encontrar un balance entre lo que queremos, lo que podemos y lo que vamos a hacer a lo largo del año.

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