Medio Ambiente

Los sistemas de alimentación, clave para los compromisos climáticos

Desde la seguridad alimentaria a través de dietas saludables para todos y la mitigación del cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad y las desigualdades globales, los sistemas alimentarios están en el centro de muchos de los complejos desafíos a los que nos enfrentamos. Sin embargo, hay una falta de visión integral que hace que se pierdan oportunidades de generar sinergias entre distintos sectores para favorecer el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.

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07
Dic
2022
alimentación

Nuestros sistemas alimentarios y de gestión de los suelos están en el centro de muchos de los complejos desafíos a los que se enfrenta la humanidad en la actualidad: desde la seguridad alimentaria a través de dietas saludables para todos y la mitigación del cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad y las desigualdades globales. Sin embargo, en raras ocasiones vemos que los países elaboren estrategias nacionales a largo plazo para su sistema de alimentación que integren todas estas dimensiones.

Esta falta de visión integral favorece estrategias que no consideran todas las piezas del sistema y que pueden tener efectos secundarios inesperados como, por ejemplo, si se establece un plan para erradicar el hambre a costa de una mayor degradación medioambiental. Es muy probable que esta degradación tenga, al tiempo, un impacto nocivo en nuestro sistema alimentario. En el mejor de los casos, no tener una perspectiva holística hace que se pierdan oportunidades de generar sinergias entre distintos sectores para favorecer el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París de forma paralela.

En los últimos 60 años, la población mundial ha crecido a más del doble. Además, los efectos de las crisis simultáneas a las que nos hemos enfrentado en los últimos dos años, incluyendo la pandemia, la emergencia climática y los conflictos armados, han revertido muchos de los éxitos conseguidos para garantizar la seguridad alimentaria. En mayo, el secretario general de Naciones Unidas lanzaba un mensaje de alerta en la Conferencia Ministerial sobre la Seguridad Alimentaria Mundial: en los últimos dos años, el número de personas que se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria se ha duplicado, llegando a 276 millones en 2022.

Lamentablemente, incluso en aquellas regiones en las que se ha podido satisfacer la demanda, este logro ha tenido un impacto muy alto en los ecosistemas. Según un informe especial sobre la desertificación del IPCC, el sistema agrícola ocupa casi 43% de las tierras libres de hielo y desiertos del mundo. Además, sabemos que en torno al 25-30% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global son generadas por el sistema alimentario y que este sistema está conectado con la drástica pérdida de biodiversidad.

En torno al 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global son generadas por el sistema alimentario

Por todo ello, es urgente que los países hagan una reflexión integral combinando todos los objetivos internacionalmente acordados e ideando estrategias a largo plazo que permitan la consecución de todos ellos (y no de unos a costa de otros). Este tipo de estrategias son posibles y pueden mostrar cómo los sistemas alimentarios y de uso de la tierra podrían llegar a contribuir no solo a erradicar el hambre, sino también a cumplir los ODS, las metas de mitigación climática del Acuerdo de París y los objetivos mundiales de la Convención sobre la Diversidad Biológica. Estas estrategias, que se abordaron durante las jornadas de unoconcinco, los primeros encuentros de la alimentación sostenible en España, se pueden definir usando herramientas de modelización rigurosas que incorporan además la participación de grupos de sociedad civil, expertos y sindicatos.

La Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (SDSN) participa en el Consorcio FABLE, una red global de organizaciones estatales de investigación que desarrollan estrategias alimentarias y de uso de la tierra a escala nacional alineadas con objetivos globales. Este elabora rigurosas herramientas de modelización para comprender si existen trayectorias sostenibles a nivel nacional y global que permitan la consecución de estos importantes objetivos de manera simultánea.

Así, fomenta la resolución de problemas y el aprendizaje iterativo entre países, que se realiza a través de maratones de escenarios, compartiendo así herramientas abiertas y aprendizaje de políticas entre países que enfrentan desafíos similares. No olvidemos que no solo se trata de integrar los impactos de unos sistemas en otros a nivel nacional, sino que, además, estas trayectorias tienen que ser coherentes con los flujos comerciales. Esto es importante puesto que, al igual que los impactos medioambientales, los sistemas alimentarios nacionales son profundamente dependientes de otros países.

Los efectos de las crisis simultáneas a las que nos hemos enfrentado han revertido muchos de los éxitos conseguidos para garantizar la seguridad alimentaria

Las investigaciones de este consorcio concluyen que existe una diferencia notable entre las trayectorias actuales y lo que sería una trayectoria sostenible. Es más, se demuestra que, si seguimos en la trayectoria actual, seremos incapaces de cumplir estos ambiciosos objetivos. Además, si continuamos en las trayectorias de producción de alimentos actuales, se perderá con creces la oportunidad de mantener los niveles de biodiversidad establecidos por los científicos para garantizar el funcionamiento de los ecosistemas, poniendo en riesgo nuestra mera supervivencia. Afortunadamente, se observa que a través de acciones decisivas y con una mayor ambición política, sí que se podrían conseguir estos objetivos asumiendo una trayectoria sostenible que ponga en primer plano el logro de los objetivos del Acuerdo de París y el ODS 15 sobre la protección, restauración y uso sostenible de los ecosistemas terrestres en riesgo.

Los rigurosos modelos concluyen que cambiar a dietas más saludables, aumentar la productividad agrícola y ganadera, limitar la expansión agrícola y restaurar tierras degradadas son acciones esenciales para poner a los países en una trayectoria sostenible en línea con los objetivos globales para proteger la biodiversidad y abordar la mitigación climática, sin comprometer la seguridad alimentaria. En particular, la investigación realizada por FABLE ha demostrado que una transición hacia dietas más saludables podría transformar nuestros sistemas alimentarios y tener efectos importantes en el uso de la tierra, las cadenas de valor de los alimentos y los patrones comerciales. También pueden ayudar a cumplir los objetivos del Acuerdo Climático de París. En concreto, los modelos alimentarios más saludables podrían ayudar a reducir hasta la mitad de las emisiones que produce la agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra y disminuir la pérdida de bosques un 20% hasta el 2050.

Será imprescindible anticiparse con propuestas de usos positivos de la tierra

La alimentación está intrínsecamente ligada a la cultura y al entorno medioambiental del país. Por ello, en estos ejercicios del consorcio FABLE, cada equipo diseñó escenarios de alimentación saludable y sostenible de acuerdo con su contexto, normas culturales y preferencias. Esto será imprescindible para garantizar el éxito de las trayectorias propuestas. Además, hay al menos dos factores decisivos que requieren amplios consensos para acometer una transformación del sistema agroalimentario con éxito: por un lado, es imprescindible anticiparse a los cambios de demanda para asegurar la viabilidad agronómica. Por ejemplo, en países para los que las dietas requieran menos productos cárnicos y más frutas, hará falta hacer ajustes como nuevas rotaciones de cultivos debido a cambios significativos en su distribución en las tierras de cultivo, nueva infraestructura de riego, así como la reorganización de las cadenas de valor de los alimentos. En ese escenario, la reducción de áreas de tierras ganaderas puede también llevar a la despoblación y a un descuido de los medios de vida rurales.

También será imprescindible anticiparse a esto con propuestas de usos positivos de la tierra, incluyendo aquellos que aporten beneficios ambientales como el secuestro de carbono y el retorno de la biodiversidad, con programas de reforestación y restauración de tierras como parte de las estrategias climáticas, de desarrollo del turismo sostenible y de biodiversidad. Estamos en un punto de inflexión en el que empezamos a experimentar las devastadoras consecuencias de no seguir una trayectoria sostenible, pero aún no es demasiado tarde para diseñar una trayectoria que sea coherente con los objetivos que hemos asumido. La ciencia nos garantiza que podemos abarcar la seguridad alimentaria de forma sostenible, solo tenemos que decidir que ha llegado el momento de hacerlo.


María Cortés Puch es vicepresidenta de Redes de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU.

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