Economía

«El riesgo climático es un riesgo de inversión»

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Noemí del Val
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05
Sep
2022
Blackrock

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Noemí del Val

BlackRock es un gigante (‘El Gigante’, con mayúsculas) de la inversión mundial. Gestiona cerca de 8,5 billones de dólares globales, lo que representa un 20% más que la suma del PIB de Alemania y Francia juntos. Pero lo interesante no es la cantidad, sino que gran parte de este dinero se está moviendo con criterios ESG. Por eso, hablar con Aitor Jauregui, responsable de BlackRock en Iberia, es una gran ocasión para entender por qué esta firma es uno de los grandes motores de la sostenibilidad en el mundo. 


En 2021 administrabais activos valorados en 8,5 billones de dólares. Se dice pronto: casi siete veces el PIB de España, un 20% más que la suma del PIB de Alemania y Francia. ¿Qué dicen estos datos?

A cierre de junio de 2022 los activos que gestionamos globalmente son de 8,5 billones de dólares. Obviamente hay una disminución de patrimonio motivada por varios motivos: por una parte, por la situación geopolítica; por otra, la valoración de mercado, tanto de renta fija como de renta variable, que cayeron en el primer semestre con una correlación muy alta no vista en los últimos cuarenta años. Por último, el ‘efecto divisa’, especialmente debido a la apreciación tan fuerte del dólar.

¿Cuál ha sido el papel del movimiento de la inversión sostenible para impulsar la sostenibilidad? Desde mi punto de vista, hay un antes y un después en vuestro rol y, en términos generales, de la inversión sostenible. ¿Cuánto habéis contribuido como inversores al lanzamiento de la sostenibilidad?

Hemos contribuido y seguiremos contribuyendo, dada nuestra responsabilidad fiduciaria con nuestros clientes. En última instancia, somos inversores de largo plazo que velamos por el interés de nuestros clientes. Y con esa misión lo que pretendemos es que, en aquellos encuentros que mantenemos con compañías, siempre representando el interés de nuestros clientes, tratemos de ayudarles a que alcancen sus objetivos de negocio. Esto incluye, en nuestra opinión, tener buen gobierno corporativo y gestionar los riesgos y las oportunidades medioambientales y sociales. Entonces, ¿cuál ha sido nuestro papel? Para nosotros hay un punto de inflexión importante y es cuando en 2008 nos adherimos a los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas. Es ahí cuando ya empezamos a integrar también la sostenibilidad en procesos de inversión. Pero también es muy cierto que algo que ha tenido muchísima repercusión han sido las cartas anuales de nuestro consejero delegado, Larry Fink, a los CEOs. Empezó a publicar estas cartas anuales en 2012, siempre velando por el largo plazo. En realidad, siempre ha tratado aspectos que revisten de importancia a la generación de valor a largo plazo.

De todas esas, muy comentadas en el mundo de la sostenibilidad, ¿cuáles han sido las más relevantes?

La de 2018, donde comenzó a hablar de la importancia del propósito, supuso un antes y un después porque empezó a trasmitir la idea de que la sostenibilidad también es una consecuencia de un propósito bien definido. En 2019 siguió con la temática, poniendo de manifiesto la interrelación entre el propósito y el beneficio porque no puede haber propósito sin beneficio, ni beneficio sin propósito. Y luego, claramente, la carta de 2020, donde vino a decir que el riesgo climático constituye un riesgo de inversión y que acarrearía una importante resignación del capital.

«Tenemos un deber fiduciario con nuestros clientes»

La de 2016 hace una primera referencia expresa a la sostenibilidad, pero las tres que mencionas son clave, como bien has dicho. Pero… ¿crees que el verdadero porqué de prestar atención a la sostenibilidad es ese riesgo en la depreciación de los activos?

Sí. Ya he comentado que nosotros al final lo que tenemos que hacer es velar por el interés de nuestros clientes. Y somos unos firmes creyentes de que la sostenibilidad, en sentido amplio, aporta una mayor rentabilidad ajustada al riesgo a largo plazo. El componente del largo plazo siempre es importante. Si analizamos periodos de mercado muy concretos no necesariamente tiene por qué ser el caso. Permíteme que te dé un par de ejemplos, pero en un periodo de tiempo muy corto. Como caso favorable, en marzo-abril de 2020, incluso durante el segundo trimestre de 2020, los mercados de renta variable cayeron dramáticamente (un 34% en el caso de Estados Unidos). Eso era algo que no habían visto desde la Gran Recesión –casi 90 años antes– y fue consecuencia del shock de la pandemia y la repercusión que podía tener en diferentes sectores de actividad. Pues bien, en ese caso los indicadores sostenibles tuvieron una mejor rentabilidad ajustada al riesgo y un mejor retorno que los índices genéricos. A principios de este año, por otro lado, tuvimos que hacer frente al aumento de los precios de la energía. Ahora bien, si nos abstraemos del corto plazo y de su volatilidad, hay muchas métricas que nos permiten afirmar que los activos vinculados a la sostenibilidad pueden aportar una mejor rentabilidad ajustada al riesgo. Por tanto, el riesgo climático constituye un riesgo de inversión. Hay que ponerlo con perspectiva, porque la carta de Larry Fink se difundió en enero de 2020 y cuatro semanas después vino una pandemia que nadie esperaba. Es cierto que nosotros hicimos la reflexión en su momento –¿será el riesgo climático, en un contexto como el actual, un riesgo?– y realmente no solo se produjo esa resignación del capital, sino que se aceleró esa transición hacia activos sostenibles en la industria de gestión de activos. Por eso, creo que 2020 fue realmente el punto de inflexión.

Déjame que vaya un poco más allá. Algunos os han acusado de ser activistas y, en la última carta, Fink dice básicamente que «nosotros no somos activistas ambientales, nosotros velamos básicamente por los intereses de nuestros clientes…». ¿Sería ese el plan?

Sí. Tenemos un deber fiduciario con nuestros clientes, de hecho: al ser inversores activos lo que hacemos es velar por esos intereses en el largo plazo frente a un activismo más táctico y, dada nuestra estructura de soluciones de inversión con gestión activa, gestión indexada y demás, podemos permanecer estratégicamente y a largo plazo invertidos en muchas compañías que forman parte de muchos índices. Es por ello que mantenemos encuentros recurrentes a través de nuestro equipo de Stewardship, un equipo importante porque se encarga de los encuentros con las empresas en cuestiones que creemos que ayudarán a obtener rendimientos duraderos y a largo plazo para nuestros clientes. Es el mayor equipo de Stewardship que hay en la industria de gestión de activos. Tenemos más de 70 profesionales que mantienen reuniones recurrentes y reciben de alguna manera ese feedback loop de cómo está evolucionando la compañía, definiendo su estrategia para alcanzar sus objetivos sostenibles, y es lo que realmente es diferencial en nuestra manera de actuar con las compañías en las que invertimos en nombre de nuestros clientes.

«La sostenibilidad, en el sentido amplio, aporta una mayor rentabilidad ajustada al riesgo a largo plazo»

Cuando analizáis una empresa, ¿tenéis en cuenta la información pública? ¿Por ejemplo, que forme parte del Dow Jones Sustainability Index (DJSI), del FTSE o de algún otro índice? ¿O, por el contrario, utilizáis vuestros propios criterios de análisis? 

Utilizamos toda la información que hay disponible. Desde luego, si forman parte de los índices, como es el caso, nosotros automáticamente en muchas de ellas tenemos que tener posición y ser inversores estratégicos sí o sí. Para explicarlo un poco mejor. En nuestras estrategias de gestión activa el gestor tiene discrecionalidad a la hora de decir en términos relativos «me gusta más esta compañía frente a los peers del sector». En nuestras estrategias de gestión indexada, que provienen del negocio de ETFs y de fondos indexados, tenemos que estar invertidos en esas compañías mientras estén en un índice, independientemente de nuestra opinión sobre ellas. Además, tenemos que incrementar o reducir el peso en esas compañías principalmente porque puede hacer que el índice varíe. Por ejemplo, un banco que forme parte de un índice del sector financiero varía su peso si reduce la ponderación total en el índice.

Claro, es lo que ocurrió en el sector de las telecomunicaciones, donde que hace años había catorce y luego ese número se redujo a la mitad porque perdieron capitalización bursátil. 

Exacto. Entonces si te cambia el peso de esa Telco, obviamente tienes que ajustarte. Pero la segunda derivada te viene también por el propio crecimiento de tus fondos, es decir, nuestros fondos o ETFs. Si crecen porque hay demanda de clientes tenemos que recomponer el peso, y eso realmente es lo que marca nuestro posicionamiento. También obtenemos información sobre las empresas a través de nuestro sistema propietario de gestión de riesgos, Aladdin. Yo creo que esto es importante porque es diferencial en nuestro modelo de negocio. En el momento en que BlackRock se funda, en 1988, se hace con una motivación muy clara: crear una gestora de activos donde la gestión del riesgo y la tecnología sean de alguna manera la columna vertebral de toda nuestra actividad. Y esa tecnología la hemos ido nutriendo y hemos ido reinvirtiendo en ella a medida que la compañía ha ido creciendo orgánica e inorgánicamente. Entonces, por ejemplo, en lo que respecta a los riesgos físicos o riesgos de transición –riesgos climáticos– desarrollamos una capacidad propietaria que es Aladdin Climate donde, apoyándonos y nutriéndonos de fuentes de datos como MSCI, Reprisk, vamos actualizando toda la información que hay disponible de esas empresas. Por ejemplo, tenemos una alianza estratégica con Clarity AI. En lo que respecta a criterios medioambientales, tienen muchísimas métricas que utilizamos a la hora de analizar los riesgos y rentabilidad de esas exposiciones.

Una pregunta respecto del uso de la información disponible. Si una compañía, por ejemplo, un año es excluida del Dow Jones, ¿supone para vosotros un criterio de exclusión?

No, no necesariamente. Es un input más.

Pondera lo que pondera…

Efectivamente. Nosotros, si estamos invertidos en esas compañías, y porque tenemos esas capacidades propietarias a través del equipo de analistas, lo que hacemos es monitorizar el progreso de esas compañías. Es importante la monitorización del progreso. Aquí cuando hablamos de que la transición energética hacia una economía con cero emisiones netas debe ser justa y equitativa porque esa transición va a llevar décadas, lo que pretendemos es ayudar y acompañar a las compañías en esa transición. Dado que somos inversores a largo plazo, con la mayor parte de nuestras participaciones en estrategias indexadas, no desinvertimos en ningún sector de actividad, ya que muchas industrias intensivas en carbono desempeñan un panel muy importante en la economía global.  Hay ejemplos muy buenos de compañías españolas también y de sectores muy concretos que están evolucionando mucho sus diferentes líneas de negocio y su estrategia para alcanzar esas cero emisiones netas antes de 2050. Pero hay que acompañarlas.

¿Te inclinarías por algún indicador en concreto?

Es un cúmulo de cosas. Nosotros tenemos nuestras prioridades de engagement. Cuando mantenemos encuentros con compañías, lo primero que tratamos de monitorizar es la composición del consejo, su calidad del consejo, los backgrounds de los consejeros… Para nosotros, en consejos tiene que haber diversidad y, a diferencia de lo que sucedía hace seis años cuando había una vertical de sostenibilidad, ahora tiene que abordarse de forma horizontal o transversal. Es importante identificar si en el comité de dirección se habla el mismo idioma cuando se habla de sostenibilidad y si es únicamente el director de sostenibilidad el que mantiene esas posiciones. En eso ha habido un cambio drástico.

Por lo que dices, la gobernanza es clave.

El asunto del gobierno corporativo es, probablemente, lo primero que se analiza. Antes de estudiar la relación de esa compañía con el clima, con el capital natural –que también lo analizamos–, o incluso la relación de esa compañía con las comunidades en las que opera, que nos lleva más al aspecto social (es decir, cuál es la relación de la compañía con los diferentes stakeholders; no solo los accionistas, también los empleados, los proveedores, los clientes y la comunidad en la que opera). Analizamos un cúmulo de cosas que realmente creemos que se tienen que ir cumpliendo para que una compañía pueda ser capaz de cumplir su propósito y ser duradera y sostenible en el largo plazo.

En 2018, la Unión Europea lanzó el Plan de Acción para financiar el crecimiento sostenible. A partir de ahí se puso en marcha todo un proceso regulatorio que daría lugar a la taxonomía, cuyo objetivo es canalizar fondos públicos y privados para financiar la transición hacía una economía net zero en 2050. Parece que ha funcionado hasta ahora porque, según los datos de Global Sustainable Investment Review seguro que los tuyos son mejores, en junio de 2021, uno de cada dos euros estaban investidos en fondos con criterios ESG. ¿Cómo de determinante ha sido este tsunami regulatorio para cambiar el modelo de inversión hacia la sostenibilidad? ¿Hubiera cambiado tanto y rápido el modelo sin paquete regulatorio?

No. Entendemos que la regulación ha jugado un papel fundamental para tener criterios homogéneos a la hora de analizar lo que es sostenible y lo que no.

«La regulación ha sido fundamental para tener criterios homogéneos a la hora de analizar lo que es sostenible y lo que no»

O sea, que ha servido para contar con criterios homogéneos.

Sin duda. Y creo que, así como cuando se empezaba a hablar de sostenibilidad en nuestros encuentros con las compañías se hablaba de escasez de métricas, creemos que el hecho de que haya habido una taxonomía que obviamente va a seguir evolucionando (esto es un camino para alcanzar hitos muy concretos, concretamente en descarbonización, entre 2030-2050) ha ayudado mucho a tener criterios homogéneos. En todo caso, la taxonomía aún tiene que evolucionar mucho. Pero creo que vamos por el buen camino. Ha habido taxonomía en normas contables de sostenibilidad, TCFD (Grupo de Trabajo de Información Financiera relacionada con el clima) o el SFDR (Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles), en lo que respecta a la categorización de productos en nuestra industria de gestión de activos, que da transparencia para que el inversor minorista, pero también el institucional, pueda tomar decisiones mejor informadas. El SFDR ayuda a saber si un producto en concreto tiene criterios de sostenibilidad en su proceso de inversión y promueve las características ESG conforme al artículo 8, o tiene objetivos específicos y concretos de inversión sostenible y alineados con los ODSs, por ejemplo, que sería el artículo 9.

En materia de la taxonomía, la europea posiblemente sea la más avanzada. No obstante, me sorprendió saber que, en estos momentos, hay 26 proyectos de taxonomía en el mundo y 6 ya en derecho normativo. ¿Crees que al final vamos a tener una especie de taxonomía globalizada por la vía de la inversión global?

Pues está por ver, pero tendría sentido.

Sí, porque después de la covid y de la dependencia que hemos demostrado de las cadenas de suministro de China, quizá la globalización cambie…

Incluso empezando por el drama humanitario que estamos viviendo en Ucrania, que yo creo que cambia muchas relaciones geopolíticas. También, desde luego, la seguridad energética y los lazos que tienen los países entre sí se han puesto de manifiesto. Ahora estamos viendo cómo muchos países están cambiando de alguna manera sus relaciones en ese sentido, empezando por los proveedores de energía. Pero dejando de lado el tema geopolítico, en un contexto más globalizado donde muchas compañías con las que tenemos encuentros operan internacionalmente, aún vemos cómo el mundo lleva distintas velocidades en lo que respecta a la sostenibilidad.

Te has referido al SFDR, en concreto a los productos relacionados el artículo 8, conocido coloquialmente como ‘verde claro’ (aquellos que incluyen criterios ESG), y por otro, el artículo 9 o ‘verde oscuro’, la ponderación más alta de la normativa europea (aquellos que podrían denominarse de impacto). Los fondos verde oscuro apenas representa un 1% del total… ¿Qué necesitan los fondos del artículo 9 para tener una mayor relevancia?

Los fondos de impacto van a crecer, pero hace falta que sigamos promoviendo la educación financiera. Esto es parte de nuestro propósito y de nuestra misión, que es que cada vez más personas alcancen su bienestar financiero. Cuando hablo de «educación financiera», hablo en un sentido amplio, refiriéndome al beneficio que pueda aportar estar invertido frente a estar en liquidez en un contexto de inflación con tasas al 10%, por ejemplo. Tenemos que seguir hablando de por qué es importante estar invertido para el largo plazo, de cara a la jubilación, entre otras cosas. Volviendo al impacto, yo creo que hay muchos avances para que ese porcentaje crezca y aquí, como todo, lo importante es que haya métricas para medir realmente el impacto. Lo que es importante es la materialidad, es decir, si entendemos por materialidad que al menos el 50% de los beneficios provengan de productos y servicios que realmente quieran, o se desarrollen, para velar por criterios medioambientales o sociales.

«Hay un consenso brutal a la hora de subrayar el principal reto al que se enfrentan los inversores a la hora de integrar la sostenibilidad: la escasez de métricas»

Es clave a la hora de hablar de impacto. Sin embargo, nosotros hicimos una encuesta a inversores institucionales en 2020 donde les preguntamos, entre otras cosas, cuál era el principal reto al que se enfrentaban a la hora de representar e integrar la sostenibilidad en sus procesos de inversión. Y había un consenso brutal: el 53% dijo que era la escasez de métricas. Entonces, en la medida en que se pueda medir realmente cuál es el impacto material, cuáles son los KPIs que hay que analizar, cuál es el retorno financiero motivado por el impacto de esa compañía en la sociedad o en el medio ambiente, eso crecerá. Y lo que en un momento era más factible para el mundo de los mercados privados o el mundo de la renta fija –si analizamos las clases de activos estamos viendo que, cada vez más, en el mundo de los mercados públicos– la inversión de impacto está siendo más relevante.

Conclusión: lanzamos el reto de tesis doctorales vinculadas a las métricas de inversión de impacto.

¡Lo promoveré!

Vamos a otra parte. Hablabas Ucrania y de los problemas de gas. Pues bien, la taxonomía, en el último acto delegado, reconoció tanto el gas como la energía nuclear como actividades taxonómicas. Y la Unión Europea ha anunciado una moratoria en los objetivos de emisión en la estrategia Safe for gas, safe for winter. Esta situación de transitoriedad, ¿cómo la veis?¿Vais a modificar vuestras ambiciones?

No. Nuestra estrategia es la misma: promover una economía con cero emisiones netas para 2050. Pero nuestro objetivo no es crear un resultado social concreto, sino ayudar a nuestros clientes a cumplir sus objetivos de inversión y creemos, por ello, que abordar el riesgo climático en sus carteras es una parte importante. Por eso seguimos analizando alcance uno y dos a la hora de mantener encuentros con compañías… Lo que sí que hemos dicho es que, a corto plazo, dado el contexto que estamos viviendo –motivado, entre otras cosas, por los problemas de oferta y las cadenas de suministro con la reactivación tras la covid, por un lado, y, por otro, por lo que está aconteciendo en Ucrania y en Rusia y el impacto que esto tiene en la energía–, tenemos que asegurarnos de que esta transición sea justa y equitativa. ¿Qué supondrá todo esto? Habrá economías emergentes seguirán dependiendo de los hidrocarburos. Pero lo que puede suceder es que, ante precios del petróleo tan elevados, algunas economías acudan al carbón. Por eso creemos que el gas tiene que jugar un papel fundamental en la transición energética. Ahora bien, aunque seamos optimistas, una de las consecuencias de unos precios tan elevados es que la prima verde se ha reducido. No obstante, hablábamos de la importancia de invertir en nuevas tecnologías para alcanzar la descarbonización. Hace dos años, con el precio del petróleo a 40 dólares, invertir en esas nuevas tecnologías era muy costoso; no era rentable. Ahora hay muchas sí lo son. Y, además, todavía queremos seguir invirtiendo en descarbonización y nuevas tecnologías porque entendemos que hay un porcentaje muy elevado de nuevas tecnologías que marcarán el viaje de la descarbonización. Pero, insisto: somos inversores activos, no activistas, y aunque invertimos a largo plazo, tenemos que entender la situación de corto plazo que estamos viviendo.

¿En esta situación actual va a haber un parón en la consecución de los objetivos de París o, más bien al contrario? El ministro alemán de finanzas dice que va a acelerar. Los franceses dicen que va a retrasar. ¿Cómo lo ves tú?

Creemos que lo va a acelerar. De la misma manera que hablábamos de la resignación del capital que esto va a acarrear, creemos que lo va a acelerar por lo que decía antes de las primas verdes. Sí que es cierto que, con un contexto como el actual, lo que estamos viendo es que, por un lado, los países que son netamente exportadores de energía tienen que producir más energía (Estados Unidos, por ejemplo, está exportando más gas), mientras que, por otro lado, los países netamente importadores tienen que seguir invirtiendo, impulsando la inversión en energías renovables y tecnologías que ayuden a alcanzar esos objetivos. Y lo estamos viendo. Alemania, por ejemplo, ha declarado que, para 2035, su mix energético será 100% renovable. Con lo cual está adelantando sus objetivos respecto a 2050. Creemos que eso va a ser la tónica habitual.

Ese debate está en el mercado: «olvidémonos de la ambición y seamos pragmáticos». Y los otros dicen: «aceleremos, porque si no estamos muertos».

Claro, y se suman los temas de dependencia energética y seguridad, que no es únicamente energética, sino que es ya seguridad nacional…

«Si hay algo que se ha elevado en la gobernanza a lo largo de los últimos dos años, motivados por la pandemia y por la crisis humanitaria en Ucrania, eso es la parte social»

Te agradezco mucho esa visión optimista, porque últimamente se está instalando una muy pesimista. Como sabes, en este momento se están ultimando los estándares de reporte en materia no financiera. Europa ya tiene un acuerdo sobre la futura despliegue de futura Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) y los estándares europeos basados en el EFRAG.  ¿Entiendo que vosotros desde BlackRock apostáis por TCFD?

Todo lo que promueva la transparencia, la simplicidad de datos, lo vamos a apoyar. Y respecto al tema de homogeneidad de criterios y métricas, es precisamente por eso por lo que abogamos por TCFD: creemos que proporciona un marco eficaz para la presentación de informes de sostenibilidad a nivel global –no solo para el clima– debido a su relativa simplicidad y coherencia. Somos conscientes de que en Europa, y en base a diferentes sectores de actividad, hay entidades que se basan en otros criterios, pero creemos que debemos abogar por criterios homogéneos.

Lo único que ocurre es que TCFD tiene más foco en el clima y CSRD tiene también un foco social y la gobernanza. Aunque TCFD sí incluye la gobernanza relacionada con los aspectos climáticos, los aspectos sociales quedan un poco fuera.

Sí. Pero, dicho esto, si hay algo que se ha elevado en los últimos dos años motivados por la pandemia y por la crisis humanitaria en Ucrania, es la parte social. Por eso estamos desarrollando también muchas soluciones de inversión para nuestros clientes con ese componente social.

Y ya para terminar. En tu opinión, y previendo la evolución de los estándares de reporte en materia no financiera, ¿crees que finalmente la información no financiera o de sostenibilidad llegará a ser equiparable a la información financiera en todos sus aspectos (aseguramiento, sistemas de control e información, etc)?

Sí. Los criterios no financieros están a la orden del día al analizar el comportamiento de cualquier compañía.

Ahora estamos asistiendo a un debate sobre si habrá un aseguramiento razonable de la información no financiera. El consenso general es que va a pasar. La única diferencia es que no ha un acuerdo sobre el cuándo: unos hablan de 2027, otros de 2028, otros de 2030. Pero yo creo que el aseguramiento razonable de la información no financiera va a llegar. ¿Tú qué piensas?

Nosotros también lo vemos así y, como decía, esto es un viaje con una serie de hitos. Yo creo que marcarse hitos a más corto plazo, como pueden ser objetivos a 2030, favorece que la taxonomía también avance en ese sentido. Por ejemplo, ahora con los criterios de idoneidad en lo que respecta a nuestra industria en agosto, o con el Nivel 2 SFDR, se van a alinear intereses y criterios para que todos hablen el mismo idioma. Y los criterios no financieros entendemos que van a ser muy relevantes. Para acabar diría que nosotros, desde nuestro punto de vista, seguimos promoviendo en la industria de gestión de activos soluciones y estrategias para apoyar la descarbonización. Por lo tanto, vamos a seguir ofreciendo soluciones de inversión a nuestros clientes para alcanzar esos objetivos.


Estas entrevistas se enmarcan en un acuerdo entre Ethic y la Asociación Española de Directivos de Sostenibilidad (DIRSE).

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