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Reforestar para sembrar esperanza

Restituir los bosques no solo permite contribuir a la absorción del CO2 de la atmósfera, sino que también mejora la salud de las personas, protege la biodiversidad y potencia el desarrollo económico local y arraigado.

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Inmerso en plena lucha por frenar el cambio climático, el mundo se ha dado de bruces contra una verdad irrefutable: según han demostrado –de nuevo– los expertos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), todavía tenemos camino por recorrer para frenar a tiempo las consecuencias más graves del calentamiento global. Pese a la efectividad de algunas de las medidas planteadas y la concienciación generalizada de la población, hace falta pisar el acelerador con determinación para encontrar nuevas fórmulas que nos permitan reducir los índices de contaminación y proteger así a un planeta cada vez más degradado. En la lista de propuestas resalta una que se aleja del resto debido al gran impacto positivo que genera, tanto a nivel climático como a la hora de proteger la biodiversidad y mejorar la vida de las personas: la reforestación.

Perpetuar los servicios ecosistémicos permite mantener los recursos naturales que los bosques nos brindan

A primera vista, plantar árboles puede parecer una medida poco revolucionaria, pero los datos demuestran que es una de las formas más eficientes, además de natural, para recuperar la estabilidad de los ecosistemas. Dado que las plantas tienen la capacidad de absorber el dióxido de carbono en sus tejidos y evitar que este permanezca en la atmósfera, esta función, ante unos índices de gases contaminantes por las nubes, es una auténtica ventaja. En este sentido, algunos estudios recientes han revelado que una reforestación global –sin alterar suelos agrícolas y urbanos– podría llegar a absorber hasta un 25% de los niveles actuales de carbono. Hablamos de un giro radical de los acontecimientos con respecto a la lucha contra el cambio climático y una situación que, al margen del propio planeta, beneficiaría considerablemente a innumerables comunidades afectadas por la contaminación.

Pero hay otros beneficios complementarios a la capacidad de absorción de CO2 que hacen de la reforestación una vía más que prioritaria. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el 80% de las especies animales y de las plantas terrestres viven en bosques, por lo que contribuir a proteger y restaurar estos hábitats no hace más que impulsar una biodiversidad que en las últimas décadas se ha visto considerablemente reducida.

Por otro lado, y centrándonos más en el beneficio que pueda tener la reforestación para la sociedad, perpetuar los servicios ecosistémicos contribuye a mantener los recursos que los bosques nos brindan, lo cual garantiza el sustento de comunidades en claro riesgo de exclusión y cuyo negocio principal parte de la naturaleza. Y, por si fuera poco, sumar más bosques al planeta ayuda a promover la salud humana, reduciendo considerablemente el estrés, previniendo la obesidad y la diabetes y fortaleciendo sistema inmunológico.

Ante semejante abanico de bondades, recuperar la vegetación perdida se convierte en una de las principales líneas de acción contra el cambio climático. Por ello, los expertos insisten en que las instituciones públicas potencien las inversiones en la reforestación, al ser las encargadas de velar por la salud de las personas sobre las que gobiernan y las responsables de resolver los retos del presente y futuro del planeta.

Sin embargo, desde el tejido empresarial, las entidades privadas también deben sumar su granito de arena y colaborar en ello, pues el beneficio es también económico: instalados en un proceso de descarbonización vital para el planeta y nuestras sociedades, plantar árboles puede ser una medida más que positiva a la hora de que ciertas compañías compensen sus niveles de emisiones.

Bosques y recuperación de la biodiversidad

Crear capital natural

Lejos de quedarse en la teoría, este compromiso por parte del sector privado ya tiene sus ejemplos en la práctica. Es el caso del Bosque Naturgy, el primer bosque corporativo creado por la multinacional energética con el objetivo de contribuir a la creación de capital natural y generar ecosistemas autóctonos que permitan avanzar hacia la ansiada neutralidad climática. La iniciativa, impulsada junto con Bosquia Nature, recupera zonas degradadas de Galicia plantando árboles de especies autóctonas que garantizarán un arraigo y un desarrollo como el que se registra en el medio natural, recuperando así la firmeza del ecosistema.

Este proyecto de reforestación, el cual se certificará y registrará próximamente en el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico como parte del compromiso Net zero de la empresa para 2050, cuenta a su vez con la certificación internacional FSC, que garantiza la gestión del nuevo bosque con criterios de biodiversidad y beneficios para la población local, otra de las grandes premisas bajo la que Naturgy ha decidido lanzar esta iniciativa. De esta manera, la compañía energética, que en 2021 desarrolló 302 iniciativas de biodiversidad a nivel internacional, continúa sumando proyectos a su cartera de capital natural, sentando las bases de una línea de trabajo que debe ser adoptada por el resto de empresas a fin de lograr los objetivos comunes de los próximos años.

Y es que, como ha quedado patente en otras situaciones similares a la que se ha enfrentado la sociedad moderna, solo con el trabajo coordinado podrán superarse los desafíos del futuro. Ante un planeta más necesitado de soluciones que nunca, la apuesta por proyectos efectivos desde el plano público y privado cobra una relevancia capital.

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