Doble evolución, dobles deseos, doble felicidad

Nunca fuimos una especie consolidada que se dedicó a crear, sino una especie balbuciente que al crear cultura se fue haciendo a sí misma. Ya sabemos que la evolución se ha producido por la acción combinada de mutaciones y de selección natural, pero posteriormente se le añadió una tercera fuerza evolutiva cada vez más poderosa: la capacidad de aprender.

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09
Jun
2022
evolución

Desde El Panóptico, se contempla un mundo a dos velocidades: tecnológicamente muy avanzado, pero mentalmente anclado en programas ancestrales. La guerra de Ucrania es una prueba evidente. La tecnología más sofisticada está puesta al servicio de mecanismos psicológicos y sociales muy antiguos: el afán de poder, la violencia para resolver conflictos, la invasión, la venganza, el asedio, la huida, la muerte. Para completar este antiquísimo paisaje solo falta que aparezca la hambruna. Nos matamos de manera más científica y eficiente. Somos seres movidos por deseos y por emociones muy antiguos, que manejamos herramientas físicas y mentales muy modernas.

En Biografía de la inhumanidad me pregunté si nuestros comportamientos morales son tan solo un barniz con el que maquillamos una naturaleza brutal. Eso explicaría los colapsos éticos que sufrimos periódicamente, las regresiones civilizatorias. La arquitectura de nuestro cerebro aclara esa conjunción de novedad y vetustez. Unas estructuras afectivas muy antiguas conviven con unas estructuras cognitivas corticales muy modernas.

Si queremos comprender nuestra conflictiva historia, tenemos que estudiar el proceso mediante el que nuestra especie ha ido emergiendo lentamente de unos orígenes animales muy humildes. Ya sabemos que la evolución se ha producido por la acción combinada de mutaciones y de selección natural, a la que se añadió, como una tercera fuerza evolutiva cada vez más poderosa, la capacidad de aprender. Unas pulsiones básicas y una emergente capacidad de pensar fueron construyendo nuestra especie, que desarrolló una capacidad especial: transmitir los aprendizajes a sus crías. Apareció así la cultura. Sapiens y cultura evolucionaron juntos.

Al proceso de evolución marcado por la selección natural se le añadió una tercera fuerza evolutiva: la capacidad de aprender

No fuimos una especie consolidada que se dedicó a crear, sino una especie balbuciente que al crear cultura se fue haciendo a sí misma. Unas innovaciones culturales acabaron por integrarse en nuestro genoma y otras necesitan ser reaprendidas. Esto nos hace protagonistas de una historia conmovedora e incierta. Comprenderla me parece esencial para tomar decisiones sobre el futuro. Necesitamos dos mecanismos de orientación que nos ayuden a dirigir las pulsiones, dos GPS mentales: por un lado, las emociones; por otro, el pensamiento.

Llegamos a la vida dotados de unos programas que se ponen en marcha automáticamente –respirar, comer, dormir, huir del dolor, etc.– y de unos sistemas de dirección para actuar en una realidad que desconocemos. Son pulsiones básicas que nos incitan a actuar. Los antiguos los llamaban apetitos, los psicólogos modernos los llaman motivaciones, y yo voy a utilizar el término pulsiones o deseos. De esta energía básica va a depender nuestra conducta.

Sin embargo, su poder es limitado. Nos lanza hacia el futuro, pero no nos indica el camino. Carecemos de esos mecanismos amartillados que son los instintos. Por eso, hemos necesitado dos mecanismos de orientación que nos ayuden a dirigir las pulsiones, dos GPS mentales: las emociones y el pensamiento. Pero, vuelvo a decir, el secreto de nuestra historia y su evolución está en las motivaciones que nos mueven.

Los psicólogos han intentado catalogar nuestras motivaciones básicas. Por su popularidad mencionaré la jerarquía de motivos elaborada por Abraham Maslow, que me puede servir para aclarar mi posición. Maslow considera que hay pirámide de motivaciones. Las más básicas son las más urgentes de satisfacer: las fisiológicas. Sobre ellas van apareciendo la necesidad de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y prestigio, y, por último, de autorrealización.

Oscilamos continuamente entre el ermitaño y la hormiga

Desde El Panóptico vemos que los humanos hemos estado sometidos a un doble proceso selectivo: individual y grupal. Sigo en esto las propuestas de E.O. Wilson, que escribe: «En la evolución social genética existe una regla de hierro según la cual los individuos egoístas vencen a los individuos altruistas, mientras que los grupos altruistas ganan a los grupos de individuos egoístas, La victoria nunca será completa: el equilibro de las presiones de la selección no pueden desplazarse hasta ninguno de los dos extremos. Si tuviera que dominar la selección individual, las sociedades se disolverían. Si acabara dominando la selección de grupo, los grupos humanos acabarían pareciendo colonias de hormigas. Cada miembro de una sociedad posee genes cuyos productos son afectados por selección individual y genes que lo son por la selección de grupo». Oscilamos entre el ermitaño y la hormiga.

Esta doble selección natural ha dado origen a un ser humano dividido. El pacífico Kant lo reconocía al hablar de la «insociable sociabilidad de los hombres». Eso significa que nos mueven deseos individualistas, centrípetos, y deseos sociales, centrífugos. En la pirámide de Maslow se mezclan ambos. Los fisiológicos, de seguridad, y de autorrealización son individuales. Los de afiliación, pertenencia, reconocimiento y prestigio, son sociales. Unos y otros despiertan dinamismos teleológicos, es decir, orientados a un fin próximo y a un fin lejano.

El próximo es la satisfacción del deseo (comer, dormir, aparearse, etc.). Pero el hecho de que satisfacción de un deseo no extinga los deseos, hace que sintamos que era un simple deseo provisional, no el definitivo.  Si habláramos en términos matemáticos, lo llamaríamos límite hacia el que tiende la función, lo que supone una aproximación indefinida. Como hablamos de psicología, lo denominamos felicidad. La búsqueda de la felicidad es la tendencia al límite de todos los deseos.

Aparece aquí una interesante secuencia afectiva: la doble selección –individual y grupal– ha dado origen a dos líneas de motivación –también individual y grupal– cuyo dinamismo apunta a dos tipos de felicidad –de nuevo, individual y grupal–. Este es el esquema de nuestra historia: las interacciones, confusiones, choques o colaboraciones de la búsqueda de dos tipos distintos de felicidad: la felicidad personal y la felicidad pública. Y la nunca perdida esperanza de conseguir unificar ambas.

Contar esta lucha, a veces enrarecida, siempre compleja, es el argumento de la ciencia de la evolución de las culturas. Un argumento con muchos protagonistas. Volvamos al caso de Ucrania. Simplificando: una persona (Putin) impulsado por motivaciones personales (poder, prestigio, autorrealización) comienza una guerra justificándola como una búsqueda de la felicidad pública (seguridad del pueblo ruso, retorno a la grandeza imperial, etc.). Los combatientes tienen que aparcar su búsqueda personal de la felicidad y sacrificarla para defender la felicidad pública. Lo hacen por miedo, sentido del deber, patriotismo o cualquier otra emoción social. Es fácil darse cuenta de los juegos de creencias, sentimientos, prejuicios, coacciones, falsas justificaciones, heroísmos verdaderos, que se mezclan en esta terrible situación.

Podemos organizar en un esquema algo distinto al de Maslow las pulsiones básicas del ser humano. Las ordeno en tres grupos:

evolución


evolución



Para mostrar la densidad de esta pulsión específicamente humana voy a mencionar un clúster de conceptos relacionados, junto a los autores que los han propuesto:

Dentro del psicoanálisis, Jung afirmo que el motivo radical era la búsqueda de la autorrealización, y Adler el esfuerzo de superación, puesto que «ser hombre significa sentirse inferior». Fromm afirmó que el afán de crear forma parte de las necesidades humanas. Por otro lado, Jean Paul Sartre dijo que le gustaría ser una mezcla de Spinoza y Stendhal, y unir la potencia sistemática con la precisión de las descripciones. Algo así necesita la ciencia de la evolución de las culturas. Un milagro.


Este contenido forma parte de un acuerdo de colaboración del blog ‘El Panóptico’, de José Antonio Marina, con la revista ‘Ethic’.

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