Medio Ambiente

Nuestro planeta ya no será el mismo

La segunda parte del Sexto Informe de Evaluación elaborado por el IPCC detalla los efectos ya evidentes del cambio climático e incide en la urgencia de una reducción de emisiones más ambiciosa para frenar el impacto de esta crisis global que ya pone en alto riesgo a más de 3.500 millones de personas en el mundo.

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01
Mar
2022
IPCC

El calentamiento global medio de 1,1 grados ya ha perjudicado a los ecosistemas globales y el bienestar de millones de personas. Concretamente, casi la mitad de la población mundial –aproximadamente 3.600 millones de personas– vive actualmente en zonas «muy vulnerables» al cambio climático; es decir, en entornos muy expuestos a temperaturas extremas, ciclones, sequías, inundaciones y subidas del nivel del mar.

Esta es la conclusión más alarmante del nuevo informe Cambio climático 2022: Impactos, adaptación y vulnerabilidad, publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas. La segunda parte del Sexto Informe de Evaluación, fruto de siete años de trabajo, vuelve a hacer un urgente llamamiento a la acción, similar a la primera parte publicada en agosto: el tiempo se acaba y necesitamos una actuación coordinada. El cambio climático ya ejerce, a día de hoy, una peligrosa disrupción generalizada en la naturaleza y sus efectos para el mañana –si no se actúa ya– serán todavía peores.

«No hay medias tintas», aseguró a los medios Hoesung Lee, el presidente del IPCC. «El cambio climático constituye una amenaza cada vez más grave para nuestro bienestar y la salud del planeta». En otras palabras, cualquier retraso en la acción contra la crisis ambiental podría marcar la diferencia entre un planeta completamente dañado y uno resiliente y habitable. Las medidas que tomemos ahora serán las que determinen el margen de respuesta en el futuro.

Ante el escenario expuesto por el IPCC, António Guterres, secretario general de la ONU, abordó el estudio como «un atlas del sufrimiento humano y una acusación que apunta al fallido liderazgo en materia climática». «Casi la mitad de la población vive en una zona de peligro, de momento», advierte. Alcanzar los objetivos de no sobrepasar 1,5ºC de aumento de la temperatura global se ha convertido, inevitablemente, en algo ya no esencial, sino crítico.

Si se mantiene todo tal y como ahora, ese objetivo se alejará cada vez más. Como alerta Guterres, se espera que en esta década las emisiones suban en «casi un 14%». «Eso supondrá una catástrofe. Destruirá cualquier posibilidad de mantener vivo el objetivo de los 1,5ºC», ha denunciado.

La raíz del problema

¿Por dónde empezamos? Las conclusiones del IPCC apuntan varios puntos problemáticos. En primer lugar, los efectos del cambio climático se han vuelto cada vez más complejos y han afectando a más áreas de la vida cotidiana. A medida que pasan los años, son más difíciles de reconducir. Y aquí juegan un papel fundamental nuestros modelos de desarrollo, que resultan insostenibles e incrementan el riesgo. «La evidencia científica es inequívoca», concluye Hans-Otto Pörtner, el copresidente del grupo de trabajo responsable.

En segundo lugar, como defiende la institución, a estas alturas el calentamiento global pasará factura incluso si se consigue llegar a los objetivos marcados como deseables en la temperatura del planeta. Los efectos en la biodiversidad, una de las mayores crisis que subyacen a la ambiental, son notables: cientos de especies están en peligro y las cifras apuntan a que esto será cada vez más común en los tiempos que se avecinan.

Con un incremento de 1,5ºC, hasta el 14% de las especies terrestres sufrirán un elevado riesgo de extinción

Necesitamos entornos sanos. Si la temperatura global sube en 1,5ºC, entre el 3% y el 14% de las especies de los ecosistemas terrestres se enfrentará a un elevado riesgo de extinción. Pero, si la subida alcanza los dos grados la horquilla, el porcentaje se verá incrementado hasta el 18%. Si son tres grados –una temperatura muy peligrosa a ojos de los expertos–, lo hará hasta el 29%. «El aumento de las olas de calor, sequías o inundaciones están superando el umbral de tolerancia de plantas y animales, provocando mortalidades masivas en especies arbóreas y en los corales», apunta el macroinforme.

Aunque hay puertas a la esperanza. «Los ecosistemas saludables son más resistentes al cambio climático y brindan servicios críticos para la vida», aseguró Pörtner. «Si conservamos de manera efectiva y equitativa del 30 al 50% del territorio, la sociedad puede beneficiarse de la capacidad de la naturaleza para absorber y almacenar carbono, y podemos acelerar el progreso hacia el desarrollo sostenible». Pero no sale gratis: «La financiación adecuada y el apoyo político son esenciales».

Un desigual reparto de la crisis

Otro de las grandes advertencias de este comité científico es que los efectos –los ya existentes, pero también los futuros– del cambio climático no se repartirán de forma equitativa por el mundo, aunque sí tendrán un eco global: ningún país quedará al margen de estos efectos que se notarán a todos los niveles. La población mundial no solo sufrirá sequías o problemas con los cultivos de alimentos, también verá empeorar su salud física y mental debido a las muertes prematuras, la malnutrición o las enfermedades vinculadas al cambio climático –en continuo aumento–. 

Roberts: «Las ciudades brindan oportunidades para la acción climática y pueden contribuir a una sociedad más justa»

En este sentido, África, Asia, América Central y del Sur, las islas pequeñas –como las del Pacífico– y la zona del Ártico se llevarán la peor parte de los problemas climáticos frente a América del Norte o Europa. Esto ocurre a pesar de que, de partida, las regiones más perjudicadas no son las que tienen más responsabilidad en las emisiones que han acelerado el cambio climático. Por ejemplo, el peso de África en esta cota es mínimo en comparación con el duro golpe que supondrá para sus ecosistemas y su población el calentamiento global.

Como consecuencia, los efectos de la crisis supondrán un agrandamiento en la ya existente brecha entre pobres y ricos, ya que las poblaciones en situación ahora más precaria serán quienes sufran más. Además, el macroinforme deja claro que exceder el límite de 1,5ºC, aunque sea temporalmente, implicará «impactos severos, algunos de los cuales serán completamente irreversibles».

Las ciudades, parte de la solución

Las más de 3.000 páginas del análisis del IPCC parecen no dejar lugar al optimismo. Los responsables del estudio mantienen la unanimidad en la urgencia de actuar ya. Debra Roberts, copresidenta del grupo de trabajo responsable del estudio, alertaba que «es necesario que todos –los Gobiernos, el sector privado y la sociedad civil– colaboren para priorizar la reducción de riesgos». Y situó la lupa sobre las ciudades: «La creciente urbanización y el cambio climático, en conjunto, crean riesgos complejos, especialmente en aquellas ciudades que ya tienen un crecimiento urbano mal planificado, altos niveles de pobreza y desempleo, y una falta de servicios básicos».

No obstante, las ciudades «también brindan oportunidades para la acción climática: los edificios verdes, el suministro fiable de agua limpia y energías renovables, así como los sistemas de transporte sostenibles que conectan las zonas urbanas y rurales pueden contribuir a una sociedad más inclusiva y justa», añadió.

En esta década, según el IPCC, las emisiones de dióxido de carbono aumentarán en casi un 14%

En el informe se apunta claramente que el desarrollo resiliente al clima ya presenta un desafío con los niveles actuales de calentamiento y que, en algunas regiones, este desarrollo será imposible si el calentamiento global aumenta más de dos grados. Se debe escuchar a la comunidad científica y los conocimientos locales para intentar establecer soluciones y diseñar un futuro que evite las consecuencias más duras. Los entornos urbanos –que concentran ya a la mitad de la población mundial y que crecerán aún más en el futuro– deberán diseñarse con la «acción climática» en mente.

Por último, los expertos inciden en la interdependencia del clima, la biodiversidad y las personas para hacer hincapié en la necesidad urgente de medidas más ambiciosas. «Si se sigue retrasando la puesta en marcha de una acción concertada a nivel mundial, se agotará pronto el plazo del que disponemos para asegurar un futuro digno», concluyó Pörtner.

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