Educación

«Nuestra supervivencia depende de la curiosidad de las nuevas generaciones»

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17
Mar
2022
niños

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Gran parte de los objetivos sostenibles marcan su límite en el año 2050: pase lo que pase, los nuevos líderes medioambientales se reunirán entonces para hacer el necesario balance sobre la salud del planeta. De momento, estos altos mandos son tan solo niños y adolescentes creciendo en un sistema que evoluciona cada vez más rápido. Detrás de ellos, sus padres y madres intentan igualar esa velocidad. ¿Qué podemos esperar, por tanto, de los hijos que se educan hoy en nuestras escuelas? Una de las profesionales que asegura atesorar respuestas al respecto es Diana Eidelman, terapeuta familiar israelí y creadora del «método Loveffective», que se dio a conocer en 2014 por el TEDx titulado ‘What every new parent should know’. Hablamos con ella sobre el futuro de la educación.


Por primera vez, padres y madres están expuestos a información ininterrumpida sobre qué deberían hacer para criar a sus hijos de forma «correcta». ¿Conviene prestar atención a estas indicaciones?

Hay una inundación de información. Nos estamos obsesionando con las prácticas del parenting: existe un deseo profundo de los padres por cuantificar el desarrollo de los hijos mediante gráficos, la medición del tamaño del cerebro o los tests de inteligencia. El ansia de control y perfección está motivado por pequeños traumas sin resolver, y una mala gestión puede acabar tanto con la salud mental de los padres como con la de los hijos. Hace unas décadas, por ejemplo, la educación de los niños estaba determinada exclusivamente por los médicos, por algún terapeuta suelto y, en muchos países, por la Iglesia. Ahora, al tener la información a nuestro alcance, parece que todo lo hacemos mal o no todo lo bien que deberíamos.

¿Es mejor descubrir la crianza por cuenta propia?

Las redes sociales dan un apoyo enorme a los padres, y eso es bueno; ofrecen a una comunidad lo que necesita saber. Sin embargo, la forma de consumir esa información es lo que confunde a los padres. Es una información totalmente polarizada. Por ejemplo: ¿debería el niño dormir con los padres o debería hacerlo en una habitación a parte? He escuchado varias teorías que aseguran que es mejor que duerma en otra habitación porque «si no se volverá más violento o pasará del colegio», pero no todas las familias pueden permitirse una habitación extra. Hay muchísimas casas en las que los padres y los niños han de dormir en la misma cama simplemente porque no tienen más remedio y esto no causa ni un aumento de la violencia ni de los suspensos.

«Hay un pensamiento generalizado que viene a decir «hay una forma perfecta de hacer las cosas y no es como lo estoy haciendo yo»»

 ¿Cree que hay actitudes o comportamientos diferentes entre los padres de esta década frente a los de la generación previa, los baby boomers? 

Por supuesto. ¡En mi generación nos pegaban! Ahora los padres se sienten culpables si lo hacen, y creo que en este sentido nos hemos movido en una buena dirección. Además, ahora los padres hablan mucho más entre ellos, buscando apoyo fuera de la familia. La comunicación es mucho más eficiente. No obstante, también es cierto que los padres de este siglo trabajan mucho en casa, lo que puede mezclar la crianza y el trabajo. Esto, inevitablemente, genera un nuevo sistema de comportamientos en los niños y adolescentes completamente distinto al que adquirió mi generación a través de nuestros padres.

¿Qué dificultad tiene educar a un hijo en 2022?

Cada vez es más difícil ser padre. En la generación de nuestros abuelos, con que el niño sobreviviera ya era suficiente. La felicidad estaba en encontrar un trabajo y mantenerlo toda la vida. La generación actual está demasiado enfocada en destacar, hay un deseo profundo de perfección y excelencia: tenemos que ser el mejor en todos los campos, ser guapos, caer bien a todo el mundo, ganar mucho dinero e incluso ser un buen consumidor. Tienes que serlo todo, todo el rato. Hay un pensamiento generalizado que viene a decir «hay una forma perfecta de hacer las cosas y no es como lo estoy haciendo yo». Por eso padres y madres sienten constantemente que han de cumplir las expectativas de su entorno, viviendo sumidos en la presión continua y el estrés: piensas que otros padres lo están haciendo mejor que tú; el colapso, posteriormente, se transmite directamente a los hijos.

¿Es más difícil ser hijo? 

Depende de dónde vivas, pero en general sí. La conexión padres-hijos es menor porque la percepción de afecto que tienen los niños es menor. Las relaciones son mucho más virtuales que en el pasado. Antiguamente se acababa la jornada, llegabas a casa y no se hablaba de trabajo bajo ningún concepto. Ahora el trabajo no acaba nunca y nuestros hijos lo sienten, pero es que al mismo tiempo el parenting tampoco se acaba. Conozco a algunos padres que quizás están a las 10:00 en una videoconferencia con Japón y a la vez están viendo por el móvil a su hijo en la guardería porque hay cámaras en clase. Al final, por querer hacerlo todo, no hacemos nada con calidad.

¿Cree que los padres cuentan con tiempo para tener hijos?

Nuestra actitud sobre el tiempo es lo que dicta la forma en que vivimos: como hay tanta prisa por el éxito no solo no hay tiempo para la crianza, sino que hay gente que no tiene tiempo ni para respirar. No tienen tiempo de parar a sentarse frente al mar ni de mirar a sus seres queridos. Aunque esta es una pregunta muy bonita, ya que cuando tienes un hijo tu percepción del tiempo cambia radicalmente. Si no tienes tiempo para tus hijos, al final ellos mismos van a obligarte a que lo tengas: van a gritar, van a llorar o van a tirar el helado en la alfombra; los padres acaban sacando el tiempo entonces. Hay una pregunta que tienen que hacerse padres y madres: el tiempo que paso con mi hijo, ¿es tiempo de calidad? ¿Puedo mirarles a los ojos sin sentir que no soy productivo? ¿Puedo centrarme en entender sus emociones? La gente saca tiempo para aquello que ama. La cuestión es: ¿tenemos tiempo para amar?

¿Y cuál es la respuesta?

Todos ansiamos amar y ser amados, y a pesar de que sacar tiempo es un sacrificio, lo hacemos. Incluso sacamos tiempo para darnos amor a nosotros mismo. Es decir, sí.

Los niños que nazcan hoy tomarán sus decisiones en 2050, cuando caduquen los actuales objetivos climáticos. ¿Qué considera que podemos esperar de esta generación?

Miro a los jóvenes y los veo cada vez más capaces de alzar la voz por lo que están interesados, y ese interés es buenísimo: sin él, el mundo no sobreviviría. Nuestra supervivencia es dependiente de la curiosidad de las nuevas generaciones, especialmente de las que tienen voluntad por crear conexiones interpersonales, así que soy optimista. Creo que la generación del futuro velará por mejores salarios y mejores condiciones laborales. Si los jóvenes de hoy ya saben que merecen algo mejor, los del 2050 serán aún más conscientes.

¿Hemos de seguir algunas pautas para que tu predicción se cumpla?

Los gobiernos deberían dar un primer paso. Por ejemplo, ¿vamos a invertir en educación? Creo que hemos de combinar los hallazgos en psicología cognitiva con las emociones y las espiritualidad, que ahora está en auge, y empezar a mirar a los niños de forma holística, no como estructuras compuestas de 1.000 piezas. Las instituciones deberían plantear cómo crear «ciudadanos completos», que es algo que no se está poniendo en práctica. La medicina va por un lado, la pedagogía por otro y la terapia por otro: necesitamos una unificación para poder asegurar un futuro prometedor para los más pequeños. No obstante, estas son propuestas un tanto egocéntricas. Esta burbuja del parenting correcto y del «ciudadano completo» es una preocupación única y exclusiva de la cultura occidental.

¿A qué te refieres?

En muchos países en vías de desarrollo no tienen el lujo de ponerse a teorizar sobre la buena o la mala crianza, o por lo menos no como lo hacemos nosotros. Su pensamiento está más ligado a las tareas de supervivencia, del día a día, mientras que en otras partes del mundo con más recursos pensamos más en tareas a largo plazo. A ello se suma que, por ejemplo, en muchísimos países no existe la sobredosis de contenido con que nosotros contamos en internet; de hecho, en varios de ellos ni siquiera hay contenido. A veces nos preocupamos por nimiedades cuando en muchos lugares no hay ni agua ni electricidad. A ellos sí que les hace falta una educación básica para la supervivencia de sus descendientes. Para el año 2050, alrededor del 40% de todos los niños del mundo vivirán en África. Este continente, por tanto, será el responsable de la infancia de casi la mitad de los niños del futuro, y las instituciones públicas deben invertir en ellos para que crezcan sanos. No digo que debamos descuidar los privilegios de Occidente, pero sí creo que la prioridad debe ser solucionar esta desigualdad. Hay que tener en cuenta que además, en el 2050, la superpoblación de los países en vías de desarrollo se trasladará a los países más vacíos de Europa. Vamos a tener problemas: nunca invertimos en la educación de esos países.

¿Si los gobiernos le hicieran caso, qué sería lo primero que tocaría del sistema educativo?

Faltan asignaturas de comunicación, que es la herramienta más importante que uno puede tener. Yo me veo en multitud de ocasiones sentada frente a parejas que a pesar de llevar muchos años juntos necesitan que alguien les enseñe a comunicarse. No entiendo que este tipo de aptitud no forme parte del plan de estudio de los colegios. Con una mejor comunicación veríamos una transformación radical del mundo. Además, deberíamos aprender a gestionar el estrés durante la infancia, y no en la edad adulta.

«En el 2050, la superpoblación de los países en vías de desarrollo se trasladará a los países más vacíos de Europa»

Sinceramente, no sé hasta qué punto podremos seguir forzando a los niños a hacer cosas que no quieren, como pasa ahora. Tenemos que ser mucho más creativos, y creo que los profesionales del 2050 lo serán, ya que esta es la primera generación que ha nacido y crecido con medios de información más interesantes que el colegio. Creo que es algo positivo, no creo que provoque una adicción desmedida a las pantallas. En el futuro habrá quien se vuelva adicto a las redes, obviamente, pero habrá muchos otros que no. Lo que debería estar en primera línea son las conexiones entre personas y, en segundo lugar, las conexiones con los gadgets con los que interactuamos.

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