Educación

Maestros del presente, valores del futuro

Aunque algunos han dejado de ir a clase los viernes para manifestarse por el futuro del planeta –y por el suyo propio–, la revolución de los más jóvenes empieza, precisamente, en las aulas. Ethic y Marcas con Valores reúnen a un grupo de expertos para reflexionar sobre las claves de la educación con valores en plena revolución digital.

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Noemí del Val
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28
Nov
2019
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Noemí del Val

El líder sudafricano Nelson Mandela –uno de los grandes iconos contemporáneos en la lucha por los derechos civiles– se lo dejó dicho a Federico Mayor Zaragoza: «La mujer será la piedra angular de la nueva era. La mujer solo excepcionalmente utiliza la fuerza, y el hombre solo excepcionalmente no la utiliza». Mayor Zaragoza, que en aquellos años ocupaba el cargo de director general de la Unesco y que hoy preside de la Fundación Cultura y Paz, fue el invitado especial al debate sobre educación impulsado por Marcas con Valores (McV) con la colaboración de Ethic. En su opinión, la igualdad de la mujer será, junto con la revolución digital, uno de los vectores clave en la transformación del sistema educativo del siglo XXI.

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Hay una idea latente en cada uno de los ensayos de ese economista convertido en fenómeno de masas que es Thomas Piketty: si las capas más vulnerables no acceden a una educación de calidad, la batalla contra la desigualdad está perdida y, por tanto, tensiones populistas tan desestabilizadoras como el brexit seguirán resquebrajando las democracias liberales. ¿Cuál es la hoja de ruta para transformar la educación? Pongamos el foco en ese nuevo gran contrato social que, según la definición de Javier Solana, son los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El cuarto de estos Objetivos versa sobre la educación y se propone «asegurar que todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad». Con más de 262 millones menores sin escolarizar y 750 millones de adultos analfabetos –de los que dos tercios son mujeres– no resulta exagerado decir que nos enfrentamos a una tarea titánica si queremos cumplir ese objetivo de aquí a 2030.

Educación por el clima

La educación, qué duda cabe, conecta con el centro de gravedad de todos los desafíos de nuestra época. «La emergencia climática es incuestionable, la brecha social es indudable y la revolución tecnológica está aquí para ayudar o dificultar, depende de cómo la usemos. Las tres tienen un mínimo común denominador: la educación y, en especial, la educación con valores», señala Marta González-Moro, CEO de 21 gramos e impulsora del movimiento McV.

Marta González-Moro: «Todos los desafíos tienen un mínimo común denominador: la educación y, en especial, la educación con valores»

El ruido de fondo de la COP 25, que de forma un tanto precipitada arrancará en Madrid en unos días con el objetivo de buscar soluciones frente a la crisis climática, estuvo presente a lo largo de todo del debate. «Los adultos de hoy ya no pueden permitirse desoír las voces de alarma de los científicos y expertos mundiales que alertan sobre la emergencia climática. El planeta no se lo perdonaría, y los más jóvenes tampoco. Tenemos la responsabilidad intergeneracional de cumplir con la Agenda 2030, pero también de formar a personas libres y responsables. La educación no va dirigida solo a los niños, tenemos que empezar por educar a los gobernantes», señala Federico Mayor Zaragoza. ¿Estarán dispuestos a aceptar este sabio consejo Trump, Macron, Salvini o Pedro Sánchez?

La sociedad polarizada

«La educación, como la diversidad, se ha politizado e ideologizado sobremanera», explica Pablo García Menchen, director de Comunicación de la Fundación Adecco. En una sociedad polarizada como la española, ese pacto de Estado por la educación por tantos anhelado ha sido siempre víctima de las luchas partidistas y de los intereses electorales. «La educación es el gran nivelador social, y creo que todos lo entendemos así, sin importar nuestras ideas, nuestra forma de pensar o nuestro nivel socioeconómico», añade José Luis Arbeo, responsable del proyecto Aprendemos Juntos de BBVA. El bloqueo de la asignatura de Educación para la ciudadanía, diseñada por reputados expertos de distintas sensibilidades, ilustra a la perfección la incapacidad patológica para el diálogo de nuestros actuales representantes públicos.

Federico Mayor Zaragoza: «Tenemos que empezar por educar a los gobernantes»

¿Qué hacer, pues, cuando miramos a España, ese país que al profesor Unamuno le dolía tanto? Para los expertos congregados por McV, escuchar a esos educadores que todos los días se baten el cobre en las aulas resulta fundamental. «El currículo no ha cambiado en cuarenta años, y todo porque no se cuenta con los profesores y asociaciones de padres y madres para su elaboración», recuerda Pilar Sainz, directora de Comunicación de Vocento. Por su parte, Teresa Álvarez, de la Fundación Quirónsalud, cree que los alumnos, incluso los más pequeños, deben de ser también parte activa a la hora de buscar ideas para el rediseño de nuestro modelo educativo a través de la cocreación. Este grupo de expertos y directivos –conscientes, en primer lugar, del papel que ellos y sus organizaciones tienen como agentes de cambio–, insiste en que es necesario subir el volumen social que tiene la voz del maestro. Para crear el armazón que necesita una política de Estado con tanta capacidad de transformación como es la educación, a esa voz hay que sumar la de los padres y alumnos de todos los niveles educativos. «Se educa desde la familia, pero también desde la sociedad, y eso demasiadas veces se nos olvida», apunta María Ángeles León, cofundadora de Open Value Foundation. Por eso, esta última apuesta por las alianzas público-privadas –en especial aquellas creadas por la inversión de la Administración en bonos sociales– que impacten en la sociedad (y en la educación) de manera positiva.

Movilizaciones sociales en la era de la digitalización

Son muchas las diferencias entre un joven de ahora con uno de mediados del siglo XX. Sus inquietudes, su manera de entender el presente, su manera de movilizarse e involucrarse en la política y en su realidad social han cambiado. «Ahora, gracias a la tecnología y en especial a las redes sociales, los jóvenes se pueden expresar con mayor fuerza: han encontrado su voz», destaca Mayor Zaragoza. Una voz que demanda ser escuchada tanto en la calle como en las plataformas digitales. La revolución tecnológica ha conseguido, según el estudio Jóvenes, internet y democracia realizado para la Fundación para Estudios Progresistas Europeos (FEPS), que el 61,1% de los españoles de entre 18 y 34 años participen en campañas de activismo online llevadas a cabo en redes sociales o páginas web de organizaciones no gubernamentales. Pocos son los jóvenes que no se movilizan, alzan su voz y exigen un mundo más justo y sostenible e, incluso, una educación que haga justicia a esa vida que tendrán que forjarse una vez acabados sus estudios. La revolución digital –y el boom de las redes sociales– «debe entenderse como una oportunidad para llegar de manera atractiva a lo más jóvenes siendo conscientes de la capacidad de transformación que tienen los medios de comunicación», añade Sainz.

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El futuro ya está aquí

García Menchen advierte que «la precarización ha introducido en Occidente un fenómeno desconocido hasta la gran crisis de 2008: los trabajadores pobres». Si en el siglo XXI la educación va a transcurrir a lo largo de todas esas vibrantes autopistas que son nuestras vidas, ¿cómo podemos revertir esa tendencia a la precarización en una era en la que las máquinas van a absorber gran parte de las capacidades que hoy prestan los humanos? El profesor de la London Business School, Andrew Scott, nos ofrece una visión optimista: la actualización de conocimientos y la reorientación laboral se van a convertir –ya empiezan a serlo– en una constante, gracias, precisamente, al aumento de la esperanza de vida y las disrupciones tecnológicas. En mundo de inteligencia artificial, los humanos tendremos más tiempo y volveremos a ser nómadas, pero esta vez seremos knowmads, esto es, nómadas del conocimiento. Este escenario genera cierto estrés dentro de las coordenadas culturales que hemos heredado de las anteriores revoluciones industriales, pero la idea es que las máquinas asuman el trabajo duro y los humanos aportemos la visión, la creatividad y el valor añadido fruto de nuestro constante aprendizaje. Como dijo Picasso, que la inspiración nos encuentre trabajando.

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