Cultura

No solo de reguetón vive el hombre

En la actualidad, el reguetón parece haberse convertido en un género musical que o se ama, o se odia. Pero si bien este convive con el ‘rock’, el ‘jazz’ o incluso la ópera, la cuestión es: ¿puede la música, como elemento artístico, ser simplemente tachada de buena o mala?

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27
Ene
2022
Fuente: Youtube.

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Los jóvenes puertorriqueños de finales del siglo XX satisfacían sus necesidades musicales tomando prestado el reggae de Jamaica y el hip hop del Bronx. Y en su tanteo de combinar ambos estilos, crearon uno nuevo: el reguetón. Su voluntad no era cambiar el status quo, de hecho, el reguetón nunca tuvo la pretensión contracultural del punk. Lo único que buscaba era combinar sonidos nuevos y rapear sin censura.

Este nuevo invento permaneció acotado en América hasta, aproximadamente, el 2004, cuando temas como Gasolina de Daddy Yankee cruzaron el charco para revolucionar el panorama musical. Actualmente, ya pocos quedan que vivan totalmente de espaldas a este fenómeno. Pero de los que viven de cara a él, muchos se enzarzan en debates inconclusos sobre el peso social del género. ¿Es un ingrediente constructor y enriquecedor, o, de lo contrario, solo consigue destruir nuestra cultura (musical)?

El reguetón que destruye

Los tres elementos más criticados del género son el ritmo, la melodía y las letras; es decir, prácticamente todo. El primero, el ritmo sincopado y electrónico, consiste en la repetición continua de un mismo compás que se suele prolongar hasta el final del tema. Concretamente se le llama dembow, término onomatopéyico con historia propia. Es una base rápida y pegadiza, hipnótica para unos, muy irritante para otros, que la acusan por su falta de complejidad.

La crítica cae en los puntos más responsables del éxito del reguetón: ritmo simple, melodías familiares y letras fáciles

De las melodías se dice que también pecan de simplicidad, ya que tomaron del pop las armonías más típicas y los artistas de reguetón acaban utilizando siempre los mismos acordes. Por eso, si el objetivo es disfrutar de la música exclusivamente, la diferencia entre canción y canción es mínima. 

Por último, las letras son el principal punto de discusión entre padres e hijos adolescentes. Desde los inicios del género, los autores latinos adoptaron un lenguaje callejero y sin tapujos. Desafortunadamente, esa libertad suele traducirse en versos misóginos, rimas obvias, y estribillos sobre qué hacerle a una mujer en una discoteca o cómo gastar el dinero cuando eres millonario.

Precisamente, la fusión de los tres puntos débiles del reguetón son los responsables de su éxito: un ritmo simple e imitable, melodías que nos resultan familiares y letras que podemos aprendernos en tres minutos. Sin embargo, la comodidad de esta música podría atrofiar, en cierto modo, nuestras neuronas. Así lo dice un estudio de la Universidad de Helsinki, en el que concluían que es un estilo tan falto de matices que no estimulan de ningún modo nuestra capacidad cognitiva.

El reguetón que construye

Así como The Beatles o Pink Floyd causaron pavor a los más tradicionales de una época, cantantes como Maluma, Bad Bunny o J Balvin tampoco gustan a todo el mundo. No obstante, la música como elemento artístico no puede ser tachada de buena o mala categóricamente, sino que depende de la percepción de cada oyente, de los referentes que ha tenido, de su entorno… Por tanto, sería desacertado decir que el reguetón es «objetivamente malo». Es más, su mera existencia no provoca la desaparición de otros géneros musicales, ni obliga a nadie a escucharlo.

La música como elemento artístico depende de la percepcíon de cada oyente, de los referentes y de su entorno

Por otra parte, muchos defienden que las letras no son de un alto nivel intelectual, pero eso no significa que vayan a causar un efecto directo sobre nuestro comportamiento. Los oyentes tienen criterio, y si no repiten acciones que ven en televisión, por ejemplo, tampoco lo hacen cuando suena dembow por los altavoces de su casa. Además, sus defensores argumentan que la crítica habitualmente se reduce al absurdo, a la ridiculización por desconocimiento, e incluso se meten en el mismo saco varios estilos de música, como el trap o el reguetón más comercial, que bajo ningún concepto es representativo del producto original.

En todo caso, el debate está servido. ¿Acabará aceptando el reguetón quien lo detesta o acabará creando piezas más complejas quien lo produce? Sea como sea, convivirá con el rock, el jazz, el techno y la ópera. Al final, no solo de reguetón vive el hombre.

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