Sociedad

Ortorexia, el trastorno oculto en las redes sociales

La quimiofobia y los movimientos de alimentación saludable en Internet han precipitado la aparición de la ortorexia nerviosa, un Trastorno de la Conducta Alimentaria que afecta a hombres y mujeres por igual y provoca secuelas como la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo y la desnutrición. ¿Dónde está la línea que separa la salud de la obsesión?

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25
Nov
2021
ortorexia

«Tienes que comer sano», una frase de cuatro palabras que todos hemos escuchado en nuestros hogares. Desde pequeños se nos ha inculcado la importancia de una buena alimentación, y aunque hemos interiorizado esa creencia, todavía no acabamos de tener claro qué es bueno y qué es perjudicial para nuestro cuerpo. Intuimos ciertas nociones básicas –hay que beber agua, las verduras deberían ser la base de cualquier plato, el azúcar refinado es el demonio personificado– pero ¿somos verdaderamente conscientes de lo que es saludable desde un punto de vista holístico?

Dudamos, y eso no es malo. El problema surge cuando otros se aprovechan de esa desinformación, como sucede con la quimiofobia alimentaria, una estrategia de marketing que consiste en infundirnos miedo hacia productos con conservantes o que han sido sometidos a un procesamiento para hacerlos más estables, seguros y duraderos. En los supermercados, las estanterías están llenas de los alimentos más típicos marcados con una etiqueta con la frase «libre de químicos».

Sin embargo, este auge de los productos ‘naturales’ no representa la única evidencia de nuestro desconocimiento respecto a lo que realmente es saludable y es precisamente aquí donde entran en juego algunos movimientos nutricionales que se han popularizado en redes sociales. Dieta cetogénica o Keto, dieta Atkins, dieta paleo, realfooding, ayuno intermitente… La lista es inmensa y todos tienen algo en común: al primo de un amigo le ha funcionado, pero cuando intentas llevar esa rutina alimenticia a cabo acabas con la ansiedad por las nubes y atracones cada fin de semana. 

La planificación excesiva de la alimentación se suma a la culpabilidad cuando no se cumplen esas restricciones

Así como cada maestrillo tiene su librillo, cada nutricionista recomienda unas pautas concretas que, en algunos casos, se pueden adscribir a los movimientos que acabamos de mencionar. Cuando hay un profesional detrás el riesgo es menor, pero ¿qué ocurre cuando las recomendaciones vienen de un gurú de Instagram? Los consejos alimenticios de las redes sociales suelen estar basados en el «a mí me funcionó» y no en la ciencia. Esa es la primera diferencia. La siguiente es la individualización: no es lo mismo ver un vídeo titulado «Qué como en una semana» que recurrir a un profesional especializado que puede estudiar los hábitos, necesidades y forma física de cada persona con el objetivo de elaborar recomendaciones personalizadas.

La última y gran diferencia radica en las consecuencias que conlleva ponerse en manos de uno o de otro. Basar la alimentación en lo que nos muestran las redes sociales es el caldo de cultivo perfecto para desarrollar ortorexia nerviosa, un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) que ha ganado terreno en los últimos años. El término proviene del griego orthos, cuyo significado alude a correcto, estricto o canónico; y orexis, que hace referencia al apetito. ‘El apetito correcto’ sería su traducción literal y se definiría como una excesiva preocupación por la alimentación saludable.

Hablamos de personas que dedican horas a programar su dieta, preocupándose más por la calidad de los alimentos que por el placer de consumirlos. En este contexto, a la planificación excesiva se suma la culpabilidad cuando no se cumple con esas restricciones, una sensación que lleva en muchos casos al aislamiento social con el único fin de evitar exponerse a las comidas prohibidas. Esto implica un deterioro en la calidad de vida, con una importante repercusión en el trabajo, las amistades, la familia o la pareja; y lo más importante, mucho sufrimiento psicológico.

Algunos estudios advierten que las redes sociales pueden ser un factor de riesgo para desarrollar ortorexia nerviosa

Es por ello que cada vez más expertos alertan del aumento de casos de ortorexia, señalando que el problema está tanto en optar por una dieta saludable como en llevar ese estilo de vida al extremo. La falta de flexibilidad es lo que hace de la ortorexia un problema de salud mental, y sus secuelas abarcan desde depresión, ansiedad y trastorno obsesivo compulsivo hasta una pérdida de peso extrema, fatiga y desnutrición. Paralelamente a las pautas de alimentación, la ortorexia suele ir de la mano de un ejercicio extremo. El objetivo es el mismo: alcanzar el ideal de vida saludable, aunque éste sea totalmente utópico.

Lamentablemente, los estudios de incidencia están todavía en pañales, y es que aunque el término de ortorexia nerviosa fue acuñado en 1997 por el médico Steven Bratman, en España no se ha comenzado a hablar del trastorno hasta ahora. Lo que sí se conoce es que este suele comenzar en la adolescencia tardía y que, a diferencia de otros TCA como la anorexia o la bulimia, más prevalentes en mujeres, esta afecta a ambos géneros por igual.

Además de la necesidad de conocer el alcance del trastorno, el gran reto trata de dilucidar la influencia de las redes sociales en su génesis, ya que a la obsesión por la salud se suma la necesidad de compartir estas pautas estrictas utilizando hashtags como ‘healthy’ o ‘fitspiration’. Los primeros estudios centrados en este enfoque se muestran afines a la hipótesis de que las redes sociales influyen en la aparición de la ortorexia nerviosa y mencionan como factores de riesgo principales el impacto negativo de Instagram en nuestra salud mental, la comparación social, y la popularidad de los movimientos de alimentación saludable. 

Cuidar la alimentación es una prioridad, pero como ya hemos advertido, la salud es un concepto holístico: de nada sirve seguir una dieta estricta y hacer más ejercicio que un deportista de élite si la salud mental se esfuma por el camino. En el equilibrio está la virtud, y en los especialistas cualificados la forma de llegar a él. 

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