Así impulsan el crimen ambiental las redes delictivas de América Latina

Del Golfo de California a la selva amazónica, los cárteles de la droga y otras redes delictivas están destruyendo los ecosistemas y amenazando la existencia de comunidades ancestrales.

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03
Sep
2021
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En 2018, la organización internacional defensora de lo ambiental, Sea Shepherd, patrullaba las aguas de San Felipe, una ciudad mexicana ubicada en el Golfo de California. Buscaba detener embarcaciones ilegales dedicadas a la pesca y tráfico de especies en vías de extinción, como la vaquita marina y el pez totoaba. En el mercado negro chino, por ejemplo, un órgano de este tipo de pez conocido como «buche» alcanza hasta los 100.000 dólares (85.000 euros) por kilogramo. Y aquellos que lo comercializan ilícitamente se comportan como los carteles de la droga: van armados, entran en guerras contra grupos rivales y envían su botín en pequeñas cantidades. Tanto es así que esta especie marina ha sido apodada como la «cocaína del mar». Así describía un capitán de Sea Shepherd los enfrentamientos con estos pescadores furtivos: «Hubo gente que disparó a nuestros drones con fusiles y recibimos muchas amenazas». La situación se tornó tan peligrosa en esa zona del océano que Sea Shepherd tuvo que dejar de patrullarla.

Los crímenes ambientales representan beneficios de hasta 241 millones de euros, siendo el tercer delito más rentable del mundo

En todo el planeta han surgido organizaciones criminales especializadas en actividades que tienen graves consecuencias para el medio ambiente, como la pesca, la minería y la deforestación ilegal. Según Naciones Unidas e Interpol, en 2018, estos crímenes ambientales representaron beneficios de hasta 281 millones de dólares (241 millones de euros). Es el tercer delito más rentable del mundo, únicamente superado por el narcotráfico y la falsificación de productos y moneda. David Rodríguez Goyes, profesor de la Universidad Antonio Nariño en Colombia, cuenta cómo el crimen ambiental ha cambiado a medida que la globalización ha facilitado el comercio y las comunicaciones internacionales: «Una persona puede estar en Europa, darle clic en Ebay y fácilmente comprar un animal silvestre que está en América Latina o incluso en América del Norte. Esa es la primera de las causas para que el crimen ambiental se haya transformado. La segunda es que, cuantas menos especies tenemos, más biodiversidad perdemos y más valor económico se asigna a las pocas especies que quedan», explica.

Pero hay un tercer factor: las autoridades de seguridad y justicia no priorizan este tipo de crimen. Las penas que se otorgan por los delitos ambientales tienden a ser insignificantes en comparación con las de delitos asociados al tráfico de armas o de personas. Así, grupos previamente involucrados en otro tipo de criminalidad se están volcando a este negocio ilícito. Es lo que ocurre en el Golfo de Fonseca, que abarca el Salvador, Honduras y Nicaragua. La periodista de National Geographic, Sharon Guynup, cuenta cómo fue su experiencia allí mientras estudiaba tortugas carey con biólogos marinos: «Tuvimos que salir en una lancha de la Marina custodiada por soldados armados porque era un territorio importante para el narcotráfico. La MS-13 y otras pandillas controlan ciertas playas como rutas de tráfico de drogas, pero también trafican con patas de tortuga y otros productos de la vida terrestre».

Los expertos aseguran que Latinoamérica es la región de mayor confluencia entre el tráfico de drogas y de vida silvestre, incluyendo el tráfico de madera. En México, cárteles de droga como el de Sinaloa, Juárez y Jalisco se disputan el control de la industria maderera ilegal, con la meta de abastecer mercados internacionales como el de Estados Unidos. A menudo, las redes criminales sobornan a funcionarios y autoridades ambientales para que les otorguen los permisos que necesitan para llevar a cabo estos delitos transfronterizos. «Las guías de transporte son claves para lavar madera de origen ilegal. Cuando tú tienes un papel legal, aunque no estés transportando lo que dice el papel, puedes blanquear fácilmente porque la autoridad que te está haciendo el control en carreteras, en ríos, por donde sea que se esté moviendo la madera, no tiene un conocimiento muy específico y no va a saber si lo que dice ahí está bien», detalla María Fernanda Ramírez, de la organización periodística InsightCrime.

Latinoamérica es la región de mayor confluencia entre el tráfico de drogas y de vida silvestre, incluyendo el tráfico de madera

Los minerales y metales como el oro también son fácilmente blanqueados en mercados internacionales de Europa y Estados Unidos. Incluso pueden representar más beneficio que las drogas para grupos armados como el ELN o los Urabeños, en Colombia. Ante la falta de oportunidades económicas, estos grupos delictivos explotan a comunidades vulnerables como mano de obra, a la vez que amenazan su sustento, tradiciones y existencia. «Cuando se empieza a traficar con los recursos que antes tenían a su disposición, ya no tienen esas fuentes de alimentación, esas fuentes de medicina tradicional, ni esas fuentes para desarrollar sus ritos y costumbres fundamentales para la existencia de las comunidades indígenas», explica David Rodríguez, experto de la Universidad de Noruega. En 2020, 202 líderes ambientales e indígenas fueron asesinados en América Latina, provocando que la COICA, la organización indígena más grande del mundo, se declarara en estado de emergencia. «Soy un cacique, moriré si matan mi tierra pero lucharé por mi pueblo», defendía recientemente Surara Parakana, cacique de la tribu parakana.

Enfrentarnos a esta amenaza global es una tarea compleja. Requiere de cooperación internacional, de la imposición de penas significativas a los criminales y de respuestas eficaces a problemas como la corrupción. Pero debemos actuar de manera urgente. De lo contrario, la biodiversidad y las comunidades ancestrales permanecerán en riesgo.


Este contenido fue emitido en formato audiovisual por el programa de televisión ‘Efecto Naím’ , una producción de Naím Media y NTN24. Forma parte de un acuerdo de colaboración de este programa con la revista Ethic.

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