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Cómo reducir el consumo energético durante tus vacaciones

Llega el calor y, durante unos días, cambiamos nuestros hogares por la playa, la montaña o la casa familiar. Las escapadas estivales están a la orden del día, pero ¿hay alguna forma de evitar el gasto energético derivado de nuestra ausencia? Sí, y aquí te contamos cómo.

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Ni siquiera con nuestra ausencia parece descansar por completo nuestra casa. Un runrún sigue funcionando como banda sonora del hogar, ligera pero constante. ¿Es posible que, aún ausentándonos durante largo tiempo, mantengamos unas cifras de consumo relativamente cercanas a nuestro día a día? Lo cierto es que sí: el uso de la electricidad se mantiene en la vivienda con aquellos aparatos que, por ejemplo, aun estando apagados, siguen consumiendo energía o aquellos electrodomésticos que siguen dispuestos a ser encendidos –como el piloto rojo de aparatos electrónicos como las televisiones– en cualquier momento. Es lo que se conoce como consumo fantasma, algo que puede suponer alrededor del 10% de nuestro uso energético total. Este gasto está incluso donde menos lo esperamos, como en los cepillos eléctricos recargables o el propio rúter de internet. Y esto sigue sucediendo en un momento en el que es posible controlar y monitorizar nuestro consumo incluso a distancia.

Pero evitar este derroche durante nuestra ausencia, en principio, es algo mucho más sencillo que el control telemático: basta con sujetar con fuerza el cable de los distintos aparatos y tirar hasta desenchufarlo. Incluso es posible, también, apagar todo el cuadro eléctrico de la vivienda: un solo toque hacia abajo y el consumo se reduce a cero. Esto, no obstante, puede ser contraproducente en el caso de electrodomésticos como la nevera, donde podemos perder todos los alimentos que pretendamos conservar. No obstante, muchos otros elementos influyen en el grosor de la factura más allá del consumo fantasma. El problema surge muchas veces de la raíz: ¿hemos contratado la potencia estrictamente necesaria o, por el contrario, estamos dando involuntariamente un mal uso a la energía de que disponemos?

A pesar de todo, los consejos más eficaces son aquellos que logran poner nuestra atención sobre la posibilidad de aprovechar al máximo tanto nuestras posibilidades como nuestro propio entorno. Hoy son imprescindibles las bombillas de bajo consumo –el ahorro de energía alcanza hasta un 80% con el sistema de iluminación LED– o la elección de electrodomésticos eficientes en términos de consumo. Si acudimos a una segunda residencia, por ejemplo, quizás baste con aprovechar la luz del sol para algo más que estrechar nuestro contacto con la naturaleza: la luz solar es, también, una forma de aprovechar el rendimiento de una energía completamente natural.

Lavar a 40 grados resulta en un ahorro del 55% en la factura de la luz

Los detalles, por tanto, pesan, y así se demuestra en la toma de decisiones. La placa de inducción consume menos que la de vitrocerámica. El uso de sartenes y ollas de diámetro adecuado –con relación al fuego– ayudan a reducir el gasto. Incluso la temperatura del agua marca un punto a tener en cuenta: lavar a cuarenta grados en lugar de a sesenta puede llegar a resultar en un ahorro del 55% en la factura de la luz. No obstante, otros detalles se revelan hoy absolutamente prescindibles. Es el caso de la vieja –y aún asentada– creencia popular que asegura que el coste de encender y apagar las luces es mayor que, por ejemplo, el simple hecho de dejarlas encendidas constantemente. No es ni mucho menos así: no hay que dudar en golpear suavemente el interruptor al salir de una habitación.

Entre los consejos más evidentes, no obstante, está el control de la temperatura. Ya sea mediante el uso de aire acondicionado o la calefacción, el ambiente tiene unas claras horquillas ideales. Por el día, entre los veinte y los veintitrés grados; por la noche, sin embargo, entre los quince y los diecisiete. Algo que hoy, gracias a la tecnología, es más fácil que nunca: podemos programar la temperatura para que se aplique en unas horas u otras, siempre teniendo en cuenta el clima específico en el que nos encontremos. Eso sí, no hay necesidad de sufrir a causa de los distintos grados centígrados, pero si el problema es la presencia del ligero frío veraniego, quizás la solución se antoje no tanto mediante el termostato como con el uso de la ropa adecuada. Un uso prudente que, en fin, nos puede ayudar a ahorrar para las siguientes vacaciones.

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