Sociedad

Que ‘anónimo’ no sea mujer: nuestras autoras favoritas

Cantantes, fotógrafas, pintoras, escritoras, activistas… Con motivo del 8 de marzo, las mujeres que forman parte de Ethic recomiendan a sus referentes imprescindibles.

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08
Mar
2021

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«Durante la mayor parte de la historia, Anónimo fue una mujer». La frase de la escritora Virginia Woolf es, tristemente, indiscutible. La brecha de género, presente en todos los ámbitos, también es pronunciada en el mundo de la cultura: según los datos presentados por el Observatorio de Igualdad de Género, en el empleo relacionado con el ámbito cultural, la presencia femenina ocupa un 39,1% frente al 45,5% observado en el conjunto de la economía española. Aunque se ve una mayor presencia en bibliotecas y museos, en áreas relacionadas con la grabación, edición musical, imagen y sonido, el porcentaje cae aún más. Con motivo del 8M, las mujeres que formamos parte de Ethic recomendamos la obra de escritoras, artistas, fotógrafas, periodistas, humoristas e incluso figuras históricas que merecen un hueco en las listas y que pelean, cada día, por darle la vuelta a los porcentajes.


Jara Atienza, redactora

El club de los mentirosos, de Mary Karr, fue mi recomendación del año pasado, por lo que este 2021 no puedo dejar de mencionar a Iluminada (2020), la última de las divertidas –y a la vez trágicas– memorias de una autora que consigue conmover sin caer en sentimentalismos. En esta ocasión, Karr hace un honesto viaje espiritual hacia la vida adulta y aborda realidades tan ásperas como el alcoholismo o la depresión. Sin embargo, uno de los descubrimientos más sorprendentes de este año ha sido el del personaje de Dolours Price, a raíz de la lectura de No digas nada (2020), una investigación del periodista estadounidense Patrick Radden Keefe en la que hace un recorrido por los Troubles de Irlanda del Norte. En el documental I, Dolours (2018), se recogen una serie de entrevistas hechas a la ex militante del IRA donde habla sobre su vida y participación en la organización militar en los años de mayor violencia. Es, a mi juicio, una pieza muy interesante que explora el desarrollo de un conflicto muy reciente a través de la voz de una mujer que, lejos de ser un referente, se convirtió en un icono de liberación para muchos. Y ya que he entrado en el terreno de los documentales, la recién estrenada miniserie Nevenka, disponible en Netflix, te deja con el corazón en un puño. El documental recupera la voz  de la concejala Nevenka Fernández, quien hace 20 años se convirtió en la primera mujer en ganar en los tribunales de España un caso de acoso sexual contra un político. Una victoria que le dejó profundas cicatrices. Fue mucho antes de que el #MeToo irrumpiese en nuestras vidas y nos permitiese alzar la voz cada 8 de marzo para recordar, precisamente, que si tenemos una voz es para que sea escuchada.

Al final del día, apagar la máquina de la productividad y desconectar de las pantallas que se están cebando con nuestra salud ocular se convierte en una obligación. En los últimos meses he encontrado una nueva manera de desconectar a través de dos podcasts de Radio Primavera Sound que, en tiempos de reuniones sociales limitadas, se han convertido tanto en una forma de disfrutar del ocio como en una terapia. El primero es el de Deforme Semanal Ideal Total, un programa de política y cultura en el que unas divertidísimas Isa Calderón y Lucía Litjmaer no dejan títere con cabeza. Al igual que en sus cuentas de Twitter: se ríen prácticamente de todo. Y tú con ellas. El segundo es Tardeo, otro podcast cultural y de entrevistas conducido por Andrea Gumes que, ocasionalmente, cuenta con la participación de las periodistas Noelia Ramírez y Begoña Gómez en una sección que lleva el acertado título de Amiga date cuenta. ¿Cuenta de qué? Para eso hay que escucharlas.


Valeria Cafagna, ilustradora

Para mí, el arte es –y siempre será– el medio ideal para transmitir conocimiento y emociones. Por eso, hoy quiero recomendar Naftalina (2019-2020), una novela gráfica de la autora argentina Sole Otero. La obra narra la historia de Rocío, una joven de 19 años con las ideas muy poco claras que se muda a la casa de su recientemente fallecida abuela Vilma, una mujer solitaria y amargada que ya no tenía mucha relación con Rocío, pero con la que consigue conectar a través de los recuerdos que la casa silenciosamente protege. A través de un estilo único y, a mi juicio, maravilloso, Otero aborda temas de urgente actualidad como la inmigración, la precariedad o la importancia de la familia. Sin embargo, si la obra nos hace reflexionar sobre algo, es sobre cómo el hecho de nacer en un lugar o en una época determinada puede marcar de manera definitiva la vida de una mujer.

Otra mujer que me inspira y a la que considero un verdadero orgullo para mi país, Italia, es la abogada Cathy La Torre, especializada en luchar por los derechos humanos de los colectivos históricamente más discriminados como la comunidad LGBTQ+. Originaria de un pequeño pueblo donde tenía pocas posibilidades de seguir su vocación, La Torre se dedica también al activismo social a través de sus redes sociales. En su libro Ninguna causa está perdida (Nessuna causa é persa) explica cómo fue su trayectoria profesional, marcada por el sacrificio, pero también por la confianza y la empatía hacia los demás, lo que le ha permitido ser una parte fundamental de pequeñas grandes revoluciones en la vida de cientos de personas a las que nadie quería escuchar.


Ana de Quinto, coordinadora de proyectos

Me fascinan las historias de reinvención: aquellas que muestran la fortaleza y valentía de sus protagonistas, que te inspiran hasta tal punto que al terminar de leerlas tienes la sensación de poder comerte el mundo. Una de esas historias que, aunque ficticia, me marcó y acabó convirtiéndose en una de mis favoritas, fue la de Amelia Garayoa, protagonista de la famosa novela de Julia Navarro, Dime quién soy (2010). Para mí, un libro apasionante que no puedes dejar de leer y cuyo final hace que te invada cierto sentimiento de nostalgia.

Otra historia fascinante es la de la fotógrafa Annie Leibovitz, todo un referente internacional que ha llegado a convertirse en una de las fotógrafas más influyentes de nuestros tiempos. Su perfil de Instagram es una maravilla y recoge retratos que van desde el ex presidente Obama, hasta Naomi Osaka, Hugh Jackman o Kamala Harris.


Sandra Gallego Salvá, socia fundadora

¿Un libro para este 8 de marzo? Sin duda, Brujas (2019), de la periodista y escritora Mona Chollet, actual redactora jefa de Le Monde diplomatique. Me parece muy interesante el ejercicio que hace para entender el feminismo moderno dirigiendo la vista hacia la infame «caza de brujas» que se perpetró entre los siglos XVI-XVIII, una época supuestamente caracterizada por el humanismo.

En Instagram no me pierdo las publicaciones de @tetayteta. «¡Arrimemos más la teta!», como dice mi querida y talentosa activista María Rufilanchas. Se trata de un movimiento muy necesario para todas las mujeres… con cáncer de mama, con salud, sin pecho, con alegría, con baja autoestima, sin complejos y sin tapujos. Además, desde Teta&Teta han conseguido lanzar al mercado el primer sujetador de una sola copa para mujeres de una sola teta. En mi casa siempre suena la canción La Grenade, de Clara Luciani. No solo saca a la guerrera que hay en mí; también me anima a bailar sin parar. Es un chute enorme de energía. «Ten cuidado, bajo mi pecho, la granada», reza la letra de Luciani, una joven de 28 años que parece contener más rabia que toda mi generación.


Cristina Suárez, redactora

En las artes, especialmente en la música, tendemos a interpretar lo alternativo como lo más válido. Siempre he tenido la sensación de que el discurso de cualquier artista que haya estado en el clásico rol de «cantante pop», en lo más común, no se tomará tan en serio como el de otras, a pesar de haber vivido lo mismo. Será cuestionada. Como si una mera decisión profesional debiera decidir su altavoz. Como si no tuviéramos que escucharle. Por eso, una de mis recomendaciones es Taylor Swift. La conocemos, la hemos criticado por el tinte «american beauty» que tomó al inicio de su carrera. Asumimos que era simple, un producto más. «¿Qué significa ser mujer de esta década?», se preguntaba hace pocos días tras recibir el premio Mujer de la Década de Billboard. «Tras ganar mi primer Grammy en 2010, la gente dudaba de mi voz, se cuestionaba constantemente si era yo la que escribía mis canciones». Ha tenido que pasar una década para que sea vista más allá de la «princesa del pop». Tras abrirse paso en uno de los sectores más machistas y normativos de la industria musical, Swift utiliza su posición mainstream para transformar la música en discurso político. ¿Una canción? The Man, donde denuncia el machismo al que se ha visto sometida tantos años. Y para conocer su historia a fondo: Miss Americanaen Netflix.

Si estás buscando un libro, decídete por Listas, guapas y limpias de Anna Pacheco, una novela refrescante, a la par que dura, que repasa la sociedad y sus prejuicios desde la cotidianidad de sus jóvenes protagonistas, todas mujeres. Imposible no sentirse identificada.


Carla Lucena, directora de arte

Llevo tiempo convencida de que el gran problema de las mujeres de mi generación ha sido la ausencia de roles. No valorábamos los sobresalientes, las becas, los idiomas, el arte o las medallas deportivas que teníamos porque solo nos valía una cosa: conseguir una apariencia tan imposible como la de la foto trucada de una heroína al estilo Lara Croft. Afortunadamente, eso parece estar cambiando y nos encontramos películas como Aniquilación (2018), en la que vemos a un comando de científicas con una bellísima Natalie Portman a cara lavada. En la misma línea, me ha encantado descubrir el personaje de Antonia Scott de la trilogía Reina Roja. En ella he encontrado una heroína humana, con fallos, que te absorbe desde el primer minuto por ser sencillamente brillante.

En redes sociales, sigo sin perderme los posts de la humorista australiana Celeste Barber, que elige fotos de revistas de moda y hace su reinterpretación de forma muy divertida, con un choque de realidad de lo que significa ser mujer y, además, riéndose de ella misma a la vez que hace reivindicación body positive. Últimamente, también veo Red Table Talk, el programa online de entrevistas protagonizado por las mujeres de la familia Smith (Adrien Banfield-Norris, Jada Smith y Willow Smith) en el que abuela, madre e hija reflexionan sobre diferentes temas de actualidad.


Raquel Nogueira, redactora

La música es una maravillosa manera de reivindicar derechos y de contar las historias olvidadas. Eso lo que hace con sus letras la cantante de hip-hop chilenofrancesa Ana Tijoux. Esta activista y feminista denuncia con su música las carencias sociales del sur global, las violaciones de derechos humanos y la opresión a la que los pueblos  indígenas se ven sometidos. Además, este año ha colaborado con Clara Peya y Alba Flores en Mujer frontera, una canción dedicada a todas las mujeres que viven al margen de la sociedad, especialmente a las jornaleras de Huelva. Tijoux da forma a historias, unas ficticias y otras reales, que remueven conciencias y dejan un sabor agridulce. Algo similar, pero a través de la palabra escrita, hace Mona Eltahawy. Esta autora y periodista egipcia afincada en Nueva York es musulmana, feminista y una de las voces más influyentes del mundo árabe.

Más allá de la pasión con la que escribe y los dardos que lanza, la historia de Eltahawy, descrita en los tatuajes que cubren su cuerpo, es uno de esos motivos por los que el 8M sigue siendo necesario: las cicatrices de la violación que sufrió por parte de la policía en las protestas que acabaron con el reinado de Hosni Mubarak se han convertido en un lienzo que reivindica su propia sexualidad y la justicia, e inmortaliza el nombre de la calle donde se originó la revuelta. Siempre le acompaña, en su brazo izquierdo, una palabra por la que luchamos en todos los rincones del mundo: حرية (libertad). Hasta el año pasado, su pelo rojo sangre gritaba: «Sobreviví». Pero decidió rapárselo en directo, en redes, para lanzar un mensaje todavía más potente: vivimos tiempos horribles y el cuerpo es un lienzo sobre el que dibujar nuestra identidad –binaria o no binaria– de cero.


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