Cultura

Las ficciones pioneras que visibilizaron al colectivo trans

En tiempos recientes varias obras de ficción, como ‘Euphoria’ o ‘Veneno’, han reivindicado a las personas trans e intentado presentar su realidad con naturalidad y lejos del morbo o la patologización de otras ficciones pioneras en la visibilización del colectivo.

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24
Feb
2021
cine trans
‘Todo sobre mi madre’

Las personas transexuales llevan centrando parte del debate público desde hace meses. La disputa en el seno del Gobierno español sobre la ley trans solo ha cristalizado años de controversia entre las feministas radicales transexcluyentes (o TERF, por sus siglas en inglés) y las activistas transinclusivas. Se discute el concepto mismo de transexualidad, que hasta hace no pocos años se confundía en el imaginario colectivo con la homosexualidad o el travestismo. 

Recordemos que hablamos de un colectivo que se enfrenta a una tasa del 85% de desempleo. Los estudios de la FELGTB desvelan que más de la mitad del alumnado trans ha sido víctima de acoso, agresiones o vejaciones en la escuela. Según otro estudio del Hospital Universitario de Málaga, un 81,75% sufrió algún tipo de agresión física a lo largo de la vida, un 31,16% percibió discriminación en el ámbito laboral y un 22,84% tuvo al menos un intento de suicidio.

En tiempos recientes, varias obras de ficción han reivindicado a las personas trans e intentado presentar su realidad con naturalidad y lejos del morbo o la patologización. En España, el ejemplo más reciente es Veneno, considerada una de las mejores series del año pasado. A nivel internacional Transparent, Euphoria o Sense8, la serie de las hermanas Wachowski, han incluido personajes transexuales entre sus protagonistas.

Pero si ha habido en España un creador que ha reflejado sin ningún tapujo y desde un enfoque positivo la realidad trans ese es Pedro Almodóvar. El papel de Carmen Maura en La ley del deseo con su mítica escena de la manguera o el de Antonia Sanjuán en Todo sobre mi madre –con el aún más histórico discurso de la Agrado– son una buena muestra. Contemporáneo, precisamente, del primer Almodóvar en la España de La Movida es Nazario, uno de los dibujantes más importantes del cómic underground patrio que creó en 1977 a la detective Anarcoma. En unos tebeos cómicos, llenos de humor negro, presentó a su heroína de suspense y la desarrolló a lo largo de los 80.

Almodóvar y Nazario pertenecen a la contracultura ochentera española, aunque el director manchego ha logrado escalar al mainstream hasta hacerse con varias estatuillas Oscar. Fuera de nuestras fronteras, el género ha tenido hitos relativamente recientes como La chica danesa (2015) basada en la vida de la artista Lili Elbe. Aunque de 1998 y 1999 son las mucho más impactantes -y revolucionarias en su momento– The Brandon Teena Story y Boys don’t cry. La primera es el documental en el que se basa la segunda, que le valió un Oscar a Hillary Swank y su consagración como estrella de Hollywood. Ambas cintas cuentan la historia de uno de los crímenes de odio que más impactó causó a la sociedad estadounidense en los 90: el brutal asesinato de un joven transexual de Nebraska en 1993.

Hablamos, por supuesto, de películas que no estigmatizan la transexualidad como una enfermedad o perversión sexual. También lejos de los asesinos que resultan ser, en la incorrecta terminología empleada en la época, «hombres disfrazados de mujer», como el personaje de Michael Caine en Vestida para matar, en el que no solo se mezclaba la transexualidad con el trastorno disociativo de personalidad sino que llegaba a asociarse a lo criminal.

También hay que alejarse de Glen o Glenda (1953) y el mítico –por mal director– Ed Wood, que habla realmente de travestismo y no de identidad de género; o Víctor o Victoria (1982) y Yentl (1983), comedias y musicales que se basan en la confusión con la verdadera identidad de género de sus protagonistas, que son mujeres cisheterosexuales, no transexuales.

Como comentábamos antes, no hay que llegar hasta los 90 para encontrarnos con, aún desde la comedia, películas mucho más atrevidas, del tipo de la australiana Priscila, reina del desierto (1994) que daría a conocer a Hugo Weaving, el agente Smith de Matrix–A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar (1995) cinta de culto que convierte en drag queens a tres estrellas de acción más habituadas a papeles hipermasculinos como eran Patrick Swayze, Wesley Snipes y John Leguizamo. Esto siempre dentro del llamado mainstream, ya que el cine llamado independiente o el underground han gozado de más libertad. De hecho, una crítica habitual a la mayoría de cintas citadas anteriormente es que suelen poner a actores o actrices cis en papeles de personas trans,  invisibilizando a intérpretes transexuales cuando se trata, precisamente, de reivindicar sus derechos.

Uno de los directores más alejados de lo políticamente correcto que sigue vivo y cuyo cine difícilmente encajaría en ningún canon ‘progre’ es Clint Eastwood: en 1997 rodó Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, un filme basado en un juicio por asesinato donde la testigo clave fue la artista trans Lady Chablis, interpretada en la cinta por… la propia Chablis Deveau.

Precisamente Euphoria y Veneno, dos de las series con mejores críticas de los últimos años, han corregido la tendencia dando el papel de mujeres trans a actrices trans. En las próximas semanas veremos, además, si Daniela Santiago, que interpreta a Cristina La Veneno en su edad adulta, se lleva varios premios a su trabajo en la serie. La verdadera victoria llegará, de todos modos, cuando no tenga sentido hablar de películas pioneras ni películas trans porque aquellas que tengan protagonistas transexuales sean, simplemente, películas.

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