Cultura

Nunca, casi nunca, a veces, siempre: una cruda mirada sobre el aborto

La película de Eliza Hittman tiene la virtud de poner la discusión en manos de las mujeres jóvenes sin caer en juicios morales y recordándonos la dureza del proceso de interrupción del embarazo.

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 5 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
12
Nov
2020
nunca casi nunca a veces siempre aborto

Nunca, casi nunca, a veces, siempre recibe su título del frío cuestionario que deben rellenar las mujeres que desean abortar en el estado de Nueva York. La protagonista, Autumm, se queda embarazada con 17 años y debe resolver toda clase de problemas prácticos hasta llevar a cabo su decisión de abortar. Dirige la película Eliza Hittman, conocida por tratar problemas sociales y también los procesos de madurez de sus mujeres protagonistas sin didactismo ni moralismo pero con un enfoque progresista. Su película no es la primera –ni probablemente será la última– que trata el tema, pero destaca por dos cosas: repasar sin juicio todas las opciones que se presentan a Autumm ante su embarazo y la sensibilidad, dentro de la frialdad formal, con la que la retrata.

Aunque pueda parecer contraintuitivo por lo que aborda, la película –aún en cines, pendiente de estreno en plataformas– también destaca por estar dirigida y escrita por una mujer: la mayor parte de películas sobre el aborto con cierta relevancia social tuvieron directores varones. Por ejemplo, Las normas de la casa de la sidra, que en 1999 ganó el Oscar al Mejor Guión Adaptado, fue dirigida por Lasse Hallstrom. La francesa Une affaire de femmes (1988), por Claude Chabrol. La rumana 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007), por Cristian Mungiu. La inglesa El secreto de Vera Drake (2004) por Mike Leigh. La chilena Apio Verde (2013) por Francesc Morales. Muchas de ellas, además, también estaban ambientadas en el pasado lejano del momento en que fueron rodadas.

Hay que acercarse más en el tiempo a la actualidad y a los avances de la nueva ola del feminismo para encontrar a creadoras mujeres. Del mismo 2007 es Juno, escrita por Diablo Cody y dirigida por Ivan Reitman, planteada en forma de una comedia en la que la protagonista decide llevar su embarazo a término y dar el bebé en adopción. Más cruda, más comedia negra, es Obvious Child (2014), de la directora Gillian Robespierre. Con más frescura y menos moralina que otros intentos patrios, la miniserie de PlayZ, el canal joven de RTVE, Drama (2020), con la catalana Ginesta Guindal tras la cámara.

En países como Argentina y Polonia, las movilizaciones sobre el aborto se han repetido en los últimos meses

La cinta ha visto la luz en un momento en el que, aunque el debate sobre el aborto y otros asuntos de la política social parezcan superados en España o Europa, no lo están en un contexto internacional de polarización y retroceso populista. Por ejemplo, en Argentina la campaña #SeráLey no ha perdido fuelle pese a que el país haya vivido el confinamiento más largo del mundo. En Polonia, en pleno mes de abril todas las organizaciones feministas se movilizaban con distancia social y mascarillas ante el intento del Gobierno conservador de restringir el derecho al aborto, denunciado incluso por Amnistía Internacional.

El pasado 7 de agosto, aquí mismo, en España, la ministra de Igualdad, Irene Montero, anunciaba su intención de derogar la Ley Orgánica de Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2015 para que, entre otros cambios, que las menores de 16 y 17 puedan abortar sin permiso paterno. Actualmente y en cualquier caso, nuestro país se encuentra dentro de la mayoría de países con leyes de plazos, que permiten el aborto si la mujer lo solicita, independientemente de si está en riesgo o no su salud o de razones socioeconómicas.

Nunca, casi nunca, a veces, siempre no es una película cómoda de ver ni debe serlo: no considera que el debate se limite a si el aborto debe ser legal o no –y si lo plantease, estaría orientada a favor–, sino que lleva más allá la conciencia sobre la deshumanización del proceso, cómo influye en la madurez de las mujeres que lo experimentan y cómo lo percibimos como sociedad. Y, sobre todo, pone ese debate para que, en toda su complejidad, decidan sobre él las afectadas.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME

Aviso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrar a los usuarios publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si se continúa navegando, consideramos que se acepta su uso. Es posible obtener más información aquí.