Desigualdad

La economía española en tiempos de pandemia

La pandemia aún no ha acabado y el mundo sigue aprendiendo, día a día, cómo funciona la COVID-19. Pero ¿en qué medida la crisis de la COVID-19 y sus consecuencias afectan de forma diferente a distintos grupos de la población? Ángel de la Fuente, Toni Roldán y Juan Francisco Jimeno abordan el impacto que el coronavirus tendrá en la economía de nuestro país en un ensayo publicado por Debate..

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28
Ago
2020
crisis económica y sanitaria

Todas las crisis tienen ganadores y perdedores. Por ejemplo, en España la Gran Recesión se cebó de forma especialmente grave en los trabajadores temporales, en los jóvenes y en las personas con baja formación, y tuvo particular incidencia en algunos sectores determinados, como la construcción, donde una inmensa mayoría de los trabajadores son varones. Aunque la crisis de la COVID-19 esté afectando de forma directa o indirecta a todo el mundo –casi nadie se ha salvado del confinamiento y los que lo han hecho ha sido para realizar «trabajos esenciales» en condiciones muy difíciles–, sus efectos económicos también van a variar mucho por tipos de trabajadores, por sectores, por género o por nivel de renta y nivel educativo. Ya hemos comentado algunos primeros efectos observados en el empleo, donde ciertos patrones se repiten respecto a la anterior crisis, por ejemplo, en el impacto desigual en los trabajadores temporales como consecuencia de la profunda dualidad de nuestro disfuncional mercado de trabajo. Sin embargo, en esta crisis emergen nuevas desigualdades. La más evidente, por la propia naturaleza de la crisis, es la desigualdad entre trabajadores que pueden realizar su trabajo a distancia y los que no. Por otra parte, a diferencia de la anterior crisis, el sector servicios (turismo, hostelería, etc.) se va a ver mucho más afectado que otros.

«A raíz del cierre de escuelas, se producirá un impacto negativo sobre el aprendizaje»

En cuanto a las desigualdades por género y nivel educativo, dos capítulos abordan los principales interrogantes y aportan algunos datos sobre las desigualdades entre hombres y mujeres en cuanto al impacto de la crisis. En el corto plazo, hay dos factores relevantes que indican que esta crisis podría estar golpeando más fuerte a las mujeres que la anterior. En primer lugar, debido el peso relativo alto de trabajadoras en el sector servicios, y en particular en algunos de los sectores más afectados por la crisis, como la hostelería (con un 53 por ciento de mujeres); en segundo lugar, por la vía del cuidado de los hijos y las tareas domésticas durante el periodo de confinamiento. En los datos que presenta Libertad González sobre una encuesta realizada por internet, se observa que las mujeres están asumiendo de forma desproporcionada la nueva carga en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, incluso en los hogares donde ambos progenitores siguen trabajando.

Por su parte Claudia Hupkau explota datos sobre teletrabajo por ocupaciones profesionales y observa la incidencia del confinamiento entre trabajadores «esenciales» y los afectados por los cierres ligados al confinamiento. Concluye que las mujeres tienen mayor probabilidad que los hombres de haber perdido su empleo desde el inicio de la crisis porque están sobrerrepresentadas en sectores obligados a cerrar por el estado de alarma (el 29 por ciento de las mujeres, frente al 21 por ciento de los hombres). También destaca el impacto desigual del confinamiento en la producción doméstica a través de varios factores. Uno de ellos, muy determinante, es la composición del hogar. En España, por ejemplo, el 12 por ciento de los padres con hijos a su cargo son madres solteras, mientras que los padres solteros representan tan solo el 2 por ciento. Ese problema puede ser particularmente grave para mujeres cuyos puestos de trabajo son «esenciales» (como doctoras o enfermeras); en España el 10 por ciento de las mujeres en esos trabajos no tienen pareja y el 44 por ciento tiene pareja que también desempeña un empleo esencial.

«Esta crisis podría estar golpeando más fuerte a las mujeres que la anterior»

Sin embargo, ambas autoras destacan que, a largo plazo, es posible que esos efectos negativos en la brecha de género se vean compensados por otros positivos, como consecuencia de cambios en la organización del trabajo (mayor flexibilidad laboral y posibilidad de teletrabajo) y en las normas sociales (más implicación de los hombres en las tareas domésticas) que resulten más beneficiosas para las mujeres que para los hombres. Finalmente, recomiendan mejorar la cobertura de los hogares vulnerables, sobre todo los de las personas, en su mayoría mujeres, que no pueden trabajar como consecuencia del cuidado de los hijos. Hupkau destaca que mientras en otros países, como en Reino Unido o en Alemania, se han mantenido abiertas las guarderías y las escuelas para los trabajadores con empleos esenciales, en España actualmente no existe esta opción.

Entre el 11 y el 13 de marzo se cerraron todos los centros educativos del país, con el objetivo de frenar la rápida propagación de la COVID-19. Dos capítulos de este e-book analizan los efectos de tal decisión. Lucas Gortázar y Ainara Zubillaga toman como referencia estudios previos que analizan el impacto del verano en el aprendizaje y estiman que, a raíz del cierre de escuelas, se producirá un impacto negativo sobre el aprendizaje de todos los alumnos, pero que este impacto será muy superior para los alumnos de entornos desfavorecidos. Los autores apuntan a tres brechas que podrían abrirse como consecuencia de la repentina migración de la actividad docente del modelo presencial al online: la brecha de acceso (tener o no tener acceso a conexión a la red y a dispositivos tecnológicos); la brecha de uso (tiempo de uso y calidad del mismo), y la brecha escolar (habilidades del profesorado, disponibilidad de recursos y adecuación de plataformas online de apoyo a la enseñanza). En lo que se refiere al acceso, por ejemplo, su análisis por nivel socioeconómico muestra que un 14 por ciento de los alumnos de nivel socioeconómico bajo no tiene ordenador en casa, mientras que un 44 por ciento solo tiene uno. Los autores también analizan las desigualdades existentes por comunidades autónomas en relación a estas brechas. Por ejemplo, observan importantes diferencias en la proporción de alumnos cuyos centros disponen de una plataforma online eficaz de apoyo a la enseñanza: con País Vasco y Cataluña por encima del 60 por ciento, mientras que Asturias, Aragón y Extremadura apenas llegan al 40 por ciento. Los autores proponen diferentes líneas de actuación (centradas sobre todo en programas de digitalización y refuerzo educativo) para tratar de mitigar estas desigualdades en cinco escenarios posibles, dependiendo de la fecha de reapertura de las escuelas.

Jorge Sainz e Ismael Sanz ofrecen una amplia revisión de la evidencia empírica existente en la literatura académica para tratar de identificar los diferentes canales que pueden resultar relevantes para entender los efectos de esta crisis en la educación. Entre ellos, destaca la importancia que podrían tener la renta y la inseguridad laboral de los padres en el desempeño educativo de los hijos y en las tasas de repetición de curso académico y las diferencias que podrían darse por cohortes de edad. También observan algún potencial efecto positivo, por ejemplo, el esperable incremento en el desempleo reducirá el coste de oportunidad de continuar estudiando, al disminuir el atractivo de posibles alternativas laborales inmediatas. Concluyen con algunas recomendaciones de políticas públicas para tratar de mitigar los efectos negativos de la crisis en la educación como, por ejemplo, la implantación de un programa de refuerzo educativo similar al Plan PROA (Programas de Refuerzo, Orientación y Apoyo).


Este es un fragmento de ‘La economía española en tiempos de pandemia’ de Ángel de la Fuente, Toni Roldán y Juan Francisco Jimeno (Debate).

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