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Conservación de la naturaleza y salud en el campo de refugiados más grande del mundo

Diversos programas internacionales tratan de compaginar la conservación de la naturaleza y la seguridad alimentaria en los asentamientos de refugiados de Bazar de Cox, pero la pandemia de COVID-19 los ha paralizado.

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14
Jul
2020
refugiados bazar de cox

Ya sabemos que la degradación forestal, particularmente en ambientes tropicales, facilita que los virus salten de su anfitrión habitual (murciélagos o cualquier otro animal) a los humanos. Ponerle remedio es muy difícil porque los habitantes de esas zonas dependen de los recursos forestales para comer. ¿Cómo reconciliar la conservación de la naturaleza con la actividad económica? Hoy hablaremos de un proyecto en particular: el que se está llevando en el campo de refugiados más grande del mundo, en Bazar de Cox. Los rohinyás constituyen un grupo étnico musulmán que vivía principalmente en Birmania hasta que el ejército de ese país empezó en el año 2017 una operación que la ONU calificó de «limpieza étnica». Los rohinyás tuvieron que escapar con lo puesto hasta la vecina Bangladés, que les permitió establecer un campo de refugiados en Bazar de Cox.

Bazar de Cox se ubica en frente de las playas kilométricas del sureste de Bangladés y, aunque se trata de un destino turístico para los bangladesíes, no se puede decir que los rohinyás estén viviendo precisamente en un paraíso. Sus refugios son chozas de bambú, donde hasta 10 personas comparten techo. Se estima que casi un millón de personas están hacinadas en ese campo de refugiados, convirtiéndolo en el más grande del mundo.

Conflictos entre elefantes y conservación

El campo de refugiados se estableció tras la tala del bosque que antes dominaba el área. La degradación forestal continuó tras su establecimiento, ya que los rohinyás dependen de él para el suministro de leña. Es fácil imaginar la rapidez con la que se esquilma un bosque cuando casi un millón de personas acuden a él regularmente para aprovisionarse de madera.

bazar de cox

Cambios en Bazar de Cox tras el establecimiento del campo de refugiados más grande del mundo. Compatibilizar la conservación de la biodiversidad con la seguridad alimentaria es un reto por resolver.

El campo de refugiados corta una ruta migratoria que usan los elefantes para ir y venir entre Bangladés y Birmania en busca de comida y cobijo. Los paquidermos son visitantes asiduos del campo de refugiados, ya que siguen con sus rutas migratorias tradicionales e intentan romper los obstáculos con los que se encuentran en el camino.

Más de una docena de personas fallecieron tras la instalación del campo refugiados al cruzarse con elefantes

La situación ha tenido consecuencias trágicas: más de una docena de personas fallecieron en los primeros seis meses tras la instalación del campo refugiados al cruzarse con elefantes. Los niños han sido las principales víctimas ya que, cuando ven a los animales, intentan jugar con ellos y tirarle piedras, algo que no gusta mucho a los paquidermos.

Conservar la biodiversidad no es un lujo en Bazar de Cox, sino una necesidad básica. Si la degradación del bosque prosigue, los rohinyás se quedarán sin leña. No se puede decir lo mismo de los elefantes: sin duda, muchos querrían acabar con ellos.

Proyectos de conservación y alimentación

Una serie de agencias y oenegés internacionales, entre las que se encuentran la Agencia de Refugiados de la Naciones Unidas (UNHCR), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) y el Banco Mundial, están desarrollando diferentes programas para conservar los bosques y los elefantes, al tiempo que se garantiza la seguridad y que se cubren las necesidades de los rohinyás.

La IUCN desarrolló los equipos de respuesta a elefantes (ERT, por sus siglas en inglés), que estudiaron los puntos de entrada de los elefantes al campo de refugiados y su presencia en las instalaciones. Con esos datos se han diseñado puntos de vigilancia, sistemas de avisos y corredores para que los elefantes puedan cruzar el campo de forma segura para la comunidad, entre otras medidas. Afortunadamente, apenas hemos tenido que volver a lamentar fallecimientos desde el establecimiento de estas medidas.

Con la ayuda de los ERT se han realizado proyectos de reforestación en cientos de hectáreas con dos objetivos principales: la preservación de la biodiversidad y la rápida recuperación. Por eso las plantaciones se realizan con muchas especies diferentes, siempre y cuando sean nativas y de crecimiento rápido.

Miembro de los equipos de respuesta a los elefantes del proyecto de la IUCN en tareas de reforestación. || Faqrul I Chowdhury, Author provided

Un aspecto básico para el éxito de este proyecto es involucrar a los rohinyás en el desarrollo de las plantaciones. Es decir, conseguir que el provecho económico que obtienen por plantar árboles sea mayor que el de la extracción de leña.

Pero no basta con dar trabajo de forma puntual para la plantación: es necesario también fomentar la cogestión del bosque entre los rohinyás y las autoridades relevantes para asegurar el ingresos de dinero continuado. Las acciones incluyen el desarrollo de ganadería extensiva o de actividades relacionadas con el ecoturismo, entre otras. Además, los ERT cobran por vigilar las plantaciones.

Impactos de la COVID-19

La COVID-19 ha tenido un efecto devastador en todos estos programas. La ayuda humanitaria se ha visto interrumpida casi al completo, con la excepción de los programas médicos.

No sabemos si habrá servido para algo el trabajo de estos últimos dos años, ya que en la situación actual es posible que se pierda el esfuerzo restaurador que se había empezado a desarrollar. La COVID-19 hizo su primera aparición hace más de un mes y el Gobierno de Dhaka ha declarado Bazar de Cox como zona roja de la epidemia en el país. Los rohinyás viven atemorizados por la enfermedad.

Tras la pandemia, la ayuda humanitaria se ha visto interrumpida casi al completo

Muchos de los sintomáticos prefieren no acudir al médico por temor a ser privados de libertad durante el aislamiento y a ser desplazados a otros emplazamientos. La preservación de la biodiversidad no es ahora una de sus preocupaciones, como cabe esperar. Las zoonosis suelen surgir cuando los humanos nos acercamos demasiado a los bosques tropicales. Sabemos que el ébola surgió, en diferentes momentos tras cortar los bosques tropicales en África y afectó a los municipios aledaños en primera instancia.

Parece ser que la COVID-19 procede de los bosques subtropicales chinos. No sabemos qué se podría esconder en los bosques tropicales de Bangladés, ni en los de ninguna otra parte del mundo. Pero hemos visto cómo la degradación sostenida de estos ambientes pone en jaque a la población local y mundial por el desarrollo de zoonosis.

Lecciones aprendidas

Esta experiencia nos enseña varias lecciones. La primera es que para que los trabajos de restauración de la naturaleza sean efectivos deben aportar beneficios tangibles a los afectados. A mayor grado de pobreza, mayor deberá ser el beneficio. No basta con medidas prohibitivas o punitivas, sino que son necesarias medidas sostenibles económicamente que sirvan como incentivos a largo plazo.

Esto debe llevar a que nos replanteemos las políticas de conservación. El mercado de emisiones de CO₂ se plantea como una buena estrategia para lograr este fin. Podemos desarrollar instrumentos que recompensen económicamente a aquellos países tropicales que demuestren conservar sus bosques nativos intactos. El California Tropical Forest Standard es uno ejemplo de este tipo de iniciativas. Cuando diseñamos estrategias de protección de la biodiversidad, debemos pensar en el impacto a gran escala de de las acciones. Por ejemplo, si protegemos los bosques en nuestro país, ¿estamos fomentando la importación de madera tropical?

Los fondos destinados a la preservación de la biodiversidad deben tener un enfoque global: la prioridad no puede ser salvar el bosque que nos quede más cerca, sino aquel que tenga una mayor importancia para la biodiversidad y prevención de zoonosis a nivel global.The Conversation


Víctor Resco de Dios, Profesor de Incendios y Cambio Global en PVCF-Agrotecnio, Universitat de Lleida y Faqrul Islam Chowdhury, Lecturer, Forestry, University of Chittagong. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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