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Opinión

21 lecciones para el siglo XXI: Vivir en una caja

Vivimos en el siglo de la información irrelevante y las noticias falsas. La claridad, aunque casi imposible de conseguir, es poder. En ’21 lecciones para el siglo XXI’ (Debate), Yuval Noah Harari examina el presente de la humanidad para discernir un futuro en el que ser capaces de entender el mundo que hemos creado se torna crucial y casi imposible.

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03
Ene
2020
21 lecciones para el siglo XXI: Vivir en una caja

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La revolución tecnológica y científica actual no implica que individuos auténticos y realidades auténticas puedan ser manipuladas por algoritmos y cámaras de televisión, sino más bien que la autenticidad es un mito. A la gente le asusta estar atrapada dentro de una caja, pero no se da cuenta de que ya está encerrada en el interior de una caja (su cerebro), que a su vez está encerrado dentro de una caja mayor: la sociedad humana con su infinidad de ficciones. Cuando escapamos de la matriz, lo único que descubrimos es una matriz mayor. Cuando los campesinos y obreros se rebelaron contra el zar en 1917, terminaron en manos de Stalin; y cuando empezamos a analizar las múltiples maneras en que el mundo nos manipula, al final nos damos cuenta de que nuestra identidad fundamental es una ilusión compleja creada por redes neurales.

La gente teme que al estar atrapada dentro de una caja se perderá todas las maravillas del mundo. Mientras Neo permanezca encerrado en la matriz y Truman en el estudio de televisión, nunca visitarán Fiyi, o París o Machu Picchu. Pero, en realidad, cuanto experimentamos en la vida se halla dentro de nuestro propio cuerpo y nuestra propia mente. Escapar de la matriz o viajar hasta Fiyi no supondrá ninguna diferencia. No es que en algún lugar de nuestra mente haya un cofre de hierro con una gran inscripción en rojo que diga «Ábrase únicamente en Fiyi!», y que cuando finalmente viajemos al Pacífico Sur y abramos el cofre, de él vayan a salir todo tipo de emociones y sentimientos especiales que solo podremos experimentar en Fiyi. Y que si nunca visitamos Fiyi, nos perderemos estos sentimientos especiales para siempre. No. Sea lo que sea que podamos vivir en Fiyi, podemos sentirlo en cualquier lugar del mundo, incluso dentro de la matriz.

Quizá todos vivamos dentro de una gran simulación informática, al estilo de Matrix. Esto contradeciría nuestros relatos nacionales, religiosos e ideológicos. Pero nuestras experiencias mentales seguirían siendo reales. Sería muy embarazoso para Karl Marx y para Estado Islámico que al final la historia humana fuera una compleja simulación que tiene lugar en un superordenador accionado por científicos ratas del planeta Zircón. Pero estos científicos ratas seguirían sin tener respuesta para el genocidio armenio y para Auschwitz. ¿Cómo consiguieron que algo así pasara por el comité de ética de la Universidad de Zircón? Incluso si las cámaras de gas no fueron más que señales eléctricas en chips de silicio, las experiencias de dolor, miedo y desesperación no fueron por ello ni un ápice menos atroces.

«La mente es un objeto que está modelado por la historia y la biología»

El dolor es dolor, el miedo es miedo y el amor es amor, incluso en la matriz. Da igual si el miedo que sentimos lo inspira un conjunto de átomos en el mundo exterior o las señales eléctricas manipuladas por un ordenador: el miedo sigue siendo real. De modo que si queremos conocer la realidad de nuestra mente, podemos hacerlo tanto dentro de la matriz como fuera de ella.

La mayoría de las películas de ciencia ficción cuentan en verdad una narración muy antigua: la victoria de la mente sobre la materia. Hace treinta mil años, la narración era: «Mente imagina cuchillo de piedra – mano crea cuchillo – humano mata mamut». Pero lo cierto es que los humanos consiguieron el control del mundo no tanto por inventar cuchillos y matar mamuts como por manipular mentes humanas. La mente no es el sujeto que modela libremente acciones históricas y realidades biológicas: la mente es un objeto que está modelado por la historia y la biología. Incluso nuestros ideales más queridos (libertad, amor, creatividad) son como un cuchillo de piedra que alguien que no somos nosotros creó para matar algún mamut. Según las teorías científicas más reputadas y las herramientas tecnológicas más avanzadas, la mente nunca está libre de manipulación. No existe un yo auténtico a la espera de ser liberado de la cáscara manipuladora.

¿Tiene el lector alguna idea de cuántas películas, novelas y poemas ha consumido a lo largo de los años, y de cómo estos artefactos han esculpido y modelado su idea del amor? Las comedias románticas son al amor lo que la pornografía al sexo y Rambo a la guerra. Y si el lector cree que puede pulsar alguna tecla de borrar y eliminar toda traza de Hollywood de su subconsciente y su sistema límbico, se engaña.

Nos gusta la idea de elaborar cuchillos de piedra, pero no nos gusta la idea de ser cuchillos de piedra nosotros mismos. De manera que la variación de matriz de la antigua narración del mamut reza más o menos así: «Mente imagina robot – mano crea robot – robot mata a terroristas, pero también intenta controlar mente – mente mata robot». Pero esta narración es falsa. El problema no es que la mente no podrá matar al robot. El problema, para empezar, es que la mente que imaginó el robot ya era el producto de manipulaciones muy anteriores. De ahí que matar al robot no nos liberará.

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