Ciudades

«Hay que hacer un esfuerzo conjunto desligado de la ideología para combatir el cambio climático»

Entrevistamos a Francisco de la Torre, alcalde de Málaga desde hace 20 años, para hablar de la transformación sostenible que ha definido la ciudad andaluza desde hace unos años.

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13
Dic
2019

Francisco de la Torre (Málaga, 1942) es, desde hace dos décadas, alcalde de Málaga. Bajo las siglas del Partido Popular, el regidor ha apostado por convertir a la ciudad andaluza en un referente en sostenibilidad en todos los sentidos. Desde los sistemas de movilidad, de agua y de gestión de residuos hasta la promoción de un turismo más sostenible. A día de hoy, los indicadores le dan el aprobado. Galardonada con el premio europeo de movilidad Civitas Ciudad del año, Málaga se encuentra desde hace años entre las primeras ciudades del mundo en materia de sostenibilidad e inteligencia según el índice Cities in Motion. En medio del ruido de la COP25 nos reunimos con Francisco de la Torre para analizar los principales retos a los que se enfrentan las ciudades del siglo XXI y de cómo la administración local puede contribuir al desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


Según el informe REDs de Ciudades y ODS, Málaga obtiene muy buenos resultados en salud y bienestar y agua. Sin embargo, suspende en cuestiones de empleo y crecimiento, talón de Aquiles de muchas ciudades. ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan las ciudades y cómo abordarlos?

Uno de los grandes retos es movilidad, que hay que saber resolver de una manera inteligente y sostenible, pero también está el del consumo de energía, que puede empezar a reducirse con soluciones como la iluminación led o unos sistemas de depuración de agua más eficientes. En Málaga ya hemos comenzado a aplicar estos cambios: hoy el Ayuntamiento produce con energía renovable la mitad del consumo eléctrico que necesita la ciudad porque tenemos instalados cerca de mil megavatios-hora (MWh) al año, producimos 64 mil y consumimos 140 MWh. La formación y el empleo son también retos muy importantes. El problema es que la formación no está en manos de los Ayuntamientos españoles. Cuando fui diputado con Unión de Centro Democrático durante la Transición, nuestra idea era que las autonomías no fueran solo hacia la región, sino que bajase hasta el ámbito local. Sin embargo, las Comunidades Autónomas se han quedado competencias que deberían haber pasado a nivel local como sucede en el resto de Europa, donde se acercan las decisiones y los poderes a los vecinos. La educación primaria y secundaria, que es donde te juegas el futuro de los ciudadanos, deberían estar en el ámbito local como la política de viviendas o la de acción social. Desde el Ayuntamiento podemos motivar, analizar las demandas de formación profesional, estimular que haya un esfuerzo educativo y promover la educación como el amor al conocimiento o el servicio al bien común, pero no tenemos capacidad de mejorar el sistema educativo. Las ciudades podemos ayudar en cuestiones como la eficiencia o el agua para ayudar a que los ODS sean una realidad, pero no contamos con el total de las capacidades. Tenemos las herramientas que tenemos y tratamos de utilizarlas lo mejor posible.

Según los datos de la ONU, para 2050 la mayor parte de la población mundial vivirá en ciudades. Nos encontramos en una fase de concentración demográfica en las urbes, en torno al 70%, que está dando lugar a megalópolis insostenibles. ¿Qué papel juegan las ciudades en la lucha contra el cambio climático? 

Depende del país. El Consejo de Europa tiene un indicador sobre la autonomía local que mide qué presupuesto por habitante y año manejan los municipios en promedio con el país. En España tenemos la peor tasa del continente. En el 2002, aunque los datos apenas han cambiado, estábamos en los 1.000 euros por habitante al año -excepto en el País Vasco y Navarra, que por su régimen foral se situaban en 1.600-. En Europa central, donde hay nivel regional como en Alemania o Francia, el presupuesto se triplica. Pero en los países del norte, donde solo hay Estado y municipio, hay entre 10 mil y 11 mil veces más. Eso quiere decir que en esos municipios  la capacidad de acción contra el cambio climático, en cuestión de políticas de vivienda o de eficiencia, es mucho mayor. Se deberían poder transferir algunas competencias al ámbito local y aplicar el principio de subsidiaridad.

Se debería aplicar el principio de subsidiaridad y transferir competencias al ámbito local

¿De qué manera pueden entonces contribuir los Ayuntamientos?

Hay algo que solo el Ayuntamiento puede hacer y es estar en contacto con la gente y transmitirle al mundo empresarial y a los ciudadanos qué es en lo que pueden contribuir. Esto incluye tanto la cooperación al desarrollo por parte de cada ciudadano como motivar a las empresas para ahorrar energéticamente, abrazar políticas sociales o garantizar la conciliación familiar. El Ayuntamiento tiene un papel de liderazgo, de dar ejemplo. Por eso tiene que hacer una política muy cumplida en su propia acción directa, en sus presupuestos, alineando sus objetivos estratégicos con los ODS. En Málaga tenemos una serie de indicadores para medir cómo vamos cumpliendo con los distintos objetivos, pero tendremos que converger con los que tengan otros municipios para compararnos no solo en el tiempo, sino también en el espacio. 

En los últimos años Málaga se ha convertido en un laboratorio de innovación en lo referente a inteligencia sostenible. ¿Cómo puede la revolución digital ayudar a crear más bienestar social y a luchar contra la desigualdad?

La transformación digital se puede aplicar en mil aspectos. Por ejemplo, nos ayuda a ahorrar energía: si pones a disposición de los ciudadanos una aplicación móvil donde tienes información de cuándo llega el autobús a la parada, estás fomentando el transporte público. De la misma manera, cuando desde el móvil puedes saber dónde hay una plaza libre en zona azul estás ahorrando energía en ir. La administración electrónica facilita también el ahorro de papel y el manejo de información, el big data, permite conocer qué es lo que la gente quiere. Es un horizonte que se abre constantemente. Sin embargo, no hay que olvidar que ese mundo nos crea también unos retos muy difíciles en materia de formación para el empleo. La mayor parte de las profesiones del futuro todavía no existen, no podemos verlas y tenemos que imaginarlas. Por eso, hay que apostar por una formación en informática, matemáticas y física, pero también en filosofía y ética que luego permita aplicar esos conocimientos a la realidad de cada momento.

Hay que buscar un sistema sostenible que sea lo más compatible posible con el turismo

El turismo es una de las fuentes económicas de las ciudades, pero también un desafío para la sostenibilidad. No solo por las emisiones de CO2 derivadas del transporte, también por la generación de residuos, de cómo asegurar la convivencia entre los diferentes actores sociales. ¿Cómo podemos hacer un balance entre el turismo y el desarrollo sostenible? 

Hay que apostar por el turismo de calidad pero tampoco se pueden poner barreras. Es cierto que el turismo de masas puede crear problemas de rechazo, de densificación en cuanto a un territorio que tiene una capacidad de acogida concreta o de daño al medioambiente, pero no puedes decir no a un tipo de turismos de poca capacidad económica. Es más sostenible el turismo si la ciudad es sostenible y el gran reto que tenemos es el transporte. Los trenes deben ser cada vez más ecológicos, igual que los aviones que, aunque sea complicado, espero algún día sean solares. Hay que buscar un sistema sostenible que sea lo más compatible posible con el turismo, porque es algo de lo que la gente no puede prescindir con facilidad.

En el Acuerdo de París más 190 países firmaron pacto global que puso en evidencia que la lucha contra el cambio climático trascendía cualquier ideología. ¿Ideologizar este desafío puede suponer un freno para superarlo?

No debe haber ningún tipo de ideologización porque es un desafío para todos. Todos estamos afectados, todos tenemos una responsabilidad y tenemos que aplicarlo en el ámbito público a nivel internacional, regional y local, y también en la sociedad civil, el mundo empresarial, el ciudadano y las familias. Nadie puede negar la evidencia del cambio climático, que es una amenaza que ya está afectando social y económicamente. El calentamiento global provoca el aumento del nivel del agua, la reducción de los glaciares y eso afecta a la población y puede producir desplazamientos. Todas estas realidades están golpeando visiblemente a la población y hay que hacer un esfuerzo conjunto desligado de la ideología para combatir el cambio climático.

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