Medio Ambiente

Viaje a las profundidades de la pesca sostenible

De aquí a unos meses, los Estados miembros de la Unión Europea tendrán que demostrar que han acabado con la sobrepesca. Amparadas bajo el proyecto Medfish, impulsado por MSC y WWF, a día de hoy, siete pesquerías españolas ya cuentan con planes de actuación para alcanzar la sostenibilidad.

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25
Sep
2019
pesca

El olor a pescado fresco impregna toda la nave. Bandejas repletas de gambas, gambones, potas, pulpos, bocadulces y algún que otro bogavante desfilan una detrás de otra transportadas por una cinta mecánica. Mientras, un agitado público observa la imagen ampliada del marisco y pescado en una pequeña pantalla. Al lado, un número —el precio— desciende en picado hasta que un pitido lo frena. La cifra se mantiene estática durante unos segundos. Luego se reinicia el proceso con una nueva bandeja.

En la lonja de Motril, una localidad granadina de no más de 60.000 habitantes, la escena se repite cada día. Pescaderos y hosteleros acuden a la subasta para pujar por los productos más frescos y, con suerte, adquirirlos al precio más bajo. Una máquina del tamaño de un smartphone les concede el poder de escoger lo que luego cargarán en sus furgonetas y camiones. Entre cargas y descargas, el evento puede durar horas. En él no falta la estrella de la zona: la quisquilla de Motril. El precio de salida ratifica su valía. De los 75 euros el kilo desciende, como mucho, hasta los 52. Una etiqueta recoge toda la información del producto y de la compra: cuánto pesa, quién lo ha vendido y quién lo ha comprado, y un código que redirige a la trazabilidad alimentaria. Sin embargo, hay algo que no queda registrado: el impacto medioambiental que han dejado los barcos de pesca de este pequeño crustáceo.

EL 78% de las poblaciones de peces del Mediterráneo y el Mar Negro están sobreexplotadas

Conscientes de esta carencia, en septiembre de 2017 la pesquería de quisquilla de nasa (un arte de pesca menor) de Motril entró a formar parte de Medfish, un proyecto impulsado en 2015 por las oenegés World Wildlife Fund (WWF) y Marine Stewardship Council (MSC) —que establece la certificación azul de pesca sostenible— para evaluar el estado de las pesquerías españolas y francesas del Mar Mediterráneo y diseñar planes de acción de mejora para alcanzar la sostenibilidad. El reto es, cuando menos, ambicioso: según el último informe elaborado por la FAO sobre el estado del Pesca en el Mediterráneo y el Mar Negro de 2018, el 78% de las poblaciones estudiadas en la zona están sobreexplotadas. Es decir, se pesca en cantidades tan elevadas que las especies capturadas no tienen tiempo para restablecerse. Y se trata de una tendencia al alza. A nivel mundial, los datos tampoco mejoran, ya que se cifra en un 33,1% el porcentaje de bancos de peces capturados a niveles biológicamente insostenibles.

«La iniciativa Medfish intenta revertir esta situación. Creemos que la sobrepesca puede y debe acabar, pero hacen falta recursos y, sobre todo, una mayor voluntad política para proteger lo que es de todos: el océano y sus recursos», sostiene Marta Rodríguez Zugasti, directora del programa MSC en España y Portugal. Y en en el puerto de Motril, en activo desde 1908, no falta voluntad. Tampoco conciencia ecológica. «Soy pescador y soy feliz siéndolo, pero sé que dentro de los ecosistemas nosotros somos depredadores, los hemos dañado gravemente y ahora debemos buscar el equilibrio», reconoce Ignacio López, patrón mayor de la cofradía de pescadores de la localidad. Sin embargo, estabilizar la balanza no es una tarea sencilla, mucho menos en un lugar donde la crisis económica y financiera se llevó por delante cerca del 60% de la flota. 

El miedo ahora proviene de un contexto diferente: los Estados miembros de la Unión Europea están obligados, según establece la Política Pesquera Común, a acabar con la sobrepesca antes de 2020. Faltan poco más de tres meses para el inicio de año e Ignacio dice estar preocupado: «La flota podría volver a caer, y a mí me duele perder un barco. Además, sería un desastre para la economía de la zona, porque representamos una parte muy importante». Por eso, añade, el interés del proyecto Medfish por la pesca de quisquilla con nasa supuso un faro de esperanza. 

La crisis económica se llevó por delante a cerca del 60% de la flota del puerto de Motril

Según explica el patrón, se escogió este tipo de pesquería porque la quisquilla es la especie más importante de Motril, donde se concentra más del 50% de los desembarques andaluces de esta especie. También, porque la técnica de la nasa —que consiste en lanzar una cesta en forma de embudo con cebo en el interior y con un agujero que facilita la entrada del crustáceo pero impide su salida— resulta ser más favorable para los ecosistemas que otras técnicas como el arrastre o los trasmallos. «Sabíamos que la nasa está más cerca de cumplir con los estándares de sostenibilidad», añade. 

Se refiere al Estándar MSC de pesquerías en el que se ha basado el proyecto Medfish para preevaluar el estado de la sostenibilidad de las 14 pesquerías (entre españolas y francesas) que forman parte de la iniciativa. Este indicador cuenta con tres principios: que el estado de las poblaciones sea sostenible, que haya un mínimo impacto del arte de pesca en el entorno y que la gestión de los recursos sea eficaz. En función de estas pautas, se hace un análisis, luego se elaboran los planes de acción y se diseña su ejecución. Por el momento ya son siete las pesquerías españolas que han sido evaluadas y en las que se ha concretado un programa de actuación. Según el coordinador del proyecto, Julio Agujetas, el objetivo es mejorar el conocimiento sobre el impacto de la pesca y abrirles la puerta de la certificación ecológica a las pesquerías. «En Motril detectamos que faltaba información sobre la población de quisquilla, sobre el estado de los caladeros o el impacto de las nasas. Aunque todavía no son sostenibles, después de dos años de trabajo saben cuáles son sus debilidades y están actuando para mejorarlas», explica. 

La bióloga y asesora técnica en la gestión pesquera de la cofradía, Inmaculada Carrasco, detalla esas actuaciones que, asegura, les están encaminando en la línea sostenible que marca la Unión Europea. «De momento hemos conseguido tener una asistencia técnica y una red de cofradías para obtener datos pesqueros. Sin embargo, son todavía muchos los proyectos que nos quedan por aprobar». A corto plazo, desde la Cofradía de Motril, junto con la Asociación Sociedad para el Desarrollo de Comunidades Costeras (Soldecocos) esperan impulsar y desarrollar un proyecto de diagnóstico científico en la cuenca Mediterránea andaluza que minimice los efectos de los descartes —los peces que se devuelven al mar por no cumplir con la talla mínima establecidas por la ley— sobre el medio ambiente. 

«Necesitamos el sector pesquero para tener futuro», advierte Jorge Saéz Jiménez, colaborador de WWF y socio fundador de Soldecocos. El técnico ambiental habla con la vista puesta en las costas de todo el mundo y, sin embargo, una mejora de la gestión en el pequeño Mar de Alborán que baña la costa de Granada puede difundirse como una onda expansiva. «Si España, que es el cuarto productor de pescado del mundo y el segundo consumidor de Europa, deja de producir, la deuda ecológica se traslada a terceros países. Así no hay ni justicia social ni medioambiental», denuncia. Por eso, garantizar que la pesca española dé un volantazo hacia la sostenibilidad puede repercutir significativamente en la salud de los océanos de todo el mundo que, por desgracia, cada día se vacían de vida un poco más.

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