Derechos Humanos

El mundo más allá del velo

Para las mujeres de Badghis (Afganistán) la vida se limita, casi siempre, a las cuatro paredes de sus casas. Afortunadamente, desde la construcción del primer mercado establecido por la ONG World Vision, tienen un espacio gestionado exclusivamente por y para ellas.

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Narges Ghafary

World Vision Afghanistan

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14
Jun
2019
mujeres

Para las mujeres de Badghis (Afganistán) la vida se limita, principalmente, a las cuatro paredes de sus casas. A menudo están encerradas en una cultura conservadora que otorga pocos derechos a las mujeres porque cree que son inferiores a los hombres. Muchas de ellas no tuvieron más remedio que enterrar sus ambiciones en la rutina de su vida. Pocas confiaban en que algún día pudieran encontrar una manera de demostrar su talento y llegar a ser económicamente independientes.

El mercado, dirigido por y para las mujeres es un nuevo espacio donde el sonido de la risa llena el aire. Las mujeres se sienten libres de miedo y dudas. Pueden respirar, ver y experimentar el mundo fuera del límite del burka, algo inusual en Badghis. Allí, las mujeres se ven limitadas por la cultura y la religión, y su visión del mundo es filtrada por una delgada cinta de tela semitransparente que se convierte en su única ventana al exterior. Ahora tienen un lugar al que acudir todas las mañanas, donde retirarse sus burkas para sentir la brisa de la mañana y charlar mientras venden artesanía hecha por ellas mismas a otras mujeres. Al final del día, se van a casa con el dinero que han ganado.

La puesta en marcha del mercado: un proceso complicado

En 2017, la ONG World Vision estableció el primer mercado gestionado exclusivamente por mujeres y destinado para ellas, en Qala-e-naw, Badghis. Fátima, de 30 años y madre de cinco hijos, se encuentra entre las 28 mujeres que trabajan en este mercado. Gana alrededor de 10.000 Afs (130 euros) al mes como sastra. Fátima siempre había soñado con tener su propia tienda de ropa, pero establecerse en el mercado de mujeres y tener una tienda propia no fue nada fácil. Desde el principio, el proceso resultó ser más complicado de lo que había imaginado.

El esposo de Fátima trabaja vendiendo bocadillos en el bazar, donde gana apenas lo justo para cubrir los gastos de la familia. Aún así, no estaba convencido de que ella trabajara. Siempre había visto a las mujeres en casa, cuidando a los niños y cocinando y lavando. No podía concebir la idea de mujeres trabajando fuera de la casa familiar. «¡Tener una tienda!», recuerda Fátima que le dijo su esposo cuando ella le mencionó que quería trabajar en el mercado de mujeres. «¿¡Te encuentras bien!? ¿Qué quieres hacer ahí? Quédate en casa y cuida a tus hijos. No necesitamos tu dinero».

Los imanes comenzaron a predicar sobre los derechos de las mujeres para convencer a los hombres de que podían trabajar

«Tradicionalmente las mujeres en Badghis tienen pocas oportunidades de salir de sus casas, excepto para realizar las tareas diarias como cocinar y lavar. Si las mujeres tienen otras habilidades, estas quedan ocultas al mundo exterior. Cuando surgió la idea del mercado de mujeres trabajamos con World Vision para llevar a cabo varias reuniones con el gobernador y el departamento de asuntos religiosos con el fin de buscar su apoyo para el mercado. Los imanes prometieron predicar sobre los derechos de las mujeres y las actividades sociales durante las oraciones del viernes y el alcalde de Badghis aceptó proporcionar un edificio sin coste», cuenta la Sra. Zarghona Shirzad, jefa del Departamento de Asuntos de la Mujer (DoWa) de Badghis.

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Los líderes religiosos fijaron dos oraciones un viernes al mes para hablar sobre el mercado y convencer a los hombres de que las mujeres que trabajan fuera del hogar son aceptadas dentro del marco del Islam. Los sermones no solo cambiaron las perspectivas de muchos hombres sobre las posibilidades sociales y económicas para las mujeres, sino que también actuaron como publicidad de esta iniciativa. El Departamento de Asuntos de la Mujer comenzó a recibir solicitudes de mujeres que querían participar en el mercado. Aún así, había que seguir sorteando obstáculos. Shirzad cuenta que al comienzo de la campaña recibió muchas amenazas a través de cartas y llamadas de hombres que estaban en contra de la idea, pero ella y su red de apoyo persistieron. «Los líderes religiosos jugaron un papel importante para calmar la ira de los oponentes», comenta Shirzad.

Un cambio en la vida de Fátima

Un día, después de regresar de una oración del viernes, el esposo de Fátima le preguntó si todavía quería trabajar en el mercado. «¡Acabo de decir que sí! ¡Rotundamente!», cuenta. Ha pasado un año desde que Fátima abrió su tienda en el mercado. Ahora muestra una sonrisa de oreja a oreja. «Tengo dos o tres clientes al día. Cobro entre 150 y 300 Afs por cada prenda de vestir que personalizo. Estoy muy orgullosa de lo que he conseguido. Antes de trabajar siempre le tenía que pedir dinero a mi esposo si quería comprarme algo. Pero ahora, vuelvo a casa por las noches con dinero y de camino compro lo que quiero para mí y para los niños».

El mercado le ha dado a Fátima independencia financiera y le ha ayudado emocionalmente

El mercado no solo le ha dado a Fátima independencia financiera, sino que también le ha ayudado emocionalmente. Una niñera cuida de sus hijos mientras está trabajando. Fátima se siente más relajada: «Todas las mañanas, cuando vengo aquí, dejo mis problemas familiares en casa, charlo y me río con las mujeres en el mercado. Realmente no siento el paso del tiempo. Hablamos y compartimos experiencias unas con otras. Podemos bromear y olvidar los desafíos de la vida por un tiempo. Cuando estaba en casa, le pedía a mi esposo que comprara lo que se necesitaba. En la ciudad, cada tienda se encuentra en una ubicación diferente y no conocía muy bien la zona. Sin embargo, este mercado tiene la mayor parte de lo que las mujeres pueden necesitar, como zapatos, ropa, incluso helados y una clínica privada», explica.

También destaca que, con el apoyo continuo de World Vision, incluso tienen la oportunidad de establecer un gimnasio para mujeres y un club deportivo, el primero de este tipo en la ciudad. Como resultado de los esfuerzos de promoción realizados por el personal del proyecto a nivel local y nacional, el gobierno está construyendo actualmente un edificio de 45 pisos, específicamente para negocios dirigidos por mujeres.

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