Cultura

La ideología de Star Wars

El filólogo Fernando Ángel Moreno analiza el trasfondo ético, político y religioso de ‘Star Wars’ en su último libro.

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19
Feb
2019
star wars

A menudo se nos acusa a los postmodernos de relativistas cuando intentamos explicar la complejidad del arte y de la manera en que lo recibimos. Esto nos asombra cuando quienes hemos estudiado filología hispánica e incluso investigado a grandes filólogos hemos presenciado una pelea tras otra no solo respecto de cuáles son las obras que deben entrar en el canon, sino incluso sobre los motivos por los que deben entrar. Junta a cinco expertos en el Quijote en una sala, compra palomitas y una cerveza, y prepárate para una lucha intelectual encarnizada, a veces descendiendo al barro tanto o incluso más que en cualquier discusión friki de internet. No te quiero ni contar lo que ocurriría si pudiéramos juntar a uno del siglo XVII, a otro del XVIII, a otro del XIX y a otro del XX. La respuesta a esta argumentación casi siempre se basa en «la evidencia de lo que yo he estudiado y visto». Felicidades. Quizás seas un genio, pero tu opinión será barrida por el viento de las próximas generaciones con conocimientos diferentes a los tuyos.

¿Significa esto que niego cualquier objetividad en los estudios estéticos? Ni mucho menos. Significa que toda objetividad parte de una determinada metodología y de una determinada selección de elementos para el análisis y que, según las premisas desde las que se parta, la valoración se enfocará hacia unos datos objetivos o hacia otros. Hay un análisis y datos objetivos sobre la obra estética, pero el problema es que los elementos y las metodologías posibles desde los que abordarlos son ilimitados. En fin, en eso consiste la postmodernidad: en tener presente la circunstancialidad de la metodología empleada para valorar un objeto y su contextualización. ¿Cómo no ser postmoderno? Todos lo somos en cuanto dejamos de aceptar una única manera de mirar, cuando contemplamos las mil facetas de una obra estética y nos negamos a seguir los postulados impuestos desde un único punto de vista.
Cuando dejamos la esclavitud del pensamiento único con que hemos sido educados. A veces, cuando oigo las discusiones entre los grandes dogmáticos, es como si escuchara:

  1. ¿Cómo ves que La Rengenta es una obra maestra de la crítica social?
  2. Porque me encantan los plátanos.

Siempre pienso que los dogmáticos no hablan el mismo idioma entre sí, que no hay forma de que sincronicen sus miradas, de que dialoguen, de que se complementen. Acabo preguntándome quiénes son de verdad los relativistas.

El problema es precisamente elevar el gusto personal, la opinión, la doxa, a la categoría de episteme, de Verdad Absoluta Incuestionable. Es decir, cuando un aficionado no académico se mete con los académicos porque no saben del gusto o porque todas las opiniones valen igual, solo se puede responder: «Tan absurdo es ese análisis del aficionado como el del académico dogmático. Ninguno de los dos responde a la realidad ni tiene sustento alguno como “absoluto”». Lo importante es saber qué se está mirando y desde qué metodología. Podemos estudiar objetivamente los procesos semánticos que mueven una metáfora de un soneto, pero no todas sus implicaciones de significado: pasadas, presentes y futuras. La expresividad es complejísima y se nutre tanto del propio texto estético como de elementos exteriores a él. Por resumir: hay que tener siempre presente qué elementos estamos mirando y desde dónde los estamos mirando para tener la mente abierta a otras fuentes y tipos de significado.

«Todos  somos postmodernos en cuanto dejamos de aceptar una única manera de mirar»

Si hacemos este «simple» ejercicio de autoanálisis personal –de considerar la diversidad de lecturas que suscita cualquier obra– no solo disfrutaremos más de otros textos, desde más puntos de vista, sino que viviremos más tranquilos, sin tantas peleas en los foros de  internet, con mayor aceptación de los gustos de los demás.

¿Puede El imperio contraataca ser una mala película? Desde luego, si la miras como tratado filosófico, huele peor que una montaña de excremento de bantha. Pero ¿es «solo» entretenimiento? Pues defíneme eso, porque para mí, Muerte en Venecia (1972), de Visconti, es «solo» entretenimiento. ¡Y un gran entretenimiento, por cierto! Y casi todas las obras de Philip Roth o de Cootzee. La literatura se ha basado durante milenios en el «entretenimiento»; el cine, durante décadas. La película que más he disfrutado de los últimos años ha sido Sueño de invierno (2014) de Nuri Bilge Ceylán: lenta, realista en el máximo grado, crítica, feminista. Me entretuvo muchísimo.

¡Cuidado! El entretenimiento no se opone a lo ideológico o a lo filosófico, sino todo lo contrario. Si me entretiene, es casi seguro que me interesa ideológicamente.

(…)

Sin duda, existen ideologías que subyacen a Star Wars. Sin embargo, numerosos críticos la han interpretado desde el postulado unívoco de que la saga presupone una única ideología. Sospechoso: lo más probable es que sea el crítico el que lee desde una única ideología. En textos estéticos tan complejos, ese tipo de miradas naufragan, pues implican demasiados elementos como para soportar una lectura tan radical.

A partir de aquí, defiendo que quizás sea la tensión entre lo narrativo, lo lírico y lo ideológico la que nos permita romper la falaz diferencia que con frecuencia establecemos entre «profundidad» y «entretenimiento». Por ejemplo, la fascinación por el concepto «Cthulu» es lírica, según mi manera de entender las formas estéticas, y ahí sí que le veo un fondo filosófico difícil de rastrear, complejo, con ilimitadas implicaciones, como cualquier experto en los cuentos de Lovecraft podrá explicarte. Mirarlo desde dos opciones diferentes –que Cthulu persiga a unos arqueólogos sobre un acantilado en medio de una tormenta o que le veamos dormitar en silencio con música de Haendel de fondo –no resta nada a su naturaleza poética. Simplemente, si contemplamos las dos posibilidades será más difícil ideologizar la arqueología, el acantilado, la tormenta, el silencio y Haendel en tensión con Cthulu.

«Lucas fracasa si pretende que se miren sus películas como mero entretenimiento»

Sí quiero añadir una pequeña cosa a esta primera reflexión, a partir de declaraciones de George Lucas. Por lo que dice, con sus películas no pretende profundizar en absoluto en cuestiones filosóficas, éticas o políticas. Pretende despertar en la sociedad y, especialmente, en cada nueva generación, ciertos valores éticos. Invito a tratar de ver las películas de este modo, especialmente los episodios IV-VI.

Explica Lucas que solo pretendía crear películas con valores muy sencillos para los chavales y que por eso tiene cuidado con lo que cuenta. Cuando leí esa frase de Lucas me dije: «¡Es más necesario que nunca analizar la ideología de Star Wars! ¡Está dirigida principalmente a los niños! ¿Qué les cuentan estas películas?». No solo lo defiende él, sino también Lawrence Kasdan, guionista de los episodios V, VI y VII. Considero que la unión de lirismo y entretenimiento forma un maravilloso mundo poético que dota a la saga de mayor valor estético que la novela o la película más filosófica. Lo estético no lo es solo por su fondo filosófico, aunque este puede contribuir en mayor o menor medida. No obstante, Lucas fracasa si pretende que se miren sus películas como «mero entretenimiento» y como defensa de unos valores indiscutibles o siquiera consensuados, sin aceptar la ideología implícita en todo ello. Los motivos por los que cada cual disfruta de una película son numerosos y difíciles de rastrear, pero las ideologías de las películas existen siempre y son muy complejas, porque no hay ningún producto socio-cultural que no conlleve, de un modo u otro, una ideología.

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