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Vaqueros ‘circulares’: rediseñando la moda

El IX Ecoencuentro organizado por El Corte Inglés incide en el papel que juega la innovación en la industria textil para conseguir un ‘denim’ más sostenible.

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10
Sep
2018
vaqueros-denim

Los pantalones vaqueros son una de las prendas más populares en los armarios de hombres, mujeres y niños de todo el mundo. Hace décadas que dejaron de tener la función de mera ropa de trabajo, como fueron concebidas en su origen, para convertirse en atuendos que poder lucir todos los días y en todas las situaciones imaginables. Sin embargo, no por ser una de las prendas más usadas dejan de ser una de las más problemáticas debido al coste medioambiental de su producción. Por ejemplo, según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), son necesarios entre 2.130 y 3.078 litros de agua para fabricar cada pieza, es decir: si tienes la razonable cantidad de cinco jeans en tu armario, más de diez mil litros cuelgan de tus perchas, a repartir entre los costes hídricos del cultivo y la fabricación de la prenda. A ese grave problema medioambiental también hay que sumar otros derivados del uso de los contaminantes químicos de los tintes para darle color que acaban en los ríos y océanos –y que también repercuten negativamente en la salud de los empleados–, y la energía consumida por las fábricas.

Mientras el cambio climático avanza de forma imparable, el sector de la moda –la segunda industria más contaminantes del mundo, solo superada por el petróleo– ha decidido poner en marcha mecanismos para reducir la huella ambiental de sus productos. El reciclaje de ropa, los nuevos materiales o el ecodiseño son algunas de las medidas más populares en esta industria. Tres de ellas se dieron cita en el IX Ecoencuentro organizado por El Corte Inglés en Madrid, en el que se abordó cómo fabricar un denim –la mezclilla o tejido vaquero con el que se fabrican las prendas– más sostenible.

Para fabricar unos pantalones vaqueros son necesarios entre dos mil y tres mil litros de agua

«No solo nos fijamos en el aspecto del producto que vamos a fabricar, sino en su impacto sobre las personas y sobre el planeta. Necesitamos implantar un planteamiento circular en el uso y la fabricación de las prendas», explicaba Adriana Galijasevic, responsable de Denim y Sostenibilidad de G-Star, que contaba cómo la marca se ha fijado el objetivo de producir todas sus prendas con algodón 100% sostenible, reciclado y ecológico y con tintes libres de químicos antes del año 2020. Para ello, ya tienen un ensayo en el mercado, ‘el vaquero más sostenible del mundo’, que ha sido elaborado con fibras completamente ecológicas cosechadas sin pesticidas –lo que implica un menor uso de agua– y sin sulfatos en su coloración, con la consiguiente reducción de contaminantes que acaben en el océano. «Además de todo este trabajo por nuestra parte, informamos a los clientes sobre cómo cuidar la prenda, aumentar su vida útil y reciclarla cuando se estropee. Queremos acabar con el concepto de desperdicio y crear un mercado que permita la circularidad», destacaba.

«El proceso de sostenibilidad es complejo y tiene muchas limitaciones», lamentaba por su parte María Blanes, directora de I+D+i del Instituto Tecnológico de Innovación Textil (AITEX), mientras incidía en la importancia de la innovación para focalizar la atención en «aunar tecnología, sostenibilidad y procesos creativos que permitan optimizar y reciclar las prendas». Esa misma apuesta por el reciclaje de tejidos era compartida por Ximo Lacomba, director de desarrollo de producto de EVLOX, que habló de un proyecto concreto: Renim, fabricado a partir de un 35% de fibras recicladas y cuyo lanzamiento se enmarca dentro del plan ‘Total care’ para reducir el impacto medioambiental en todos los pasos de fabricación del vaquero «sin que deje de ser un producto económicamente rentable», incidía.

Adriana Galijasevic (G-Star): «Queremos acabar con el concepto de desperdicio y crear un mercado que permita la circularidad»

Es precisamente el aumento del coste de producción –y la consiguiente disminución de la rentabilidad económica para las empresas– uno de los motivos esgrimidos por las grandes corporaciones para continuar con sus prácticas medioambientalmente nocivas. Sin embargo, la tecnología desarrollada en los últimos años ya permite ser más sostenibles sin que eso suponga la quiebra de la empresa o su deslocalización geográfica. «La innovación es la única llave para conseguir que el producto sea mejor y más ecológico, da igual donde lo fabriquen», explicaba Jesús Blay, manager de Área de Jeanologia, que ha desarrollado un proceso y una maquinaria que incluso es capaz de reducir a un vaso el gasto de agua en el lavado del vaquero. «Un jean sostenible es el que usa menos de 33 litros de agua por prenda, no tiene químicos y no se fabrica con procesos dañinos para las personas», definía Blay, antes de explicar cómo funciona la primera planta de acabado que garantiza la zero contaminación. De la misma forma, para ayudar a las marcas a detectar los problemas, han lanzado EIM, una aplicación que analiza cuatro parámetros (uso de agua, energía y químicos y efectos en la salud de los trabajadores) y arroja una puntuación entre uno y cien para medir la sostenibilidad de las prendas.

Mientras la industria, a través de la innovación y de las mejoras tecnológicas, hace su parte, los consumidores deben hacer la suya. Fijarse en las etiquetas de la ropa que compramos, alargar la vida útil de las prendas o reciclar las fibras que la componen para que se puedan crear nuevos tejidos son algunas de las medidas que tenemos en nuestra mano para que solo se desgaste nuestra ropa, y no el planeta.

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