Siglo XXI

Por un nuevo pacto digital

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Andy Kelly
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26
Jun
2018
pacto digital

Varios estudios recientes coinciden: el impacto de la disrupción tecnológica sobre el PIB será hasta cuatro veces mayor que el que tuvo la Revolución Industrial. Lo que podría ser una buena noticia, tiene su reverso: si no gestionamos bien esta transición con un pacto universal, la era de internet, la inteligencia artificial y la automatización puede ser motor de progreso, pero al mismo tiempo, de desigualdades sociales. Este es el motivo que ha llevado a Telefónica a publicar la segunda edición de su Manifiesto por un nuevo pacto digital, en el que promulgan las bases para lograr «una digitalización centrada en las personas».

«No estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época», apuntaba Pablo de Carvajal, secretario general de Telefónica, durante la presentación del documento. «El vértice es la disrupción digital, que sitúa en el centro la conectividad, y la gestión de los datos que se generan en el eje de la transformación tecnológica, pero sobre todo, económica y social. La posibilidad de mejorar nuestras vidas a través de la tecnología no deja de sorprendernos, pero también es fuente de incertidumbre y de miedos. Es un momento de desafíos, pero también de oportunidades».

Carvajal lanzaba un aviso a los poderes públicos: «Internet es global, y los Gobiernos cada vez tienen más dificultades en hacer valer sus leyes nacionales en aspectos como la recaudación de los impuestos o la protección de la privacidad de sus ciudadanos. Las democracias se enfrentan a nuevos retos derivados de la formación de la opinión pública, en concreto al contenido publicado en las redes sociales y la proliferación de noticias y desinformaciones interesadas, por la subjetividad de los algoritmos. Eso brecha está complicando incluso la celebración de procesos democráticos. Tenemos ejemplos recientes en Estados Unidos e incluso en Italia». Y concluía: «Todos estos desafíos son los que deben abordarse mediante la promulgación de un nuevo pacto digital».

La disrupción digital tendrá un impacto en el PIB mucho mayor que la Revolución Industrial

Belén Barreiro, socióloga y exdirectora del CIS, acaba de publicar La sociedad que seremos, un libro que trata, a fondo, esta transformación: «España es uno de los países con más penetración del mundo en smartphones, y nuestra red de infraestructuras de red es tan extensa como la de Alemania, Francia e Inglaterra juntas. Sin embargo, vemos casos como el de los e-books: tenemos muchos más que en Francia, pero allí se venden más libros y en general se lee más. Por eso hay que saber analizar e interpretar muy bien los análisis y estudios sobre esta era digital»

Barreiro hizo hincapié en el riesgo de aumentar las desigualdades: «Hay un perfil preocupante, el de quienes se quedan fuera de Internet. Suele haber más mujeres, una brecha de género que debemos tener en cuenta. Son personas de mayor edad que suelen vivir en medios rurales. Y en este punto hay que matizar, porque lo que te hace distinto y te sitúa en una posición desfavorable no es vivir en el campo, sino vivir en el campo sin internet. Otro asunto preocupante de quienes se quedan en el uso de las tecnologías es que suelen estar en estamentos sociales más vulnerables. Por tanto, hay que fomentar la inclusión digital, que nos deberá llevar a una igualdad en muchos aspectos: de género, de posicionamiento social y de romper barreras, en definitiva».

La socióloga trazó un perfil de quienes están a la cabeza en el uso de internet y las nuevas tecnologías: «Les cambia su manera de ser, la propia personalidad. La persona digital es más creativa, curiosa, más abierta de mente, más dispuesta al cambio, sencillamente porque le permite acceder a muchos mundos ajenos al propio y desarrollar capacidades creativas, incluso fuera de Internet. Los más digitales, por ejemplo, escriben más, tienden más a tocar instrumentos, etcétera. Eso les distancia más de quienes no lo son. La solución pasar por que todos tengan las mismas oportunidades de acceso a la tecnología». Barreriro concluía con una dosis de realismo y una advertencia: «Hay una parte de la sociedad que tal vez no pueda entrar en este proceso de digitalización. Y por tanto habrá que buscar maneras de cohesionar y no dejar atrás a esta parte de la sociedad».

Manuel Muñiz, Decano de IE School of International Relations, se refirió a un «colapso del orden liberal», en el que vincula «los cambios vividos en la política con el impacto del sistema económico, por una desvinculación del crecimiento con lo que le llega a la gente». Y añadió: «Esto tiene que ver con la desigualdad. Y se puede acentuar si no logramos que a era digital sea accesible para todos». Muñiz estableció sus puntos claves para un nuevo contrato social en la era digital: «Una reforma profunda en el sector educativo, nuestro gran fracasado hasta ahora en la formación para los nuevos puestos de trabajo, en Europa hay millones de puestos de trabajo que no se cubren por falta de gente con las habilidades necesarias. Y eso no tiene sentido en un país como España, que ha estado en un nivel de falta de empleo juvenil de más del 50%. En segundo lugar, una recalibración fiscal: la mayor presión de recaudación está en quienes detentan las rentas del trabajo. La de las empresas tecnológicas disminuyen, por su capacidad para pasar de un país a otro, etcétera. Hay que cambiar esto. Y por último, el cambio de rol del sector privado en la economía. Una empresa no solo debe ser responsable, sino que su objetivo debe dejar de ser, principalmente, la maximización de beneficios para el accionista. Si generas empleo y riqueza a tu alrededor, tus objetivos están alineados. Si eres capaz de crecer sin generar empleo o subir los sueldos, han dejado de estar alineados. Y eso termina produciendo una fuerte precarización, que acabarán pagando las empresas».

María Luz Rodríguez, profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad de Castilla-La Mancha y Experta en Digitalización y Trabajo de los 100 de Cotec, añadió una nota de optimismo: «La IA va a generar aspectos muy positivos, pero habrá riesgos muy importantes, en los que entrará en juego nuestra capacidad para gestionarlos, decidir democráticamente sobre nuestro propio destino». Y añadió un dato, a priori, contradictorio, pero que abre una puerta a que la transformación digital llegue a buen puerto: «Según el último Eurobarómetro, el 90% de los españoles piensa que los robots nos van a robar nuestros puestos de trabajo, pero sin embargo, más de la mitad de los encuestados piensa que el impacto en nuestras vidas va a ser positivo. No sé cómo va a ser el trabajo del futuro, pero sí que exige una aproximación diferente. Ya conocemos los estudios que dicen cuántos empleos actuales van a desaparecer, pero hay que tener en cuenta cuántos nuevos van a surgir. Y eso es algo que aún no sabemos con seguridad, pero es algo que ya estamos viendo. En un supermercado, hay menos personas en las cajas, pero más que controlan que las máquinas de cobro funcionen bien».

José Ignacio Torreblanca, profesor titular de Ciencia Política en la UNED, exjefe de Opinión de El País, cerró la presentación abogando por la necesidad de afrontar esta era de cambio con cabeza, y con conciencia: «La tecnología tiene un elemento liberador muy importante. Pero hay tecnologías que liberan, y otras que desigualan. Aún no está solventado el debate. Vivimos una especie de pesimismo respecto al futuro, por los enormes cambios sociales. Me sorprende que Bill Gates proponga que los robots coticen a la seguridad social, cuando los ordenadores que él inventó ya eran robots, y hasta una lavadora moderna lo es. Una lavadora pudo poner en jaque a todo un mercado de trabajo, el de los lavanderos, pero al final el tiempo ha demostrado que todo se acaba recolocando».

El periodista concluyó con una advertencia sobre las fake news, un ejemplo claro de un uso abusivo de internet: «El País tiene más lectores que nunca gracias al prodigio de que un móvil sustituye a toda una imprenta. Permite acceder, pero también crear noticias. Eso no puede ser malo, al contrario. El problema llega cuando, por ejemplo con las redes sociales, a través de las cuales hoy la mayoría accede a la información. ¿Quién controla las fuentes, la veracidad de esas noticias? Ese es el gran reto social de todo este cambio tecnológico, que afecta a todos los sectores: saber darle un buen uso, que vaya a favor de la sociedad, e impedir que se vuelva en nuestra contra».

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