Educación

Cinco claves para descubrir nuestra grandeza emprendedora

«La cultura emprendedora es el único modelo económico de mejora constante y de creación de riqueza», explica José Luis Casal en este artículo. En él, el CEO de Talk2Us desgrana algunos consejos para fomentarla desde las aulas.

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12
Jun
2018
emprendimiento-preguntas

Hoy en día se habla más de emprendedores que nunca. Todo el mundo tiene claro que la formación empresarial es esencial para crear las sociedades del futuro: líderes de cualquier campo, académico, empresarial, gubernamental o de organizaciones sin ánimo de lucro lo tienen claro. Incluso en mi LinkedIn, desde hace años, defiendo a ultranza la cultura emprendedora como único modelo económico de mejora constante y de creación de riqueza.

El World Economic Forum, en un reciente informe, habla de la necesidad de incorporar el emprendimiento en todos los niveles educativos, pero no de forma superficial, sino que «ha de ser la base de la forma en que funciona la Educación». Añade, además, que implicará nuevos métodos y modelos de enseñanza. Aunque estas iniciativas de formación empresarial han entrado con fuerza en universidades de todo el mundo, en su mayoría, han entrado como parche cool y seguimos sin definir bien a qué nos referimos, o deberíamos referir con eso de iniciativa empresarial. De ahí que, muchos proyectos hayan tenido resultados mínimos e incluso pretendan cambios hacia «proyectos de transformación humana» para justificar el no haber logrado lo que pretendían inicialmente.

«Hay que redefinir el término de ‘espíritu empresarial’ en el núcleo del sistema educativo»

La Fundación Kauffman publicó recientemente un informe en el que declara que «los métodos tradicionales para fomentar el espíritu empresarial no están produciendo los resultados deseados y deberían ser reemplazados por métodos enfocados al acompañamiento real de proyectos con el fin de lograr mayores probabilidades de ganar tracción implicando para ello a actores del ecosistema con experiencia y bagaje real». Si queremos infundir el espíritu empresarial en el núcleo de nuestros sistemas, educativos se me ocurre que podríamos empezar centrándonos en cinco puntos.

1. Expandir la definición: si queremos integrar ese espíritu empresarial en el núcleo del sistema educativo de forma efectiva, hay que redefinir el término de forma accesible para todos, independientemente de sus circunstancias, intereses y/o trayectoria. El espíritu emprendedor es una actitud en sí misma, y como ingrediente fundamental, tiene un continuo proceso de descubrimiento: el encontrar el punto en el que se encuentran nuestras pasiones, intereses y capacidades con las necesidades de nuestros semejantes. Y no, no es cuestión de grandes ideas, inversiones millonarias, una personalidad brillante o un MBA en una prestigiosísima Business School. Solo es necesario tener unas competencias que potencien esa capacidad curiosa. Habilidades que se pueden aprender y entrenar pero que, hasta ahora, nuestro sistema educativo ha dejado pasar por alto o, directamente, ignorado.

Por desgracia, demasiadas veces vinculamos iniciativas de educación empresarial con historias de éxito de tal o cual entrepreneur de Silicon Valley, pero no perdamos el norte: pese a lo motivantes de éstas, son más excepciones que reglas de lo que en realidad es un emprendedor de éxito. Así que, cuidado, porque potenciar estos modelos crea estereotipos bastante alejados de las realidades de estudiantes y docentes.

2. Explorar la actitud: para entender el cómo de la iniciativa empresarial debemos profundizar un poco más hasta llegar al por qué. Debemos descubrir cuáles son las creencias subyacentes que impulsan el comportamiento empresarial, y qué factores alimentan o inhiben el desarrollo de actitudes, comportamientos y habilidades empresariales.

«Debemos partir de la base de que no todos los alumnos quieren montar un negocio, pero a todos nos impulsa la necesidad de autonomía»

Si el objetivo es incluir la actitud emprendedora en todo el plan de estudios, debemos partir de la base de que no todos los alumnos quieren montar un negocio, pero sí, como seres humanos, a todos nos impulsa la necesidad innata de autonomía, dominio y propósito. Todos tenemos la necesidad de aplicar nuestras fortalezas a algo más grande que nosotros mismos. Y cuando se nos da esa oportunidad, es mucho más probable que participemos en nuestro trabajo, reconozcamos el valor de lo que nos enseñan y aprendamos y nos impliquemos más y, por tanto, progresemos y logremos nuestro objetivo.

3. Implicar a los estudiantes: es necesario hacer bien las cosas y para ello la conexión con nuestros estudiantes es fundamental. En ellos ha de estar el foco. Es necesario conectar las experiencias de aprendizaje con las esperanzas y sueños individuales de éstos. Para algunos, la esperanza se puede ver como un concepto delicado que es fácil pasar por alto dentro de un contexto puramente académico, pero la esperanza únicamente predice el logro objetivo por encima de la inteligencia, la personalidad y los logros académicos previos. Así que, no podemos perderla de vista. Ya lo dijo Exupèry:«Si quieres construir un barco, no empieces enviando a los hombres a buscar madera, distribuir el trabajo y dar órdenes… En vez de eso, enséñales a anhelar el vasto e inmenso mar».

José Luis Casal, con un grupo de alumnos.

4. Aceptar el aprendizaje emprendedor: éste puede ser transformador, retando constantemente a los estudiantes a reimaginarse a sí mismos y a su entorno de manera que giren hacia un cambio positivo y duradero. Si adoptamos este espíritu empresarial en todos los niveles educativos, hay que adoptar un aprendizaje experimental basado en retos y problemas, y brindar a los estudiantes la oportunidad de desarrollar las habilidades necesarias para identificar y resolver problemas del mundo real en circunstancias de recursos limitados donde las reglas son prácticamente desconocidas y nadie acudirá en primera instancia al rescate. Sólo así desarrollaremos la verdadera autosuficiencia y el ingenio de los chicos y chicas, la creatividad, el pensamiento crítico, la comunicación realmente efectiva, el trabajo en equipo y otras habilidades empresariales.

Como dijo Jaime Casap, responsable de programas educativos de Google: «Dejad de preguntar a los estudiantes qué quieren ser cuando sean mayores, y preguntadles qué problemas quieren resolver y qué deben aprender para resolver esos problemas».

5. Examinémonos a nosotros mismos: en el pasado hemos estado creando perfiles innovadores y empresariales por accidente y no por diseño. Si queremos hacer un giro radical hacia la educación emprendedora, debemos mirar hacia dentro, volver a examinar nuestras creencias y prejuicios, que damos por hecho y que, en muchos casos, ya no son efectivos. Toca desaprender y aprender nuevos métodos, nuevos marcos y nuevos modelos que alienten a todos los estudiantes a ser innovadores y emprendedores, independientemente del camino que elijan.

Alguien dijo, no recuerdo quién, que «la educación funciona como un instrumento que se utiliza para facilitar la integración de la generación más joven en la lógica del sistema actual y lograr la conformidad o se convierte en la práctica de la libertad, el medio por el cual los hombres y las mujeres se ocupan críticamente y creativamente de la realidad y descubren cómo participar en la transformación de su mundo». Si queremos cambiar el espíritu empresarial actual y llevarlo al núcleo del sistema educativo, debemos reconocer el poder transformador de la educación empresarial como medio para empoderar a la gente común para lograr cosas extraordinarias. Esto les permitirá participar en la tan necesaria transformación del mundo. De su mundo.

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