Derechos Humanos

Premiar el trabajo, no la riqueza: la fórmula contra la desigualdad

El último informe de Oxfam International demuestra que, mientras la economía crece, la desigualdad entre ricos y pobres no para de aumentar.

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Marta H. Vázquez
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23
Ene
2018

El año pasado se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares: un nuevo milmillonario cada dos días. En 12 meses, la riqueza de esta élite ha aumentado en 762.000 millones de dólares. Una séptima parte de esta cifra podría haber acabado con la pobreza extrema en el mundo. Sin embargo, la brecha de la desigualdad se sigue ensanchando. Son algunas de las cifras del informe Premiar el trabajo, no la riqueza, que acaba de presentar Oxfam International.

La conclusión del estudio, «construir una economía para los trabajadores, no para los ricos y poderosos», está fundamentada con cifras. El 82% de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del 1% más rico, mientras que la del 50% más pobre no aumentó lo más mínimo. «La riqueza extrema de unos pocos se erige sobre el trabajo peligroso y mal remunerado de una mayoría», alerta el informe. Mientras las mujeres ocupan mayoritariamente los empleos más precarios, prácticamente todos los superricos son varones.

Como indica este informe, en muchos países la desigualdad salarial ha aumentado y el peso de los ingresos por el trabajo en el PIB ha disminuido. El motivo: los beneficios han crecido con mayor celeridad que los salarios. Mientras que los ingresos de la mayoría de las personas no han recibido nada del avance económico. «Incluso en países emergentes con un rápido crecimiento, muchos trabajadores, incluido un porcentaje muy amplio de mujeres, continúan atrapados en la pobreza con salarios muy bajos», apuntan desde Oxfam.

El 82% de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del 1% más rico

Según los cálculos de la ONG, esta dinámica se repite en todo el mundo. En Nigeria, los intereses que genera en un año la riqueza del hombre más rico del país serían suficientes para sacar de la pobreza extrema a dos millones de personas. A pesar de que lleva casi una década con un crecimiento económico constante, la pobreza en el país ha aumentado durante este mismo periodo. En Indonesia, los cuatro hombres más ricos tienen tanta riqueza como los 100 millones de personas más pobres. Las tres personas más ricas de Estados Unidos tienen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población del país (unos 160 millones de personas). En Brasil, una persona que gane el salario mínimo debería trabajar 19 años para ganar lo mismo que una persona del 0,1% más rico en un mes.

El profesor de la Universidad de Columbia y director de la Red de Soluciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Jeffrey D. Sachs, ha declarado tras leer el informe: «En ocasiones, los más ricos acusan a Oxfam y otros actores de provocar una guerra de clases, pero la verdad es que, en muchas sociedades, incluida la estadounidense, a la que pertenezco, muchos superricos han declarado la guerra a los pobres».

Actualmente, es difícil encontrar un líder político o empresarial que no exprese públicamente su preocupación por la desigualdad. Sin embargo, solo se queda en eso: una preocupación, que no se corresponde con los hechos. El informe pone algunos ejemplos: «El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue elegido con la promesa de que ayudaría a las personas trabajadoras y, sin embargo, ha conformado un Gobierno de multimillonarios y promueve una gran rebaja fiscal para el 1% más rico. El presidente Buhari de Nigeria manifestó públicamente que la desigualdad está provocando un aumento de la tensión y la frustración, pero en Nigeria desaparecen miles de millones de dólares provenientes de las ganancias del petróleo, la desigualdad sigue aumentando y 10 millones de niños y niñas siguen sin escolarizar».

Para la elaboración de este informe, Oxfam ha realizado una encuesta a más de 70.000 personas en 10 países, que representan a una cuarta parte de la población mundial: «Más de tres cuartas partes de las personas encuestadas está de acuerdo o muy de acuerdo con que la brecha entre ricos y pobres en su país es demasiado grande. Cerca de dos tercios de las personas encuestadas en los 10 países piensa que deben adoptarse medidas de manera urgente o muy urgente para reducir la brecha entre ricos y pobres. El 60% de las personas encuestadas están de acuerdo o muy de acuerdo con que es responsabilidad del Gobierno reducir la brecha entre ricos y pobres.

El 75% de las personas encuestadas preferiría que su país tuviera un nivel de desigualdad de ingresos menor que el actual. De hecho, más de la mitad de las personas encuestadas querrían que los niveles de desigualdad en su país fueran inferiores a los de cualquier país del mundo actualmente.»

Los actuales niveles de desigualdad extrema superan con mucho lo que podría justificarse por el talento, el esfuerzo y el riesgo de innovar

La justificación económica habitual sobre la desigualdad es que aporta los incentivos necesarios para la innovación y la inversión. Impera el discurso de que los superricos son el ejemplo palpable de los resultados del talento, el trabajo y la innovación, y que esto beneficia al conjunto de la población.

No obstante, el estudio demuestra que los actuales niveles de desigualdad extrema superan con mucho lo que podría justificarse por el talento, el esfuerzo y el riesgo de innovar: «La mayor parte de es debida a herencias, monopolios, o relaciones de nepotismo o de connivencia con los Gobiernos. Cerca de una tercera parte de la riqueza de los milmillonarios ha sido heredada. En los próximos 20 años, 500 de los hombres más ricos del mundo traspasarán más de 2,4 billones de dólares a sus descendientes, una cantidad superior al PIB de la India, un país con 1.300 millones de habitantes», advierten desde la ONG, y concluyen: «A menudo, los beneficios acaban en manos de accionistas muy ricos, aumentando así la presión sobre los trabajadores y trabajadoras. Mejorar los salarios de los 2,5 millones de personas trabajadoras en la industria textil en Vietnam costaría 2 200 millones de dólares, cantidad equivalente a una tercera parte de lo que se pagó el año pasado a los accionistas de las cinco mayores empresas del sector textil».

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