Cambio Climático

Marrakech destapa a los nuevos líderes climáticos

Si París desmontó la dicotomía Norte-Sur, Marrakech ha revelado que las medias tintas ya no valen en la lucha climática. Te contamos las conclusiones de la COP 22.

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Araceli Acosta
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21
Nov
2016

La victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses cayó como un jarro de agua fría en los primeros días de la Cumbre del Clima, que desde el pasado 7 de noviembre ha reunido a los representantes de las 196 partes de la Convención de la ONU de Cambio Climático. Tras el paso de gigante en la lucha contra el cambio climático que supuso el acuerdo global adoptado en la Cumbre de París de 2015, Trump lograba despertar al fantasma del protocolo de Kioto, el primer pacto contra el cambio climático, alcanzado en esa ciudad japonesa en 1997, y del que Estados Unidos, que lo firmó, renegó posteriormente negándose a ratificarlo. Aquello dejó tocado el acuerdo que, maltrecho y moribundo, ha llegado hasta nuestros días (su vigencia termina en 2020), pero solo vincula a la Unión Europea, Noruega, Australia y Croacia, cuyas emisiones solo representan el 15% del global.

Sin embargo, si para algo ha servido esta reunión es para constatar que la acción climática es imparable y revelar el nuevo quién es quién en el orden climático internacional. Desde el mismo día en que se conocieron los resultados electorales en Estados Unidos, China se mostró decidida a mantener su liderazgo. Pero por si quedaba alguna duda en el maremágnum de declaraciones de estos días, un día antes de que terminara la reunión, los pesos pesados de los países en vías de desarrollo, China, India, Brasil y Sudáfrica, reunidos en el llamado «grupo BASIC», presentaron una declaración conjunta en la que insisten en lo «irreversible» de los compromisos climáticos y apuntan cuál va a ser a partir de ahora la dinámica: «No puede haber intentos de renegociar» ningún término del Acuerdo de París, que entró en vigor el pasado 4 de noviembre y que ya han ratificado 111 países que representan el 80% de las emisiones globales.

Hasta un país petrolero como Arabia Saudí, que tantas veces mantuvo en vilo estas citas climáticas, ha mostrado su apoyo al Acuerdo de París. Parece que las proclamas negacionistas lanzadas por Trump en campaña han desbaratado el orden climático internacional. Si París desmontó la dicotomía Norte-Sur, Marrakech ha revelado que las medias tintas ya no valen en la lucha climática. Y por esa indefinición la Unión Europea se ha llevado en esta cumbre en repetidas ocasiones el Fósil del día, un premio que las organizaciones ecologistas conceden a las delegaciones que menos hacen estos días por las negociaciones sobre el futuro del planeta.

La UE, que parecía que iba a intentar liderar este proceso ocupando el hueco de Estados Unidos y resucitando la llamada High Ambition Coalition, no lo ha hecho, y ha mantenido una postura menos ambiciosa que la de algunos de sus socios, como Francia o Alemania. Este último ya ha presentado una hoja de ruta para descarbonizarse a 2050; o Suecia, que promete ser neutral en emisiones en 2045. Fuera de la UE, Canadá y México también han presentado estrategias ambiciosas a largo plazo.

Entre los países que han adelantado por la derecha a los tradicionales actores en la lucha climática están los 47 que pertenecen al Grupo de Países Vulnerables, como Bangladesh, Kiribati, Maldivas o Filipinas. Para demostrar que una mayor ambición no solo es necesaria -pues ellos ya están sufriendo los impactos del cambio climático- sino factible, han prometido alcanzar el 100% de producción de energías renovables lo antes posible; actualizar al alza sus contribuciones a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2020, anticipándose a la fecha de revisión oficial (2023), y a acompañarlas de escenarios de descarbonización a 2050.

Esta visión al largo plazo es vital para llegar a emisiones netas igual a cero en la segunda mitad del siglo si queremos mantener la temperatura por debajo de los 2ºC, como marca el Acuerdo de París, explica Teresa Ribera, directora del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI), un think tank francés que ha auspiciado en Marrakech el lanzamiento de una plataforma para ayudar a los países a trabajar en estas sendas de descarbonización a largo plazo.

Las empresas han jugado un papel muy importante en Marrakech pues aquí han presentado sus proyectos que revelan que las tecnologías para descarbonizar la economía ya están aquí, no hace falta inventarlas, solo ponerlas en marcha a gran escala y replicarlas por todo el mundo. «Lo que alguna vez fue impensable se ha vuelto imparable», ha dicho estos días el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en la que ha sido la última cita climática a la que asiste, pues deja su cargo a final de año.

Y es que las empresas, Estados y ciudades de todo el mundo ya están luchando contra el cambio climático. «En Estados Unidos -dijo Ban- compañías como General Mills y Kellogg’s, estados como California y ciudades como Nashville y Las Vegas están trabajando ya para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero». Y confía en que el presidente electo, como «el hombre de negocios exitoso que es, entienda que las fuerzas del mercado ya estaban conduciendo a la economía mundial hacia energías más limpias, como la eólica y la solar, cada vez más baratas».

Por tanto, el gran éxito de Marrakech es que ha servido para constatar que la lucha contra el cambio climático es imparable e irreversible, pese a Trump. «Solo en su mano está decidir si quiere que Estados Unidos sea un paria climático», afirma Benjamin Schreiber, de la sección americana de Amigos de la Tierra.

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