Economía

La empresa ética como bien público

«RSC» no son más que unas siglas vacías si no se las dota de sentido. La Responsabilidad Social Empresarial debe ser un elemento estratégico, diferenciador y holístico.

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10
junio
2016

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«RSC» no son más que unas siglas vacías si no se las dota de sentido. En efecto, sólo cuando una empresa es un bien público puede apellidarse ética, parafraseando a la filósofa Adela Cortina. Hablamos de la Responsabilidad Social Empresarial entendida como lo que debiera ser: un elemento estratégico, diferenciador y holístico.

Sin embargo, no todas las compañías conciben de la misma manera su modelo de negocio ni están comprometidas con los desafíos sociales y medioambientales al mismo nivel. No debemos olvidar que apenas el 55% de las empresas españolas invierte en criterios de sostenibilidad, frente al 94% de las alemanas, el 90% de las danesas o el 84% de las holandesas, según datos ofrecidos por el centro de investigación Novethic.

«Necesitamos un nuevo enfoque, una nueva mentalidad», ha urgido el economista estadounidense Jeffrey D. Sachs, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, durante la conferencia online El compromiso de las organizaciones con la sostenibilidad, organizada por la plataforma Powerful Conversations.

«Tenemos ante nosotros tres retos: mejora económica, sostenibilidad social y sostenibilidad medioambiental», ha advertido el profesor Sachs. Y es que, mientras a mediados de los setenta algo más del 80% del valor de mercado de las compañías se correspondía con los activos físicos y financieros, a finales de la década del año 2000 ese 80% del valor de mercado corre a cuenta de los activos intangibles, según la consultora KPMG.

«En el pasado se ha despreciado al talento -cómo tratamos a nuestra gente-, el capital relacional –establecer relaciones de confianza-, el capital tecnológico y de innovación y el capital natural -nuestra relación con el entorno-», ha explicado Ángel Alloza, director de Corporate Excellence, durante el diálogo.

Algo en lo que coincide Antoni Ballabriga, presidente de Dirse y director de Responsabilidad y Reputación Corporativa de BBVA: «Las claves de la mentalidad de la empresa como negocio responsable son cuatro: un propósito inspiracional (por qué la empresa existe), el foco (transformar la compañía y su actividad, pero también analizar cómo puede transformar su entorno con lo mejor que sabe hacer), la gestión (un plan que permita esa visión no tan economicista y que mida el impacto de los intangibles) y gobernanza (el CEO debe tener una visión integral del negocio)», ha declarado durante este diálogo a tres. «Desde el diseño de nuestros productos, hasta la entrega y las reclamaciones de los clientes, la RSE tiene que estar embebida en la estrategia empresarial», ha continuado Ballabriga.

«Antes, la legitimidad era jurídica y hoy es social. Depende de los grupos de interés, que cada vez son más poderosos gracias a la tecnología. Las empresas con éxito serán aquellas sepan establecer una relación confianza con ellas», ha añadido Alloza. Y esto -coindicen los expertos- tiene un retorno en términos de sostenibilidad económica.

Ballabriga propone tres estadios por los que las empresas deben evolucionar: «contar lo que hacemos, mejorar nuestra actividad y transformar. Habría un último estadio, en el que no sería necesario el Departamento de RSE. El nuevo Código de Buen Gobierno aprobado por la CNMV ayuda a que vaya calando en los consejos de administración la enorme responsabilidad que tenemos todos, empezando por el CEO». En su opinión, «ha comenzado una nueva era, en la que los responsables de RSE serán un actor clave para asegurar tanto el futuro de nuestras empresas y como el futuro de nuestro mundo. Nada va a volver a ser igual».

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