Opinión

Inteligencia colaborativa para un cambio de época

La era digital ha abierto infinitas vías para comunicarse, intercambiar ideas y unir esfuerzos. Ahora solo nos queda mejorarlas y aprender a usarlas.

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08
Abr
2016

Asistimos a una aceleración sin precedentes de descubrimientos científicos y tecnológicos en todos los campos del saber. La información disponible crece exponencialmente, y plantea nuevos problemas de asimilación y gestión. Desinformación y pseudoconocimiento se mezclan con el saber de calidad. La convivencia social está cambiando como resultado de la interrelación de grandes tendencias económicas, culturales, sociales y tecnológicas que impactan en casi todos los aspectos de la vida en la Tierra.

Todo ello ofrece extraordinarias oportunidades y a la vez grandes desafíos en los ámbitos de la vida personal, profesional y colectiva. Y el futuro no está escrito; con nuestras acciones y decisiones podemos incidir en gran parte sobre él si proyectamos alternativas y colaboramos para convertirlas en realidades.

Urge un diálogo social inteligente que recoja el saber pertinente distribuido entre muchas instituciones y personas. Tenemos que recabar, filtrar y destilar el conocimiento y la creatividad que poseemos entre todos para construir un futuro mejor.

La era digital ha abierto una prometedora puerta a la colaboración inteligente. Por primera vez en la historia humana es posible una conversación prolongada entre miles –y hasta millones– de personas, que pueden intercambiar opiniones sobre temas concretos, con acceso instantáneo a fuentes de información que antes eran inaccesibles o inexistentes, rompiendo las categorías de tiempo y espacio. Pero para ordenar el pensamiento compartido y decantar las aportaciones de todos, no basta con involucrar a muchas personas. Hemos de avanzar en el diseño de las plataformas en las que se desarrollan las conversaciones. Veamos por qué:

1) En las redes sociales actuales se dificulta la deliberación porque la información se despliega cronológicamente y se ordena por etiquetas o popularidad. La última información en llegar tapa a la anterior y puede que la más relevante acabe enterrándose. 2) Se generan hilos de discusión paralelos, con dispersión, redundancia y confusión. Los más activos o influyentes tienden a silenciar las pequeñas voces. 3) La estructura de las plataformas ayuda poco a que los usuarios valoren desde el punto de vista racional las opiniones de los otros; se intercambian corazonadas, intuiciones y emociones en una mera superposición o sucesión de ítems, a veces inconexos.

De la inteligencia colectiva a la colaborativa

Los primeros estudios rigurosos sobre el impacto de las redes sociales en el comportamiento de los individuos y sociedades surgen en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). En 1990, el professor Michael Schrage en su libro Shared Minds: the new technology of collaboration anunciaba el comienzo de la era de la colaboración y su valor en el desarrollo humano. En 1994, ante el avance de la tecnología y la conectividad creciente, Pierre Lévy imaginó una sociedad marcada por la inteligencia colectiva que aprovecharía el saber de cada individuo, compartido a través de la tecnología digital. Derrick de Kerckhove en 1997 implicó no solo la razón de las personas, sino también el cuerpo que interactúa con la máquina y se vincula con otras personas en lo que llamó ‘inteligencia conectiva’. En 2006 Thomas Malone fundó el Centro de Inteligencia Colectiva del MIT, donde estudia cómo sacar partido a las nuevas tecnologías. Innumerables instituciones y estudiosos localizan este nuevo fenómeno para entenderlo y aplicarlo.

En 2015, el Innovation Center for Collaborative Intelligence (ICXCI) decide impulsar la inteligencia colaborativa focalizando los retos del momento presente y ordenando las conversaciones orientadas a la acción y la toma de decisiones.

Para ello trabaja en dos frentes: entender mejor al ser humano, base de la sociedad, y articular la colaboración, en particular en medios digitales, sus límites y posibilidades, las actitudes y la atmósfera colaborativas.

Fruto de este trabajo ha creado Collaboratium para la gestión de retos en las organizaciones y empresas, Dontknow para la deliberación abierta sobre decisiones importantes, y QueAprendemosHoy para compartir conocimiento al alcance de todos. El trabajo está en marcha, pues la inteligencia colaborativa está todavía en sus primeros pasos. Hay mucho por descubrir y hacer, ¡colaborativamente!.

Rafael Mira y Leticia Soberón son promotores del Innovation Centre for Collaborative Intelligence.

[Puedes encontrar este artículo y otros contenidos de calidad en el número especial sobre emprendimiento co-creado por Ethic y la Fundación EY]

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