Derechos Humanos

«La tecnología no es suficiente para erradicar el hambre en el mundo»

Licenciado en Historia por la Universidad de Princeton, David Rieff es analista político y periodista. Regresa a España para presentar su último ensayo, El oprobio del hambre.

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Esther Peñas
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16
Mar
2016

A pesar de ser hijo de Susan Suntag, David Rieff ha sabido ganarse a pulso un nombre propio, libre de vínculos. Licenciado en Historia por la Universidad de Princeton, es analista político y periodista. Colaborador asiduo de Le Monde, The New York Times, The Washington Post o El País, regresa a España para presentar su último ensayo, El oprobio del hambre (Taurus) en el que trata de concienciar de que «la ciencia y la tecnología no nos salvarán» de nada por sí mismas.

Acabar con el hambre en el mundo, ¿es más una cuestión de intención que de plazos?

Es una cuestión de política, sobre todo, de justicia, también. No creo que se trate tanto de una cuestión de tecnología, aunque tenga un papel importante; tengo mis sospechas y mi libro ha sido un esfuerzo para tratar de enfrentarme a esa ortodoxia en el mundo en desarrollo que confía ciegamente en la tecnología. Siempre ha habido una tensión en el mundo del desarrollo, desde finales de los cuarenta, cuando el desarrollo moderno se consideró como tal a partir del discurso de Truman en el 49, una tensión entre técnicos y  moralistas. Yo me coloco al lado de los moralistas; no es que la tecnología no sea importante, que lo es, y la economía, por supuesto, porque no podemos reemplazar la economía con política, lo entiendo… soy crítico con respecto a la visión generalizada, no quiero decir que esa gente con fe absoluta en la tecnología no sea sincera o no quiera lo mejor, pero creo que la tecnología no es suficiente para erradicar el hambre en el mundo. La privatización de la ayuda no está llevando esa ayuda en la buena dirección. De hecho, son los Estados los que tienen que ser reforzados y mantener el papel central, hay muchos ejemplos que demuestran que solo así tendremos éxito, como Brasil, aunque soy consciente de que hay casos en los que esto no ha funcionado, como Nigeria, pero lo que tenemos ahora es una utopía que combina las fantasías utópicas sobre la ciencia y los negocios, es decir, un extraño capitalismo.

¿Qué ganarían y qué perdería los poderes económicos con erradicar la hambruna?

La hambruna más o menos ha sido erradicada, nos enfrentamos a un problema de desnutrición y malnutrición; de hecho, el haber acabado con las hambrunas es la principal causa del optimismo que se tiene cuando se piensa en que se puede erradicar la pobreza y el hambre en un plazo tan corto de tiempo como el que se maneja. Esta es una analogía falsa, la hambruna y la malnutrición son dos tipos de problemas totalmente diferentes. La hambruna se puede encarar con soluciones técnicas porque las hambrunas son puntuales, tienen una duración concreta, seis meses, un año, pero la malnutrición es algo permanente a no ser que se den cambios muy importantes en la sociedad. Lo que critico es que el enfoque técnico ha ganado, y la tecnología, insisto, no será por sí sola suficiente.

Que la filantropía no sea tan filantrópica como parece, tal y como demuestra usted en su ensayo, ¿la deslegitima?

No sé si la deslegitima, pero el problema con la filantropía privada es que no solo no es democrática, sino que es antidemocrática. Estoy de acuerdo con las intenciones de los ricos, con George Soros, por ejemplo, y lo que quieren para el mundo se parece a lo que yo mismo deseo, pero es una excusa su influencia, porque quieren conseguir resultados democráticos con medios antidemocráticos y ya hemos estado en una situación parecida. Tienen demasiado poder, y habría que controlarlos más y mejor.

Entonces, ¿la RSC es una estafa?

No lo sé… mi punto de vista es que la gente utiliza el pensamiento mágico, cree que la tecnología nos salvará, cree que ya no tenemos que pensar en la política porque Fukuyama ha resuelto ese problema… parece que ha llegado el final de la historia, y sabemos el aspecto que tiene que tener un buen estado.

En España sí nos toca pensar en política, al menos hasta que formemos Gobierno…

Aquí tenéis una versión muy pintoresca de lo que es una crisis política, conozco muchas crisis políticas, pero la vuestra es francamente muy particular…

La FAO (organismo de ONU para la Alimentación y la agricultura), como organismo internacional, ¿es eficaz en su trabajo?

La FAO está trabajando muchísimo mejor ahora, bajo el paraguas brasileño, que con el anterior director general, que fue un desastre. El funcionamiento de la FAO depende mucho de su liderazgo. Supongo que la FAO tiene un papel interesante, desde el punto de vista académico, sus estudios son muy valiosos y hacen todo lo que pueden… no es la institución que se pretendía en su origen, una FAO muy radical dedicada a la política, que hiciera reformas agrarias. En su nacimiento, el tema alimentario estaba ligado a la justicia, pero ha perdido de vista es vínculo. No sé cuánta libertad tiene su director general, la verdad, su programa alimentario está bien, pero se ha convertido en una agencia de ayuda para situaciones de emergencia, porque lo que hacen es llevar comida a Siria, Zimbabue… esa no era la idea original.

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En 2000, cuando los alimentos básicos bajaron drásticamente, los gobiernos internacionales dejaron de preocuparse por la cuestión, como si la desaparición del hambre en el mundo ya estuviera de alguna manera encarrilada… Ni los expertos agrarios ni las agencias de desarrollo fueron capaces de prever la brutal subida de los alimentos básicos (arroz un 74%, soja un 87% y trigo 130%) en 2008, lo mismo que sucedió con la crisis, ¿cómo es posible esto? 

En primer lugar, recuerda que la caída de los precios y la estabilización de los mismo a los niveles más bajos se dio a lo largo treinta años, desde finales de los 70; la última subida de precios fue en la crisis del petróleo del 74, y desde ahí hasta finales del siglo esos precios solo bajaban. Había motivos para pensar que a lo mejor seguiría así… además, la naturaleza de la política es, desgraciadamente, así, le cuesta enfrentarse a los problemas de largo alcance. Hubo voces en la FAO advirtiendo de que los precios podrían subir pero, ¿quién quería oír malas noticias? Eso explica parte de lo que sucedió. Por otro lado, el Consenso de Washington, el programa de ajuste estructural que se hizo con el control del mundo de la ayuda al desarrollo, supuso diez años horribles, como sabes, forzó a los países africanos a devaluar sus divisas, a bajar el gasto social en nombre del crecimiento… crecimiento que nunca llegó. Solo salir de eso costó mucho esfuerzo. No estoy a favor de las conspiraciones, así que pienso que la estupidez humana tiene un papel importante en este tipo de actuaciones nefastas.

Un dato que usted menciona. En Méjico, las tortillas, que son el alimento básico, se han encarecido un 69%, y eso que se trata de un país con una renta media aceptable. ¿El hambre ha dejado de ser origen de revueltas y revoluciones?

Sí, estoy de acuerdo contigo, pero la gente tuvo en Méjico su pequeña revolución en Chiapas, con el subcomandante Marcos… Méjico es el cuarto mundo, por eso todo hacía pensar que el encarecimiento de los alimentos básicos provocaría revueltas. Sin embargo, hubo muchas más protesta en Uzbekistán, un país nada democrático, que en Méjico… El gobierno lo ha hecho muy bien tratando de crear un régimen fiscal específico para la comida basura y los refrescos, pero no creo que vayan a ir contra la gente que ha subido el precio de las tortillas, porque son quienes lideran económicamente el país.

Que un porcentaje elevadísimo de la cosecha de maíz se destine a elaborar etanol, en vez de distribuirse como alimento, ¿no es una broma de mal gusto?

Hay que tener cuidado con el etanol, era algo que muchas ONG aceptaron como muy buena noticia en su momento, aunque ahora sabemos que es terrible. Todas las ONG estuvieron de acuerdo en que destinar enormes partidas de maíz para generar etanol era una salida posible a la pobreza. Se equivocaron. Por otro lado, en Estados Unidos, la aplicación de ciertas ayudas a algo se convierte en fenómeno político, como la PAC, y es difícil cambiarlo. Obama no iría contra las ayudas del etanol, aun siendo un hombre honesto, no se le revolverían los campesinos mejicanos, pero sí los senadores demócratas de sus estados agrícolas.

¿Hay alguien en política a quien admire?

No, realmente, no… hay gente que en un mundo mejor podrían ser buenos… Obama es una persona decente, a pesar de ser ineficaz como presidente. Soy bastante escéptico, hay líderes que hacen cosas buenas, como Lula, que lo  hizo bien en su primer mandato, pero no tanto en el segundo. Quizás tenemos suerte de no tener líderes poderosos, pero todos me parecen mediocres, miremos hacia donde miremos. También los hay horribles, como el caso de Modi.

Hablamos del hambre del mundo en una zona –Europa- donde el número de obesos se extiende. ¿Hasta qué punto el ciudadano, cualquier, de un país desarrollado es responsable de la hambruna?

Estás en una posición en la que puedes controlar tu vida, y tienes mucha responsabilidad. La obesidad no sólo es una enfermedad de países ricos, también de pobres, Méjico, de hecho, tiene el índice más elevado, o por lo menos está entre los países con mayor índice de obesos. Eso tiene que ver con todo, desde la mala dieta hasta la cantidad de comida que se ingiere culturalmente y que no refleja la diferencia en el tipo de trabajo que se realiza: si comes 3.000 kilocalorías y trabajas en el campo, todo va bien, pero si te sientas a trabajar, tu salud está en peligro. Pero sí, la gente es responsable. Hay que pensar de manera distinta respecto a los pobres, porque les reprochamos que coman comida basura, pero para empezar estamos programados para que nos guste esa comida, es horrible, pero es así, estamos programados para que nos guste el azúcar y la sal. Te pongo el caso de una mujer de clase trabajadora, con tres hijos que gritan y lloran a la vez. ¿Puedo culparla porque les ofrezca una bolsa de patatas fritas en vez de una zanahoria para que se callen? También pensamos con reprobación que los pobres que prefieren un teléfono móvil antes que una buena dieta. Pero es que los pobres también se aburren, y prefieren conectarse con el mundo, hablar con un colega que salió de su país y que se busca la vida en Europa. Cuanta más libertad tenemos, más controlas tu vida y más responsable eres de tu vida, pero incluso en esos casos la fuerza de la publicidad, la rapidez en la que vivimos nos dirige y condiciona. Ahora vengo a España, un país que se había resistido a la comida rápida y compruebo que ya es uno más…

«Cuanta más libertad tenemos (…) más responsable eres de tu vida». ¿Gozamos de una amplia parcela de libertad?

Comparados con los pobres, sí, desde luego, pero hay una curva, obviamente. No disponemos de libertad real, pero prefiero no ahondar en cuestiones filosóficas; los neurobiólogos no creen en el libre albedrío, afirman que nuestra gama de posibilidades es limitada, pero no soy un experto.

«El infierno está empedrado de buenas intenciones», reza un refrán español.  Usted que resulta un pesimista razonable, ¿qué perjuicios ha causado la bonhomía, el exceso de optimismo en la lucha contra el hambre?

Conozco el refrán. El optimismo es la postura por defecto del mundo para el desarrollo; en una ocasión leí que si el mundo en vías de desarrollo fuera una persona esa persona sería bipolar, porque va de la manía a la depresión. La gente que trabaja en el mundo del desarrollo se emociona con una idea, luego esa idea fracasa, o no funciona todo lo bien que habían previsto, y se deprimen. Y luego están todas esas palabras que se ponen de moda, primero fue ‘sostenibilidad’, ahora es ‘resiliencia’, incluso ‘resiliencia sostenible’… un historiador suizo apunta que son versiones laicas de ideas religiosas; además, estas ideas sobre la tecnología se basan en la fe.

El uso del lenguaje nunca es inocente…

No, por supuesto que no, es solo que todo se convierte en un cliché, en un lenguaje burocrático… Por no hablar de esa noción de la moralización del optimismo, de que el optimismo es una virtud, se supone que tienes que ser optimista, es inmoral no serlo…

¿Usted se considera un inmoral?

No en ese sentido, puede que en otros sí…

Viendo de qué modo responde Europa a la crisis de refugiados, ¿estaremos preparados para afrontar esa posible «crisis de suministros» que usted y otros expertos vaticinan para dentro de unos años?

En absoluto. Y por supuesto que habrá una crisis. A mí me sorprende que la gente te pueda decir que hay dinero para hacer frente a esa crisis. Si, como tú has mencionado, a día de hoy todavía no han sido capaces de ponerse de acuerdo para darle a Turquía los tres mil millones de euros para que atienda a la población refugiada. Imagínate con esas crisis futuras, mucho más abstractas para los votantes…

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