Cultura

Canciones que curan

‘Música en vena’ ha logrado que la música se cuele por los pasillos de una decena de hospitales madrileños.

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21
Nov
2015
Laura Zamarriego | Fotos: © MeV - Ignacio García Castelló

«Te olvidas de todo; del tratamiento y de los dolores. La música es vida, para ti, para mí, para el que esté malo o para el que no lo esté». Son las palabras de Marta, ingresada en la planta de Oncología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, que da palmas al ritmo de las bulerías de Juan Parilla, uno de los muchos artistas que han dicho ‘sí’ de forma desinteresada a la invitación de Música en Vena (MeV).

¿Quién dijo que el espacio exclusivo de un concierto es un auditorio? MeV los traslada a espacios sin focos ni telón, con una receptividad radicalmente diferente pero no menos entusiasta. «En un hospital aprendes a darte cuenta de tu fragilidad». Juan Alberto García de Cubas, arquitecto y apasionado de la música, nos cuenta por qué decidió promover MeV, un proyecto que hoy cumple tres años y que ha logrado que la música se cuele por los pasillos de una decena de hospitales madrileños.

«El origen es una idea de mi exmujer, Virginia Castelló, amiga íntima de mi hermana. Virginia y yo, que acompañamos a mi hermana en todo el proceso de su enfermedad, aprendimos la dureza de las estancias hospitalarias», explica Juan Alberto. «Tras la muerte de mi hermana, Virgina se quedó apegada a los hospitales e hizo voluntariado con diversas organizaciones, pero se le quedaba corto. Fue entonces cuando se le ocurrió llevar a Juan Parrilla (el compositor para Sara Baras), sin pedir permiso, a Oncología. Allí se reunió con varios enfermos en una sala de espera y dio un concierto».

La idea de Virginia, hoy presidenta de MeV, sembró la semilla. La convicción de que el mundo puede ser un lugar mejor, más amable, gracias a las pequeñas acciones de personas anónimas llevó a la expareja, junto a los dos hijos que comparten, a asociarse para dar luz a este proyecto. «Así, empezamos a moverlo y a darle contenido, tirando de amistades musicales para acercar a intérpretes de reconocido prestigio a los pacientes, a las familias y al personal sanitario».

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Después de los casi 200 conciertos y más de 300 músicos que han participado en el último año, la idea de MeV, según nos cuenta Juan Alberto, es «ser el catéter -utilizando términos médicos- entre un paciente y un suero maravilloso que es la música». También, crear empleo entre los músicos. «Les pedimos instrumentos a salas que, por culpa de la crisis, están sin usar para que los cedan a los hospitales, con lo cual es un proyecto totalmente sostenible».

Desde espectáculos en salas de espera hasta música a demanda en las habitaciones para aquellos enfermos que no pueden salir de la cama, para niños enfermos de cáncer, para mamás y bebés neonatos o música “de transición” para personas que se despiden. «Es una experiencia muy intensa». «El programa estrella son los conciertos en salones de actos, para socializar a los pacientes con el personal sanitario».

La Canción que Cura

El poder de la música como terapia es una certeza científica. Juan Alberto rescata la historia de «una niña catatónica, muy medicada, que se levantó y empezó a bailar a la vez que el percusionista David Cobo empezaba a tocar». «Cuando te sientes bien, la música es un placer. Cuando te sientes mal, puede ser una medicina. Entonces, si la música cura, ¿por qué no crear una canción que cure?».

Bajo esta motivación, MeV ha impulsado La Canción Que Cura, de la mano de músicos y productores de primer nivel. Una de las claves de esta canción es que está sincronizada con los latidos del corazón, que palpita entre 60 y 80 veces por minuto. «Cura doblemente, porque te hace sentir mejor con tan sólo escucharla y porque a través de su descarga se ayudará a que Música en Vena siga llenando de música los hospitales».

«En poco tiempo hemos alcanzado logros tremendos», continúa Juan Alberto, «pero no hemos conseguido que ninguna institución nos apoye. No entiendo por qué no hay alguien, desde la gestión pública, que quiera abanderar este proyecto». La pata que les falta, asegura, es la investigación, pero para ello se necesita presupuesto. «Queremos trabajar con neurólogos para que midan los efectos secundarios de lo que estamos haciendo, que estamos seguros de que son positivos».

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