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El fraude de los 'productos milagro'

No tienen límite: desde aumentar el tamaño del pecho a evitar la calvicie, perder peso o aumentar el deseo sexual hasta, incluso, curar enfermedades como el sida o el cáncer

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25
May
2015
Por Gretel Cabrera Galich, de la Confederación de Consumidores y Usuarios CECU

La publicidad y el mercado de los llamados productos milagro aumentan año tras año. Basta con hacer una breve búsqueda en Internet, hojear revistas de moda o escuchar la radio para darnos cuenta de que existe una oferta casi infinita para tratar todo tipo de dolencias o para cambiar de imagen: desde aumentar el tamaño del pecho a evitar la calvicie, aumentar el deseo sexual o aliviar dolores hasta, incluso, curar enfermedades como el sida o el cáncer. Sin olvidar los productos que «sirven» para la pérdida de peso, que son, sin lugar a dudas, los que gozan de más popularidad y en los que pondremos el foco en este artículo.

Es importante empezar por definir qué es un producto milagro. Para ello, podemos remitirnos a lo que recoge el Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, del cual se extrae que, al margen de los medicamentos, cosméticos, productos sanitarios y fórmulas magistrales, «existen en el mercado una serie de productos, materiales, sustancias, energías o métodos que se anuncian o presentan útiles para el diagnóstico, prevención o tratamiento de enfermedades, modificación del estado físico y psicológico, restauración, corrección o modificación de funciones orgánicas, sin que se ajusten, en ocasiones, a las exigencias de veracidad, claridad e información sobre su contenido, composición, naturaleza o efectos».

Por tanto, podríamos definir un producto milagro básicamente por los efectos o beneficios que su publicidad le atribuye, los mismos que ningún métodos científicos válidos ha demostrado que puedan producirlos.

La omnipresencia de la publicidad

La publicidad de los productos milagro está presente en diversos canales de comunicación (revistas de moda, periódicos gratuitos, Internet, redes sociales, radio, tele-tienda, anuncios dentro de los distintos programas de televisión, etc.), lo que hace casi imposible su seguimiento y denuncia.

En general, la publicidad de los productos para la pérdida de peso apela a los deseos más íntimos de cualquier persona: sentirse aceptada y deseada por los demás y parecer joven. En la mayoría de los casos, aunque no de forma exclusiva, la publicidad se dirige a las mujeres. Los canales de difusión, el discurso y las imágenes hacen referencia a mujeres delgadas y jóvenes dejando intuir que, para alcanzar la felicidad y el éxito, es necesario cumplir estos requisitos.

Así, utilizan envases sugerentes, atractivos, con imágenes de cuerpos esbeltos y jóvenes, empleando términos como «quemagrasas», «liporeductor», «saciante» o «modelador de la figura», y acompañándolos de imágenes del antes y el después (claramente modificadas por programas fotográficos) y de testimonios de otras usuarias.

El aval de supuestos profesionales sanitarios, generalmente masculinos y desconocidos en nuestro entorno o la recomendación de un personaje público sirven para seducir a las y los consumidores. Otra forma de incitar la compra es el uso de ofertas 2 x 1 o de mensajes del estilo «compre hoy y reciba un regalo» u «oferta limitada», todo perfectamente estudiado para crear el deseo de obtener el producto cuanto antes.

Además de esta inducción al engaño, el uso de este tipo de productos tiene un gran inconveniente: creer que es posible perder peso sin modificar nuestros hábitos alimentarios y de actividad física, centrando todo nuestro esfuerzo en el consumo de productos que lo único que adelgazan es nuestro bolsillo.

Por ello, desde CECU denunciamos la comercialización de productos sin validez científica y hacemos algunas recomendaciones básicas para no caer en este tipo de engaños:

1) Los productos, dietas o métodos que ofrezcan pérdidas de peso mayores a 1 kg por semana sin necesidad de cambiar nuestros hábitos de alimentación ni de hacer deporte deben levantar sospechas entre los y las consumidoras. Es importante tener presente que la pérdida de peso y/o su mantenimiento es fruto de esa combinación, que debe estar a su vez pautada y supervisada por un dietista-nutricionista o endocrino.

2) Antes de ceder a la presión de los mensajes del tipo “compre hoy”, “oferta limitada”, “últimos días”, el consumidor no debe perder de vista la naturaleza del producto, para qué sirve, sus contraindicaciones y el precio del mismo.

3) Ser crítico con la información. Generalmente, la publicidad de este tipo de productos incluye explicaciones ambiguas y hace referencia a palabras o lenguaje científico desconocido por el consumidor, lo que dificulta la comprensión real del mensaje.

4) La frase comercial “de venta en farmacias” no garantiza que no existan efectos secundarios ni la eficacia del producto. Además, de acuerdo con el Real Decreto1907/1996, de 2 de agosto, referido en líneas anteriores, está prohibido hacer uso de la referencia “de venta en farmacias” así como “de uso en centros sanitarios”.

5) Que un producto aluda a que es “100% natural” o “100% ecológico” no garantiza la ausencia de efectos secundarios o interacciones con otras plantas o medicamentos.

6) El uso de estos productos nunca debe sustituir la opinión médica. Recurrir a ellos como primera alternativa puede retrasar el diagnóstico o tratamiento de una enfermedad.

7) Cuestionar la eficacia del producto cuando la publicidad incluya testimonios de gente que supuestamente lo ha utilizado y ha obtenido resultados maravillosos en poco tiempo.

8) Informarse es el primer paso para evitar estos fraudes; el segundo es denunciar para que las administraciones públicas puedan actuar en consecuencia.

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