Derechos Humanos

El gigante ante su modernización

La India es el país del mundo en el que el tráfico de mujeres tiene un mayor impacto y el cuarto más peligroso para el sexo femenino.

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16
Mar
2013

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Flavia Zugasti

La India es el país del mundo en el que el tráfico de mujeres tiene un mayor impacto y el cuarto más peligroso para el sexo femenino. Según los datos de la ONU, los feticidios, infanticidios y feminicidios han hecho que hoy falten en la India 50 millones de niñas. Sin embargo, empiezan su surgir grietas en el rígido sistema de castas y discriminación de un país que en el siglo XXI se enfrenta al reto de su modernización.

Es conocido que la India es el segundo país más poblado del mundo –con 1.200 millones de habitantes –, la cuarta mayor economía mundial, el séptimo país más extenso del mundo y la cuna de importantes religiones: hinduismo, budismo, jainismo y sijismo. ¿Qué papel juega la mujer en esta región del mundo?

Hay realidades dentro de este país que resultan especialmente sintomáticas. Por ejemplo, la mujer está desposeída por ley de cualquier control sobre la propiedad de la tierra y la agricultura. Sin embargo, son empleadas como mano de obra y son las responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos. «Trabajan en malas condiciones laborales con bajas remuneraciones, una escasa cobertura en la seguridad social y largas jornadas», explica Anna Ferrer, presidenta de la Fundación Vicente Ferrer, una organización que está presente en Andhra Pradesh, el estado más pobre del Sur de la India, donde viven con 76 millones de habitantes y el 23% de la población pertenece a las castas desfavorecidas. «Desde hace más de 40 años desarrollamos un programa de desarrollo integral en educación, vivienda, sanidad, ecología, mujer y personas con discapacidad».

Los problemas a los que se enfrenta el universo femenino en la India son complejos y presentan distintas aristas que afectan a dimensiones como la salud (la cifra de afectadas por el VIH se eleva al millón), la educación (hay todavía más de 7 millones de niñas que no han ido nunca a la escuela), o la cultura (existe un elevado índice de matrimonios precoces y de embarazos infantiles).

Triple discriminación

Las preciaras y rigurosas condiciones de vida en la India tienen como consecuencia una elevada tasa de personas con discapacidad, que son vistas como una lacra por sus comunidades. El respeto social viene dado por la capacidad de ser productivos para la familia y la comunidad. Muchas mujeres no heredan, no pueden acceder a créditos ni poseen propiedades, por lo que dependen completamente de su padre o marido.

En India, la mujer está desposeída por ley de cualquier control sobre la propiedad de la tierra y la agricultura

«En India hay 28 millones de mujeres con discapacidad. Ellas sufren una triple discriminación. Por ser mujeres, de casta baja y por tener una discapacidad se las margina y recluye en casa y se convierten en un blanco fácil del abuso y la explotación», explica Ferrer.

«La violencia y el maltrato a las mujeres con discapacidad es un fenómeno silencioso porque en la mayoría de los casos las mujeres no son conscientes de que son víctimas o dejan de comunicar el acto de la violencia, con lo cual es muy difícil contar con datos fiables sobre la realidad y sobre los abusos que sufren», denuncia la presidenta de la Fundación Vicente Ferrer.

Educación

En la India rural, existe un 56% de casos de matrimonio precoz y un 29% en el área urbana. Los matrimonios precoces y los embarazos infantiles, que conllevan graves problemas de salud, truncan el desarrollo vital de las niñas que deben abandonar la escuela y asumir roles y obligaciones de personas adultas.

«Por todo ello, el nacimiento de una niña en la India es vivido como una desgracia en muchas familias. Pese a las desigualdades en el acceso a la educación o al trabajo hay niñas que con su esfuerzo protagonizan el relevo generacional hacia un futuro más igualitario», explica Ferrer.

Desde la Fundación Vicente Ferrer ponen el acento en la educación. La lucha contra el abandono escolar de niñas y  el apoyo a jóvenes de los colectivos más excluidos por la sociedad india para que puedan acceder a estudios superiores en instituciones de toda a la India, a través de un programa de becas, se ha convertido uno de sus ejes de actuación.. Queda mucho camino para atisbar la paridad de género en la educación, pero Anna Ferrer tiene claro que ése es el camino a seguir.«Las mujeres que estudian tardan más en formar una familia y tendrán más oportunidades de tener una vida autónoma y estar menos a merced de las decisiones de sus padres o maridos»

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