Cambio Climático

La bicicleta: una revolución pendiente

El autor, José Antonio García Cebrián, miembro de la asociación Conbici, defiende el uso de la bicicleta como medio de transporte sostenible en las ciudades del siglo XXI.

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10
Nov
2011
José Antonio García Cebrián (Asociación Conbici) | Foto: Manuel Martín

En el siglo XXI las ciudades deberán ser modificadas, planificadas, repensadas de nuevo, considerando el espacio público como un lugar de encuentro donde se favorezca y garantice la comunicación, la sociabilidad y la convivencia de su ciudadanía.

Las urbes heredadas del siglo XX nos presentan un espacio público invadido por el coche con sus aparejadas consecuencias de ruido, contaminación y ocupación del espacio físico. No hay un solo rincón donde no esté presente el coche ya sean plazas, edificios, avenidas, etc.

La tiranía del coche en las ciudades tiene repercusiones muy negativas para la calidad de vida de sus habitantes. La desigualdad en el reparto del espacio, donde peatones y ciclistas quedan excluidos del paisaje urbano, así como las edificaciones, donde cada vez es mayor la edificabilidad reservada para  el estacionamiento de coches, generan más y más “no-ciudad”.

La planificación del transporte urbano desde la equidad y la cohesión social, conlleva implementar acciones que disminuyan el uso del coche como medio de transporte urbano y se sustituyan por otros medios menos contaminantes o no contaminantes como es el caso de la bicicleta.

La bicicleta es el medio de transporte más eficiente y rápido en los desplazamientos urbanos inferiores a 7,5 kilómetros, así como el más eficaz energéticamente. Las ciudades que sustituyen los desplazamientos en coche por bicicletas disminuyen la contaminación atmosférica y el ruido, mejorando en definitiva las condiciones de salud pública y de calidad de vida de sus ciudadanos.

Durante el siglo XX el coche ha sido un símbolo de poder y “progreso”, hoy estamos convencidos de que su poder contaminante y agresivo sobre el espacio urbano le ha hecho perder prestigio en nuestra sociedad. Pero esta percepción de la ciudadanía respecto al coche no tiene su reflejo en los representantes políticos y, por ende, en los gobiernos de los diferentes ámbitos: estatal, autonómico y local.

Son numerosas las asociaciones y colectivos que por toda España proliferan y desarrollan sus actividades reclamando una movilidad más sostenible, más limpia y, en definitiva, más equitativa con los más de 15 millones de usuarios que utilizan la bicicleta como transporte urbano con cierta frecuencia.

El uso de la bicicleta como medio de transporte está lleno de ventajas al ser  económico, saludable, ecológico, no contaminante, favorecer la independencia y dar libertad al no tener que sufrir atascos y ser equivalente el tiempo a la distancia recorrida.

¿Cuáles son las razones que impiden que los ciudadanos usen la bicicleta en su vida cotidiana, si el 90% sabe montar en bicicleta y hay más de 20 millones de bicicletas de uso personal?

En primer lugar, considero que son razones de infraestructura; para garantizar el ejercicio efectivo del derecho a usar la bicicleta en un entorno urbano, los poderes públicos deben eliminar los obstáculos que impiden o dificultan su uso.

En las ciudades medias y grandes es necesario una red de vías ciclistas útiles, seguras, cómodas y transitables por gente de todas las edades. Esta infraestructura, además de las características expuestas debe discurrir por el viario principal de la ciudad, necesita al menos una inversión de 75 euros por habitante y una ejecución simultánea en toda la red.

En Sevilla, tras la puesta en uso de la red ciclista, la respuesta ciudadana fue impresionante, una vez terminada la construcción de 80 km de Vías Ciclistas el número de ciclistas aumentó un 1000%, lo que supone más 21,2 millones de viajes año, casi el 7% de los desplazamientos mecanizados. Este caso sirve como ejemplo de la extraordinaria rentabilidad y utilidad social de las inversiones en el fomento de la bicicleta como medio de transporte urbano.

En segundo lugar, el gran enemigo del uso de la bicicleta son los prejuicios que existen entorno a su uso. Estamos acostumbrados a escuchar que las bicicletas son buenas para otras ciudades pero no para la nuestra, o son buenas para otras personas pero no para nosotros. Todo ello en el entorno mediático y publicitario donde el coche es símbolo de  poder y estatus social: «Dime que coche tienes y te diré quien eres». La tarea de superar los prejuicios depende de nosotros mismos,  desde el análisis de la opción de movilidad más económica, rápida, ecológica, saludable, lo que la hace, en definitiva, la más inteligente. La bicicleta es, sin duda, el medio de transporte idóneo para las ciudades del siglo XXI.

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