Opinión

Siria: de la primavera al invierno árabe y viceversa

Laura Ruiz de Elvira, investigadora asociada al Instituto Francés de Oriente Próximo, reflexiona sobre el «sentimiento agridulce» en Siria, donde a pesar de las esperanzas 3.500 personas han sido asesinadas.

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14
Ago
2011
Por Laura Ruiz de Elvira, investigadora asociada al Instituto Francés de Oriente Próximo

Cuando el 15 de Marzo las primeras protestas estallaron en Siria, muchos corazones se llenaron de alegría y de tristeza al mismo tiempo.

Alegría, porque después de varias décadas de despolitización y de “fatiga social”, la sociedad siria, que muchos creían inmune a la “primavera árabe”, se levantaba contra el tirano. Alegría, porque el “muro del miedo” había caído. Alegría, porque la esperanza de un mundo mejor, más digno y más justo, había invadido las calles de las ciudades y de los pueblos sirios. Alegría, porque la primavera había llegado aunque fuera en invierno.

Y, sin embargo, también tristeza. Tristeza porque se tenía la certeza de que el camino sería arduo, largo, sangriento. Tristeza, porque se imaginaba que, contrariamente a Túnez, el régimen sirio no se desintegraría fácilmente. Tristeza, porque se sabía que, contrariamente a Túnez, el ejército sirio no se pondría del lado de los manifestantes. Tristeza, porque se adivinaba que, contrariamente a Túnez, amplios sectores de la población apoyarían al régimen. Tristeza, porque las primeras manifestaciones anunciaban lo que pronto se convertiría en un combate a vida o muerte. Tristeza, porque la primavera siria, que llegaba dos meses después de la caída de Ben Ali en Túnez, tornaría rápidamente en un terrible invierno.

Hoy – tras casi ocho meses de revuelta, tras 3.500 personas asesinadas, tras miles de desaparecidos y de detenidos – ese sentimiento agridulce, al que ya casi nos hemos acostumbrado, sigue estando presente.

Por un lado: el dolor suscitado por las muertes cotidianas; la indignación ante el apoyo de países como Rusia, China, Brasil o India; la inquietud ante la militarización incipiente de la revuelta; la frustración ante el equilibro actual de fuerzas.

Por otro lado: la admiración ante la valentía, la determinación y el coraje que demuestra cada día el pueblo sirio y la esperanza ante la visión de un régimen cada vez más debilitado, tanto en el interior como en el exterior del país.

Hoy sigue siendo primavera en pleno invierno.

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