Opinión

Dictaduras, educación y pensamiento único

Un análisis sobre la educación en Egipo, contado en primera persona por los corresponsales de Ethic en Oriente Medio. Cada semana, los «Cuadernos de Bitácora» de Egipto y Siria.

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13
May
2011
Mohammad Saladino y Sergi Cabeza desde El Cairo (Egipto)

Nuestros corresponsales en Egipto reflexionan, en un contexto de revolución en el país, sobre los graves déficits de la educación y sobre cómo la dictadura de Mubarak instrumentalizó el sistema educativo para perpetuarse en el poder.

Una charla sobre el sistema educativo en Egipto, país con un 30% de analfabetismo y con un 32% de la población por debajo de los 15 años. Muchos dicen aquí que el sitema educativo es el no-sistema.

14 de junio

Mohammad Saladino- El antiguo régimen impuso su carácter dictatorial en las asignaturas. Los libros de historia son superficiales y omiten capítulos importantes que hablan de cosas malas, como las brigadas de secuestros en la época de Nasser.

Sergi Cabeza- Las dictaduras han utilizado la educación a lo largo de la historia en su favor para inculcar su pensamiento único sobre los distintos aspectos de la sociedad. También en el método, ya que educar a mentes autónomas y creativas capaces de dudar de la verdad establecida pone en peligro al régimen. Salvando las distancias, en España ha habido últimamente muchos cambios en el sistema educativo dependiendo del color del gobierno.

M- Hay gente que ha podido crear, aunque es verdad que hay pocas oportunidades. La educación es muy teórica y poco práctica. Digamos que no ha jugado hasta ahora un gran papel en Egipto. Hay mucha gente con títulos universitarios que trabaja de taxista, y mucha gente que los quiere sólo por el prestigio social. Tener un título suma puntos cuando vas a pedir a una chica en matrimonio, por ejemplo.

S- Tengo entendido que aquí la educación se basa en la memoria. Un alumno hábil memorizando tiene el éxito asegurado. En cambio no se potencia la capacidad de análisis, relacionar unas cosas con las otras, preguntarse los porqués. Quizá se deba a la tradición de las madrazas coránicas, que han enseñado el Corán durante siglos a base de repetición.

M- Recuerdo exámenes de secundaria en que la pregunta literal era: ‘Completa el texto con lo que has memorizado’. Pero yo diría que más allá de la tradición, el método depende de los recursos que se destinan. Los profesores tiene unos sueldos muy bajos que tienen que completar con clases privadas, en las aulas hay una evidente sobrepoblación, no hay clases con ordenadores o laboratorios, hay corrupción…

S- En Barcelona o en Madrid hay mucha gente que lee en el metro, por ejemplo. Aquí es imposible ver a alguien leer algo que no sea el Corán o el periódico…

M- La gente está preocupada por otras cosas, por ganarse el pan. Nos hacen pensar en otras cosas y no nos incitan a aprender a través de los libros.

La plaza Tahrir de El Cairo celebró recientemente su "Segundo viernes de la ira" con una manifestación que exigía varias demandas al Gobierno de Esam Sharaf y al Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA).

30 de mayo

La plaza Tahrir de El Cairo celebró recientemente su «Segundo viernes de la ira» con una manifestación que exigía varias demandas al Gobierno de Esam Sharaf y al Consejo  Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA). Los días anteriores a la protesta estuvieron marcados por las discrepancias entre las distintas fuerzas políticas en cuanto a la naturaleza de algunas reclamaciones, lo que provocó la ausencia de los Hermanos Musulmanes.

Por la mañana

Al entrar en la plaza, que estaba preparada para acoger a sus hijos revolucionarios, sentí el aire de libertad y esperanza todavía soplando en el ambiente. A primera hora todo parecía tranquilo, aunque se notaba una cierta preocupación. Era la primera vez que los revolucionarios nos dividíamos. Ya no nos unen las mismas demandas, aunque al mismo tiempo nuestras miradas cruzadas reflejan que compartimos algo importante: el amor por Egipto, un país donde el derecho a manifestarse fue un sueño durante el ‘mubaraquismo’. Ahora Tahrir, llena de entusiasmo, nos ha otorgado una nueva vida que disfrutamos.

Algunas caras reflejaban cansancio. Eran los voluntarios que desde la noche anterior se encargaron de proteger los accesos a la plaza, o mejor dicho, los accesos a nuestros derechos legítimos. Otros parecían ansiosos por leer el futuro. Todavía era temprano para saber si la manifestación iba a tener éxito. Es normal porque nunca se sabe cuanta gente se puede llegar a congregar antes de la oración de los viernes. Pese a que había signos claros de que la participación no iba a ser tan masiva como durante los días de la revolución, el viernes Tahrir recuperó gran parte de su espíritu inspirador.

Por la tarde

Paseo por Tahrir al atardecer, justo antes de que caiga el Sol. Corrillos de ciudadanos se reúnen en pequeños grupos para discutir sobre las necesidades del país mientras grupos de mujeres y niños hacen picnic en la glorieta central. Pese a que hay mucha gente, no es la gran multitud que me esperaba para el día de la «Segunda Revolución» y caminar por la plaza no resulta tan complicado como en concentraciones anteriores. Creo que la gente ha ido perdiendo fuerza poco a poco, no porque hayan dejado de creer ni querer su revolución, sino porque el tiempo acaba asentando las cosas y calmando a las gentes.

Esto me hace pensar en los momentos históricos que viven estos días las plazas de muchos pueblos españoles. La gente se lanzó a la calle con entusiasmo, acampó sin dudarlo para reclamar sus derechos, que sienten amenazados. El grito es el mismo en Tahrir que en la Puerta del Sol o en la Plaza de Cataluña, procede de un mismo sentimiento, aunque ha sido motivado por dos realidades totalmente distintas. El final de los 18 días de Tahrir fue la caída de un régimen, ¿cuál será el final de los días en las plazas? Ahí está la diferencia.

Sergi Cabeza es periodista afincado en El Cairo. Mohammad Saladino es licenciado en Filología Hispánica y trabaja para EFE en El Cairo.

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