Los incendios (ya) no son para el verano

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Mónica Parrilla (Greenpeace): «La actual campaña de planificación no responde a las condiciones meteorológicas reales»

Lourdes Hernández (WWF): «Más del 80% del presupuesto se destina a la extinción, cuando es más importante la prevención»

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El fuego ha convertido durante varios días el tradicional paisaje del noroeste peninsular en un mar de llamas que ha devastado miles de hectáreas, llevándose con ellas decenas de víctimas mortales en Portugal y Galicia. Los trágicos acontecimientos ponen de relieve la necesidad de adaptar la campaña de planificación de incendios forestales al cambio climático. Ni los más incrédulos pueden negar las evidencias de unas temperaturas inusualmente altas (con termómetros cercanos a los 30 grados), unas precipitaciones llamativamente escasas y unos vientos huracanados insólitos en el norte peninsular, consecuencia del huracán Ophelia. Tampoco se puede ignorar la fecha en la que han tenido lugar.

Si bien es cierto que la entrada del otoño suele venir acompañada de fuegos intencionados, sobre todo para recuperar zonas de pasto, no es tan habitual la virulencia, magnitud y rápida propagación de los incendios de la última semana. Recordemos que, solo en Galicia, en la madrugada del domingo al lunes, se registraron cerca de 150 focos distintos, de los cuales 15 afectaron a núcleos urbanos, incluida la ciudad de Vigo. El hecho de que «del total de los incendios con causa conocida, el 96% son provocados por el ser humano», como señala Mónica Parrilla, ingeniera forestal y portavoz de Greenpeace, no exime de responsabilidad a aquellas autoridades que han obviado el cambio climático como un factor determinante a tener en cuenta. «Se están poniendo en peligro vidas en un contexto que va a ir a más», sentencia.

Desafortunadamente, Galicia no es una novata en lo que a incendios se refiere. El proyecto España en llamas señala que, de los 100 municipios españoles donde más incendios se han registrado desde el año 2000, 72 han ocurrido en Galicia. Asturias se sitúa en el segundo puesto, con 21. La ONU, en su informe Cambio climático, impactos y vulnerabilidad en Europa 2012, ya señaló al noroeste peninsular como «una de las zonas del planeta más afectadas». Es un error no haber tenido en cuenta las señales tangibles y los avisos de organismos medioambientales.

Un cóctel catastrófico

«La responsabilidad del cambio climático en la propagación de los incendios es evidente, pero hay que contextualizar», apunta Lourdes Hernández, responsable de Bosques, incendios y desarrollo rural de WWF. La experta apunta a la situación del monte, principalmente el gallego, como uno de los factores determinantes para entender la propagación. El abandono rural de los últimos años ha provocado que esas áreas carezcan de una gestión forestal preventiva.

Mónica Parrilla va un poco más allá y pone el foco de atención, ya no solo en la emigración hacia las ciudades, sino en el aumento de interfaz urbano, es decir, «de construcciones de urbanizaciones aisladas de los núcleos urbanos y delimitadas por montes que dificultan mucho las tareas de extinción en caso de incendio». Estas construcciones, junto con las plantaciones de especies no autóctonas, como el eucalipto, están sustituyendo al paisaje natural con las consecuencias que ello provoca.

En efecto, Galicia ha duplicado su plantación de eucaliptos desde 1986, sustituyendo centenares de hectáreas de flora autóctona. A la inflamabilidad de este tipo de árbol se suma el hecho de que las plantaciones uniformes y monoespecie son siempre un riesgo. «Esto es así porque las masas de vegetación natural son irregulares, tienen muchas especies distintas con edades, alturas y características diferentes, un hecho que, lógicamente, hace que el fuego se propague más lentamente», explica Parrilla. Desde WWF, ante las peticiones de no plantar más eucaliptos en Galicia que han cobrado importancia estos días a raíz de los incendios, apuntan que «no se puede demonizar a la especie, sino al modelo de gestión de la misma».

Aún no es tarde

Sin perder de vista la tragedia de los últimos incendios, es el momento de plantear medidas realistas y efectivas. Desafortunadamente, la Península Ibérica es un territorio con incendios forestales constantes y durante siglos el fuego ha modulado nuestro paisaje. Hay que trabajar desde ya mismo para que el escenario de caos y devastación de este fin de semana solo vuelva a verse en las fotografías.

Greenpeace señala que «lo primero y lo más urgente es empezar a considerar desde ya a los incendios forestales como problemas medioambientales y sociales de primera magnitud». Solo siendo conscientes de su importancia y de lo mucho que afectan a nuestro ecosistema y a nuestras vidas, se podrán redactar leyes acordes a su gravedad. Diferentes organismos medioambientales coinciden en el punto de partida de las reformas necesarias: prevención, prevención y más prevención.

«Más del 80% de la partida presupuestaria se destina a la extinción, cuando es más importante que los incendios no se produzcan», dice Hernández. «Por otro lado, es prioritario realizar campañas de sensibilización de las personas propietarias de fincas rurales, urbanizaciones, viviendas, casas diseminadas. Hay que enseñarles planes de autoprotección de la vivienda para reducir la incertidumbre de actuación cuando se producen incendios», añade Parrilla, que concluye con una advertencia: «La actual campaña de planificación está en desuso y no responde a las condiciones meteorológicas reales».


COMENTARIOS

  1. Es un daño imenso a toda la Humanidad. Una tristeza que no se puede explicar


  2. El dia antes de los incendios apqrecio muerto Juan de Villanueva, teia que declarar esa semana sobre la trama eolica y el caso”Perla negra” .fue vicepresidente de Castilla-León y cofundador con Aznar de Faes. Otro mas a la lista de testigos muertos o suicidados. Los dias siguientes solo hablamos de los incendios como era de esperar…


  3. Mientras no tengamos políticos que velen por los intereses de la mayoría y no de la minoria, todo seguirá igual. No les importamos lo más mínimo, ellos seguirán cobrando sus sueldos, y cuando eso se acabe cobrarán sus pensiones que no se parecen en nada a las de la seguridad social. Fuera los politicos profesionales. Queremos políticos con ética y honrados.


  4. Quien vendera a madera quemada o no la dejaran vender