Ni un paso atrás

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Virginia, mujer maltratada: «Lo único que quiero es una vida normal, sentirme persona, que mi pasado no marque lo que
soy hoy»

Belén López (Intress): «El trabajo es vital
para favorecer la integración social de las mujeres que han sufrido violencia
de género»

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La baja o nula autoestima, las cargas familiares, la vergüenza, la dependencia económica o el miedo a no ser creídas son los grilletes más efectivos para impedir que las mujeres maltratadas se alejen de sus verdugos. Todas ellas buscan reconstruir su historia, recomenzar su vida. Y, para ello, el trabajo se convierte en un salvoconducto necesario.

«Aunque ahora soy una mujer fuerte, una mujer segura de mí, mi historia ha sido una historia de sufrimiento, de mentiras y de muchísimas lágrimas. Me enamoré muy joven del que se convirtió en mi marido, en el padre de mis hijos… y en mi peor pesadilla. Al principio, todo era perfecto, él se desvivía por hacerme feliz, era muy atento, cuidaba de mí, yo era su princesa… pero pronto todo aquello cambió. Empezó a prohibirme hacer aquellas cosas normales que hace cualquier mujer (salir de compras, maquillarse…) y, lo peor de todo, me aisló de mi familia. Me tenía dominada, pero yo no sabía verlo. Cuando me quedé embarazada, todo empeoró, y fueron los peores años de mi vida, años de palizas, de desprecios, de insultos, de miedo constante cada vez que oía abrirse la puerta… de sufrir por mis hijos, que lo veían todo. También años de dependencia absoluta, porque le perdonaba una y otra vez, aunque él se empeñaba en quitarme cuanto tenía, mi dinero, mi integridad, mi autoestima… Para él, yo no valía nada, ni como mujer ni como persona. Y llegué a creérmelo».

A Virginia, como a muchas otras, los malos tratos le anularon su dignidad. Según datos de la Delegación de Gobierno, una de cada cuatro mujeres mayores de 16 años ha sufrido violencia de género en nuestro país. El ratio es aterrador. Virginia es una de ellas. Pero un día reunió el coraje suficiente para quebrar esa cotidiana intimidación a la que estaba sometida. «En la última paliza, me desvió el tabique nasal, tuve la cara morada durante quince días. Me amenazó: “Si no eres mía, no serás de nadie. Virginia, tu fin es el cementerio”. Entonces, temí por mi vida como nunca antes y, sobre todo, por la de mis hijos. Denuncié y me fui a casa de mi hermano, con un hijo en cada mano. Estaba asustada y tenía mucho miedo, porque no tenía nada, no tenía casa, ni dinero ni trabajo… Casi ni ganas de seguir adelante. El mayor temor era perder la custodia de mis hijos, así que me aferré al camino de la lucha, dejando de lamentarme y de preguntarme por qué a mí».

La baja o nula autoestima, las cargas familiares, la vergüenza, la dependencia económica o el miedo a no ser creídas son los grilletes más efectivos para impedir que la mujer maltratada se aleje del verdugo. Por fortuna, hay cientos de instituciones, públicas y privadas, que acogen a estas mujeres y reparan ese daño emocional y físico soportado, que ayudan a recomponer la confianza en sí mismas, y otras muchas entidades que toman el relevo en esa asistencia y las acompañan en la búsqueda de empleo.

«El trabajo es vital para favorecer la integración social de las mujeres que han sufrido violencia de género, siendo una herramienta que les permite dotarse de autoestima, autonomía e independencia. Estas mujeres, además, han vivido en soledad y aislamiento, por lo que el trabajo logra un segundo beneficio: la ampliación de su red social, que redunda en su integración», explica Belén López Peso, directora de Conocimiento del Área de Igualdad y Género de Intress, Instituto de Trabajo Social y Servicios Sociales, una entidad sin ánimo de lucro para personas en riesgo de exclusión social.

La Fundación Integra es una de las dos organizaciones que trabajan con el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, para dar servicio a la Red de Empresas por una Sociedad Libre de Violencia de Género, de la que forman parte alrededor de un centenar de compañías. Desde sus inicios, en 2001, ha ayudado a cerca de 3.000 mujeres, facilitándoles un puesto de trabajo. Virginia fue una de ellas, primero en Eulen, después en Carrefour. «Trabajamos con muchas entidades que se ocupan de la parte previa a la búsqueda de empleo, que prestan a estas mujeres ayuda psicológica, jurídica, etc., y, cuando su ánimo está preparado, nosotros entramos en acción. Lo primero es conocer la situación de cada mujer, porque cada caso es distinto y tiene sus particularidades (si tiene hijos a su cargo, si vive de alquiler, si tiene otro tipos de recursos, etc.), detallamos su formación, aquellos cometidos para los que se encuentra apta, y después buscamos un puesto de trabajo adecuado para ellas. A partir de aquí, siguen un proceso de selección normal. Si las cogen, es por sus actitudes, por sus capacidades, no por su condición de víctimas, sino porque se lo merecen», nos explica Lola Santos, responsable del Área de Violencia contra la Mujer de la Fundación Integra.

Si consiguen el puesto, se realiza un seguimiento exhaustivo, solicitando incluso a la empresa una valoración del desempeño de sus funciones. «En un 95% de los casos, es siempre positivo o muy positivo y, si no lo es, se debe a causas que no tienen que ver con el colectivo de mujeres maltratadas, sino con cuestiones achacables a cualquier persona (absentismo, bajo rendimiento, falta de puntualidad, etc.)», continúa Santos.

«Conseguir un trabajo fue para mí como nacer de nuevo. Yo pensaba que no servía para nada, que mi destino estaba siempre unido a mi agresor. Tenía el miedo metido en el cuerpo, creía que no era capaz de sacar adelante a mi hija… No podía ni imaginarme trabajando en cualquier cosa, era como si hubiera asumido que era inútil para todo, a pesar de haber terminado mi carrera de Derecho. Jamás pensé que tener un trabajo, más allá de permitirme la independencia económica, me curaría de mi baja autoestima y me daría tanta confianza en mí misma», nos comparte Alicia, una joven de 37 años que lleva cuatro como dependienta de unos grandes almacenes.

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El maltratador se encarga de dinamitar la confianza de su víctima. «El dominio y el control del hombre comienza por inculcar un sentimiento de inferioridad productiva, intelectual y de nulidad social en la mujer. Las posibilidades de acceder al mundo laboral son controladas o negadas por parte de sus agresores, que quieren mantener el control de la economía. Esta forma de control económico impide que las mujeres puedan ver una alternativa de vida diferente», apostilla Santos.

La observación de Alicia es trascendental. Es imposible realizarse sin la independencia económica que procura un empleo, pero el empleo, para las mujeres maltratadas, supone mucho más que una contraprestación económica: sin ánimo de frivolizar, es algo similar al bálsamo de Fierabrás, aquella poción quijotesca que sanaba el alma y el cuerpo de aquel que se la untaba. «La inclusión laboral es uno de los pasos fundamentales para evitar la exclusión y la marginación social, así como un instrumento para ejercer los derechos y obligaciones de la ciudadanía, con significación social y personal», apuntan los responsables de ApoyARTE, Espacio entre Mujeres, el área de la Fundación Atenea que, en la actualidad, ayuda a alrededor de 100 mujeres víctimas de violencia a buscar empleo.

Un trabajo, sí, pero decente. «Ayudamos a estas mujeres a que opten a un trabajo que verdaderamente apoye los procesos de integración, que no contribuya a aumentar la precariedad que consiente el mercado actual mediante contratos de corta duración, un horario excesivo y salarios bajos. Los empleos que necesitan las mujeres que han sido víctimas de violencia exigen una remuneración mínima que les permita cubrir las necesidades vitales básicas (casa, comida, ropa, colegio, transporte), unos horarios que faciliten la conciliación y unas condiciones estables y duraderas», concluye el equipo de la Fundación Atenea.

«Cuando consigues salir de la situación de maltrato, pasas por muchas fases, algunas muy duras. Pero que te den la oportunidad de trabajar es fundamental. Alguien que no te conoce de nada confía en ti. El trabajo te da seguridad personal, te hace tener confianza en tus capacidades, te ayuda a recuperar la autoestima, la seguridad, a comprobar, poco a poco, que todo lo importante depende solo de ti. Y que eres capaz de afrontarlo. Después de un tiempo trabajando, mi vida empezó a funcionar con normalidad. Eso es lo único que quiero, una vida normal, sentirme persona, que mi pasado no marque lo que soy hoy», apunta Virginia.

Un trabajo. Así, en abstracto, porque no existe un prototipo de mujer maltratada y, por tanto, no hay un empleo concreto que encaje con el colectivo. Aunque algunas entidades trabajen con mujeres que responden a un canon más o menos cerrado, como el caso de la Fundación Atenea, que atiende a una mujer inmigrante o nacional en edad laboral, con menores a su cargo, la gran mayoría de familias monoparentales o reconstituidas, con bajo nivel formativo, con escasa o nula red de apoyo familiar y social, en situaciones de salud y vivienda precaria y con presencia de la violencia a lo largo de su vida, por lo general no hay un patrón único.

Así como cada caso de maltrato es un microcosmos con su propia idiosincrasia, en líneas generales no puede hablarse, pese a lo que los prejuicios aseguran, de prototipo de mujer maltratada. «No existe un perfil de mujer maltratada; hay que tener esto claro», afirma rotunda Carmen Benito, presidenta de la Asociación de Mujeres Unidas contra el Maltrato. Las hay analfabetas y licenciadas, con el graduado escolar y doctoradas, patrias y extranjeras, de clase social baja y con enorme poder adquisitivo, muy jóvenes y adultas… y, entre ambos polos, de cada una de las categorías. La gama de matices es inmensa.

Todas ellas buscan reconstruir su historia, recomenzar su vida. Y, para ello, el trabajo es un salvoconducto necesario. «Tienen todas las fortalezas a su favor para desempeñar un empleo adecuado a sus aptitudes. Lo han pasado realmente mal, pero ha podido en ellas su capacidad de remontar, su resiliencia, su fortaleza, y son muy conscientes de que un empleo es su gran oportunidad; por eso no defraudarán», argumenta Santos. «La familia es un refugio. Las asociaciones que nos prestan ayuda, también. Pero, para que cada una de nosotras sea capaz de salir adelante, tener trabajo es imprescindible. Nuestra rehabilitación total, si se puede hablar de eso, pasa por tener empleo», asegura Alicia.


COMENTARIOS

  1. 35.000 millones de euros en diez años destinados a todas las hijas de puta que rentabilizan los malos tratos de virginia. Para ella no llegó un puto euro.


    • Rentabilizar lo malos tratos? Quién lo hace? Te refieres a las denuncias falsas?


    • me refiero a 100.000 personas que se lucran con la ideologia de genero. hay que desarrollarlo a estas alturas?


    • Desarrollar la ideología de género hace que los profesionales podamos entender mejor la violencia y poder trabajarlas, ya sea directamente con las/los afectados o con la prevención.


    • Hay todavía mucho trabajo en este campo, tanto a nivel judicial, educativo y de la población.


    • claro que si. enorme trabajo para las aprovechadas de genero tratando de vender la moto SCUM. y del resto de la sociedad para desmantelar las estructuras de genero. y las cunt volveran a una nueva cueva donde no podran exigir supremacias matriarcales como el feminazisno gobernante actual.


    • desarrollar la ideologia de genero es alienar a la poblacion para retroceder en derechos constitucionales. el resto son motos cunt.


    • por cierto. no conozco una sola medida preventiva para el hombre maltratado.


  2. Ahora resulta que las únicas maltratadas son ellas. ¡¡¡QUE VERGÜENZA, HIPOCRESÍA Y FALSEDAD!!!!


    • ¿En serio?
      Se ha parado a pensar antes de escribir este comentario, en la realidad que hay a su alrededor, en el por qué se habla más de violencia machista que sufren las mujeres?
      O es que su ego como persona le impide pensar?
      Comentarios como el suyo hace pensar en todo el trabajo que hay pendiente. Pero lo que más me preocupa, es vaya dando algún tipo de lección de vida a los jóvenes.
      Señor, no es vergüenza, ni hipocresía ni falsedad. Es hablar de una realidad que existe. La hipocresía y vergüenza es la suya de hacer el comentario de siempre ante noticias como estas.
      De verdad, ni se imagina el daño que hace a la sociedad con comentarios como el suyo.


    • si tan maltratados estais, por las mujeres, y por el SISTEMA PATRIARCAL, te aconsejo que te organice, si sólo te molesta que las mujeres denuncien los privilegios de ese Sistma y el maltrato que reciben d él y de los hombres…. estarás más guapo pensando si no formas parte del problema.


    • podrian decirme un solo privilegio que tenga el hombre actualmente?


    • veronica. se ha planteado a quien beneficia que se hable SOLO de un tipo de violencia?


    • Sí, me lo he planteado. Es más, trabajo con víctimas de ese tipos de violencia. Y concretamente aquí se habla de violencia machista, ese es el término empleado (hombres que someten a sus mujeres).
      Lamentablemente, hay una realidad: el número de casos que una mujer es maltratada o muere a manos de sus parejas. En ese tipo de violencias se trabaja con la mujer afectada, con los hijos que han sufrido directamente e indirectamente maltratos y también se trabaja con el maltratador (siempre que la persona acepte la intervención)
      También se trabaja los otros tipos de violencias pero, por número de denuncias, afectadas y muertes, sigue siendo la violencia machista. Insisto, sigue habiendo más números de casos de muertes de mujeres a manos de sus parejas.


    • ¿Por qué hay hombres, personas, que no se sienten que forman parte de esta lucha? E intentan tirar por tierra lo poco conseguido con comentarios tipo “dime un privilegio que tenga un hombre” o “hay más tipos de violencias”. Chicos, es una lucha de todos.
      Lo veáis o no estamos todavía en un sistema patriarcal que está tan arraigado que no nos damos cuenta.


    • En mi ignorancia pregunto: ¿También hay hombres maltratados física y psíquicamente?¿Porque sean en menor número no hay que ol vidar este problema?


    • La justicia es igual para todos


    • veronica. en serio exiges que apoye una causa que me niega los mas elementales derechos humanos por haber nacido hombre?


    • en serio te crees la pamema del heteropatriarcado sin una sola ley que favorezca al hombre?


  3. Y de los jóvenes hombres que han sido maltratados física y psíquicamente ¿No habíamos?¿Ó porque son hombres ya no tienen derecho?


    • Tienen todo el derecho igual que las mujeres lo único que no tienen es un presupuesto asignado. Cualquier hombre maltratado puede denunciar en las mismas condiciones que una mujer.
      Ah, y se me olvidaba, piense un poco antes de decir estas cosas por Facebok, porque si algún hombre joven de los que usted menciona lee sus comentarios a lo mejor no denuncia porque piensa que no tiene derecho a ello. Si los jóvenes que usted dice no tienen cobertura es por personas como usted.


  4. Es llenarnos de valor…para emprender nuevos caminos…y seguir luchando


  5. Entre tod@s tenemos que acabar con el maltrato.


  6. De los mejores artículos que he leído sobre la realidad de la violencia de género. Muy realista, bien contado y que explica muy, muy, muy bien lo que es un proceso de maltrato. Felicidades.